¿Estás cuidando tu cerebro o acabando con él?

Como sabes muy bien, en el blog de Frank Spartan hacemos mucho hincapié en cómo tomar decisiones para obtener mayor satisfacción vital. No necesariamente mayor en intensidad, pero definitivamente mayor en calidad. Porque al final, la calidad es lo que cuenta.

Sin embargo, para poder hacer eso necesitamos empezar por algo muy básico: Poder pensar bien. O, dicho de otro modo, un cerebro que funcione bien.

En el post de hoy vamos a ir a la base. Vamos a profundizar en una serie de ideas con un objetivo principal: Cómo sacarle el mayor partido posible a tu cerebro, y por añadidura, a tu forma de absorber y retener información, de procesarla, de interpretarla y de decidir qué es lo que más te conviene.

El peligro de este post es que este tema tiene un alto componente científico. Corremos el riesgo de hacerlo demasiado árido y que nuestro prototipo de lector cachondo (en el buen sentido) e informal prefiera meter la cabeza en el microondas a seguir leyendo sobre cómo funciona el sistema límbico y el neocórtex.

Así que, y aun a riesgo de que los profesionales de la medicina que se encuentren entre mis lectores pongan el grito en el cielo, vamos a cubrir este complejo tema de forma más amena. Y me temo que eso implica que esa forma será también… digamos no especialmente rigurosa desde el punto de vista científico. Pero no por ello será incorrecta en líneas generales, porque Frank Spartan no es un charlatán. He leído bastante sobre el funcionamiento del cerebro, interactuado con expertos y observado mi propia experiencia al incorporar ciertas prácticas a mi vida.

Así que no te preocupes, porque algo sé. Por mucho que vaya a aligerar un poco el enfoque para que no te duermas, no voy a ir tan lejos como para decir majaderías.

Ready? Let’s go.

¿A qué solemos acostumbrar al cerebro?

Si examinas los patrones de comportamiento habituales, no te será difícil llegar a una conclusión. La mayoría de nosotros, tras un periodo de aventura académica, relacional y de actividades de ocio durante nuestra juventud, en el que hacemos todo tipo de tonterías y aprendemos a base de recibir bofetadas, tendemos a anclarnos progresivamente en una dinámica vital con alto componente de rutina.

Esto tiene un ángulo positivo, porque esa rutina nos permite funcionar con el piloto automático y no vernos obligados a tomar un montón de decisiones de forma consciente cada día. De esa forma, liberamos actividad cerebral, ahorramos tiempo y reducimos el riesgo de fatiga mental.

Sin embargo, también tiene un ángulo negativo. El exceso de rutina atrofia el cerebro, porque lo priva de estimulantes que lo mantienen en forma. Algo así como que tu culo se parezca cada vez más a un portaviones de goma porque no te levantas del sofá.

Muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a no presentar resistencia suficiente a los malos hábitos y las presiones externas y hemos caído en ese exceso de rutina. Nos levantamos siguiendo un patrón, desayunamos siguiendo un patrón, vamos a trabajar siguiendo un patrón, desempeñamos nuestra ocupación profesional siguiendo un patrón, nos relajamos por la noche siguiendo un patrón. Y también nos relacionamos casi siempre con la misma gente de la misma forma, hacemos el mismo tipo de ejercicio, vamos a los mismos bares a tomar las mismas consumiciones, salimos los mismos días de la semana y hablamos de los mismos temas.

Frank Spartan entiende esta dinámica perfectamente. Te has acostumbrado a ella, genera comodidad y te proporciona seguridad, porque es predecible. Sabes lo que vas a obtener con ella y eso te resulta suficiente. Puede que incluso adores ese tipo de rutina, como algunas personas que conozco.

Pero ese tipo de rutina, a pesar del placer o la sensación de seguridad que pueda generar en el momento, nos lleva por un camino peligroso: Si rutinizamos nuestra vida en exceso, lo que conseguimos es que lo que no utilizamos desaparezca progresivamente de nuestro cerebro. Las conexiones neuronales que no se ejercitan se van destruyendo y el cerebro va muriendo – literalmente – desde el punto de vista funcional. Y eso nos crea un problema, porque el cerebro tiende a tomar atajos en base a pautas aprendidas de comportamiento y a presentar gran resistencia a los cambios que entran en conflicto con esas pautas.

En otras palabras, cuando nos metemos en una rutina poco estimulante durante mucho tiempo, nuestro cerebro se estanca y cualquier cambio le parece un paso de gigante que no merece la pena intentar.

Y esta situación no nos ayuda a tomar buenas decisiones. Simplemente nos estimula a tomar decisiones cómodas y con las que estamos familiarizados. Decisiones que a nuestro atrofiado cerebro le parecen razonables, pero que no necesariamente son decisiones buenas, por dos razones:

  • Una rutina poco estimulante no te ayuda a maximizar tu calidad de vida: Puede resultar cómoda ahora, pero no te ayuda a largo plazo porque ese tipo de dinámica hace que tu cerebro se esté atrofiando mucho más de lo necesario. Y a pesar de que los seres humanos vivamos más tiempo que antes gracias a los progresos en medicina y tecnología, lo que realmente importa es vivir esos años con calidad de vida. Con un cerebro que funcione bien y que nos ayude a disfrutar de esa vida lo máximo posible.
  • Una rutina poco estimulante es contraproducente para tu felicidad: No te ayuda a convertirte en tu mejor versión y a desarrollar tu potencial, ni te lleva a una felicidad de calidad superior a través del crecimiento personal y el significado vital, sino a una felicidad de calidad frágil y efímera que se basa en la dependencia de una falsa sensación de seguridad.

La buena noticia es que el funcionamiento del cerebro puede mejorar con la práctica de ciertas actividades. El cerebro no es un músculo en sentido estricto, pero está dotado de neuroplasticidad. Lo que implica que, a pesar de su resistencia biológica al cambio, posee capacidad para generar nuevas conexiones neuronales a través de nuevas experiencias, circunstancias o estímulos.  Y eso es algo que podemos explotar para nuestro propio beneficio si elegimos crecer y mejorar, en lugar de elegir tumbarnos a la bartola y estancarnos  después de llegar a cierto nivel de comodidad.

Por todas estas razones, es fundamental ejercitar de forma proactiva las capacidades neurocognitivas: Atención, memoria, concentración, inteligencia creativa, conciencia emocional, etcétera, etcétera. Y digo proactiva porque el mundo en el que vivimos no va a incentivarnos de forma natural en esa dirección. Nos va a empujar hacia los caminos establecidos, a refugiarnos en el rebaño, a llenar nuestras vidas con entretenimientos pasivos, a consumir noticias y a un sinfín de hábitos rutinarios que nos narcotizan y nos mantienen ocupados e inofensivos.

La dinámica natural del mundo en el que vivimos no va a ayudarte a salir del pozo de las rutinas poco estimulantes, porque a las fuerzas que dirigen ese mundo no les interesa que salgas de ahí.

Sólo tú puedes salir.

¿Cómo? Muy sencillo: Eligiendo salir.

Razones para hacerlo tienes de sobra: Hacerlo te permitirá que tu cerebro funcione mejor y contribuya de forma positiva a hacerte más feliz durante más tiempo, en lugar de hacer lo contrario.

Libertad para hacerlo tienes también: No hay nada que te impida alterar un poco tu rutina y empezar a hacer otras cosas que sean más útiles para el funcionamiento de tu cerebro.

No tienes excusa.

Si no lo haces, es tu decisión. Y la estás tomando, seas consciente de ello o no.

Veamos ahora qué tipo de cosas puedes hacer para insuflar a tu cerebrito un poco de rock n’ roll.

¿Cómo podemos mantener y desarrollar la funcionalidad del cerebro?

Para ser prácticos, vamos a enfocar esta cuestión concentrándonos en dos aspectos:

  1. Las funcionalidades del cerebro que Frank Spartan considera más importantes para vivir una vida lo más satisfactoria posible
  2. Las prácticas que más favorecen el desarrollo de esas funcionalidades, en base a la investigación que he hecho sobre el tema a través del trabajo de autores especializados y a mi propia experiencia personal
La memoria

Muchos de nosotros apreciamos la memoria como una habilidad fija. O tienes buena memoria o tienes mala memoria, ¿no es así?

Pero ésa no es la forma en la que funcionan las cosas en realidad. A pesar de que hay cierto componente de talento innato en esta habilidad, la mayoría de su naturaleza viene determinada por la cantidad y calidad del entrenamiento memorístico. En otras palabras, y como argumenta el experto en memoria Jim Kwik, no hay una buena o mala memoria, sino una memoria entrenada o una memoria desentrenada.

Además de las funcionalidades básicas de la memoria para la supervivencia, donde no solemos tener demasiados problemas dada la importancia del asunto (tendemos a recordar fácilmente cómo respirar, por ejemplo), hay otra serie de funcionalidades de la memoria que no solemos dominar tanto pero que son muy relevantes para nuestra calidad de vida y nuestra satisfacción vital. Algunas de ellas podrían ser las siguientes:

  • Recordar las cosas interesantes que leemos facilita que podamos aplicarlas a nuestra vida diaria y tomar mejores decisiones.
  • Recordar los nombres de las personas que conocemos y las cosas que les hemos dicho antes facilita que construyamos relaciones más satisfactorias con ellas.
  • Recordar pautas de comportamiento pasadas y sus consecuencias facilita que podamos adaptar nuestro comportamiento futuro de la forma que más nos beneficie.

Según Jim Kwik, hay tres aspectos que debemos tener altamente presentes para mejorar nuestra memoria a través de la activación de lo que él llama “quick brain” o “cerebro rápido”:

  1. Motivación: Tener presente por qué queremos recordar. Contar con un motivo que signifique algo para nosotros es clave, porque activa el cerebro y lo estimula para retener la información.
  2. Observación: Prestar atención, escuchar sin distracciones, permanecer en silencio mientras se recibe la información.
  3. Técnicas de memoria:  Hay muchos hábitos que favorecen el desarrollo de la memoria según la ciencia: Una dieta adecuada (reducir el consumo de azúcar y alcohol, consumir habitualmente almendras, cacao, aceite de pescado, fruta y verdura), horas de sueño adecuadas, ejercicio físico, ejercicio mental que requiera uso de energía intelectual, el aprendizaje multisensorial (leer, escuchar, ver y tocar cosas relacionadas con el mismo tema facilita la absorción y retención de información), etcétera, etcétera.

Es conveniente conocer todo esto, desde luego, pero para llevarlo a la práctica con asiduidad es tan o más importante encontrar el método o hábito que encaje mejor con tu personalidad. Por ejemplo, en el caso personal de Frank Spartan, una de las cosas que siempre me ha tocado las narices es no recordar las lecciones principales de los libros que leo y perder oportunidades de poder aplicarlas en mi vida diaria (ésa es la motivación). Así que ahora, al mismo tiempo que leo libros y con las ideas frescas en la cabeza (ésa es la observación) hago resúmenes y los consulto de vez en cuando (ésa es la técnica de memoria). Este método hace que tenga las ideas clave mucho más presentes en mi cabeza y mucha mayor facilidad para aplicarlas si me conviene cuando me encuentro en una situación determinada.

Las pautas de pensamiento

Es posible que hayas comprobado que tienes una vocecita en la cabeza que te habla todo el tiempo. Una vocecita que te recuerda lo que pasó, lo que hiciste, lo que no hiciste y todo lo que te podría pasar en el futuro. Una vocecita que está muy ocupada hablando y que te mantiene a ti igual de ocupado u ocupada escuchando.

Eso no te incomoda demasiado, porque esa voz te resulta muy familiar. Siempre ha estado ahí y siempre te ha acompañado a todos los sitios donde has ido. De hecho, no la ves como una entidad separada, sino que asumes sin pensarlo demasiado que esa voz eres tú y que lo que está sucediendo es una especie de monólogo en el que hablas y a la vez escuchas.

Todo esto hace que confíes en esa voz, te diga lo que te diga. Pero eso, por muy natural que parezca, no es muy útil por dos razones:

  • Primero, el ruido de esa voz no te permite aprender, porque sus temas de conversación preferidos son el pasado y el futuro. Y eso te distrae de lo único real que existe: El momento presente.
  • Segundo, esa voz te ancla en creencias limitantes que te impiden desarrollarte, porque no le gustan nada los cambios ni las cosas nuevas. Lo que le gusta es que te quedes en tu zona de confort y no expongas tu vulnerabilidad a los demás ni a ti mismo.

Frank Spartan podría extenderse mucho sobre este tema, pero me voy a limitar a darte tres prácticas para domesticar un poco a esa voz. En otras palabras, para que tus pautas de pensamiento te ayuden a ser más feliz, en lugar de alejarte de ese objetivo.

  • Presta atención al momento presente: Detente de vez en cuando un instante y toma conciencia de ti mismo, de las sensaciones de tu cuerpo, de tu estado de ánimo, de lo que tienes a tu alrededor. Respira. Camina. Observa.
  • Practica el agradecimiento: Recuerda todo lo que tienes. Piensa en todo lo que podría ser mucho peor de lo que es. Toma conciencia de que todo lo que necesitas para ser feliz se encuentra probablemente ya en tu vida. Y expresa ese agradecimiento cada cierto tiempo, aunque solamente sea durante unos segundos.
  • Sonríe: Adopta una actitud positiva, sé amable con la gente, enfréntate a las dificultades con entusiasmo. Esto no sucederá de la noche a la mañana si no es tu estilo natural, pero con pequeños pasos irás forjando el hábito.

Estas pautas, aplicadas gradualmente, harán que la historia que te cuenta esa vocecilla de la que hablábamos antes vaya cambiando y se vuelva más optimista, más constructiva, más centrada en lo que tienes delante. O lo que es lo mismo, irás enseñando a tu cerebro a adoptar otro enfoque. Y eso te permitirá aprender más, ser más consciente de lo realmente importante de cada situación y tomar mejores decisiones.

La conexión con uno mismo

Por muy eficiente que sea tu cerebro procesando información y por muy amable y entusiasta que tú seas, todo tendrá escasa utilidad práctica si no te conoces a ti mismo. Para poder gozar de una vida satisfactoria es necesario que lo que haces conecte bien con quién eres y con lo que quieres. Si vives la vida de otra persona no conseguirás sentirte realmente satisfecho, por muy bueno que seas viviéndola.

Imagen de Goalcast

Este tema da también para mucho, pero vamos a ceñirnos a algunas prácticas útiles para mantener una conexión aceptable con nosotros mismos a medida que navegamos por las procelosas aguas de la vida.

  • Escribe en un diario: Cuando escribimos sobre lo importante que nos sucede conectamos de forma más consciente con emociones que a menudo pasamos por alto por lo deprisa que vivimos. El dedicar un momento a reflexionar y escribir sobre ello nos ayuda a entender mejor por qué hacemos ciertas cosas y por qué reaccionamos de ciertas maneras. Y eso resulta muy útil para mantener el rumbo. Frank Spartan lleva siete u ocho años haciéndolo y no puedo infravalorar la cantidad de información valiosa sobre ti mismo que te proporciona.
  • Practica la meditación: En la opinión de Frank Spartan, de todas las prácticas que se encuentran fácilmente al alcance de cualquiera, ésta es la más transformadora que existe. Si le dedicas 15 minutos al día, no sólo te sentirás mejor y aprenderás a concentrarte mejor, sino que te conocerás mejor. Y eso vale mucho más que 15 minutos de tu tiempo.
  • Dedícate tiempo a ti mismo en otro ambiente: No te pases todo el tiempo rodeado de personas o buscando cosas para mantener la mente ocupada y evitar el aburrimiento. Encuentra un momento de vez en cuando para estar contigo mismo, sin distracciones, a poder ser en un ambiente diferente al habitual. Un paseo por el monte, un viaje corto, un café en una zona de la ciudad a la que no hayas ido nunca. Una vez estés ahí, conecta activamente con tu interior. Piensa en lo que estás haciendo en la vida, hacia dónde te diriges y si todo eso tiene sentido. Y observa cómo te sientes al hacerlo.
  • Comparte tus inquietudes con los demás: Ésta no es fácil para muchas personas porque implica enseñar la pierna de nuestra vulnerabilidad, pero es una forma muy útil de autoconocimiento. Seguro que conoces a alguna persona de la que te fías y con la que te sientes a gusto. Un confidente o una confidente. Compartir con esa persona tus inquietudes, las cosas importantes que te han pasado, tus miedos, tus pasiones y cómo te sientes es un ejercicio muy revelador. Y escuchar lo que esa persona percibe de ti también te proporciona información muy útil en la que quizá no habías reparado antes. Esto es, sin lugar a dudas, una de las cosas que a título personal más útiles me han resultado cuando me siento un poco perdido y necesito reconectar conmigo mismo.

Estas prácticas irán enseñando a tu cerebro a tener mucho más presente si las decisiones que tomas están en consonancia con tu voz interior o no. Y eso resulta clave para decidir bien.

El desarrollo a través del ocio

Una de las grandes tragedias de nuestro tiempo es lo mal que entendemos el ocio. El ocio significa, para muchos de nosotros, una forma pasiva de desconectar de las frustraciones del día a día. Quizá algunos de nosotros practiquemos actividades estimulantes de vez en cuando, pero probablemente coincidirás conmigo en que una gran parte de nuestro tiempo de ocio se desperdicia en actividades que no generan ningún crecimiento en nosotros (más allá de un mero placer sensorial) sino que nos mantienen en una especie de trance físico, mental y emocional, lo cual atrofia progresivamente nuestro cerebro.

Ver la tele. Navegar por Internet. Leer el periódico. Consultar constantemente las redes sociales. Ir al cine. Comer fuera. Tomar algo. Leer sin aprender nada. 

Sí, nos entretiene. Pero nada más. No nos desarrollamos al hacer nada de eso. Esas actividades tienen su función y son deseables en la dosis adecuada, sí, pero el problema es que a menudo acaban apoderándose completamente de nuestra rutina de ocio.

El ocio ofrece múltiples oportunidades para estimular y desarrollar la funcionalidad del cerebro. En primer lugar, porque tenemos autonomía para decidir lo que queremos hacer y cómo lo queremos hacer, cosa que a veces no es posible en el trabajo. Y, en segundo lugar, Frank Spartan porque las posibilidades de ocio estimulante disponibles y la forma de acceder a ellas nunca han estado tan a nuestro favor en toda la historia de la humanidad.

Veamos qué tipo de actividades de ocio resultan particularmente útiles para el buen mantenimiento y desarrollo de la funcionalidad del cerebro:

  • Las artes creativas: escribir, artesanía, pintar, bailar, teatro, emprendimento por diversión, tutorías/mentorías, etcétera. No solamente son altamente terapéuticas y un gran antídoto contra el estrés y la ansiedad, sino también una gran fuente de creación de nuevas conexiones neuronales y de estimulación de la imaginación, la coordinación, la concentración y la visión espacial.  Frank Spartan practica actualmente la escritura, el baile, el emprendimiento por diversión y las mentorías, lo que me ha proporcionado una gran amplitud de miras, mayor creatividad y flexibilidad de enfoque… y también de cadera.
  • Aprender un nuevo idioma o a tocar un instrumento: Son formas muy efectivas de estimular el cerebro, porque el tipo de conexiones neuronales que estas actividades generan tienen un impacto muy prolongado en la memoria, como las investigaciones sobre distintos tipos de demencia senil han concluido. Frank Spartan está ahora mismo empezando con el francés. Et voilá. Instrumentos musicales aún no he incorporado a mi agenda porque ya no queda más sitio, pero aprender a tocar la guitarra está en mi lista de proyectos de medio plazo.
  • Viajar: Visitar nuevos lugares y adaptarte a nuevas formas de comportamiento y comunicación es una actividad muy enriquecedora para el desarrollo del cerebro. Sólo te recomiendo una cosa para que tenga máxima utilidad: Hazlo sin tener a nadie conocido a tu lado que haga que gravites hacia tus pautas habituales de comportamiento y comunicación, o que reduzca tus incentivos para abrirte a los demás y relacionarte de verdad con las nuevas circunstancias.  Si no, no conseguirás gran cosa. Estarás haciendo exactamente lo mismo en otro sitio y eso no resulta demasiado útil.

Estas prácticas, cuando las pongas en funcionamiento durante un tiempo, contribuirán a formar nuevas conexiones neuronales en tu cerebro y te ayudarán a apreciar realidades y puntos de vista que antes te resultaba más difícil apreciar.

Ahí lo tienes. Y antes de que me digas que estas actividades tan molonas también se pueden convertir en rutina, Frank Spartan te dirá que estás en lo cierto, pero que no son el mismo tipo de rutina. La rutina que atrofia tu cerebro es la que se compone de actividades poco estimulantes que no te desarrollan, que no te permiten aprender, crecer y mejorar. Si tu rutina va incorporando progresivamente actividades que sí te lo permiten, estarás manteniendo tu cerebro estimulado y en continuo desarrollo. Hay rutinas y rutinas.

Ahora tienes que elegir.

¿Te quedas con tu rutina cómoda y predecible? ¿O incorporas algo de aventura y estímulo a tu vida para mantener tu cerebro activo y en movimiento, aun a riesgo de exponer tu vulnerabilidad?

Las consecuencias de esa decisión son mayores para tu felicidad de lo que puede parecer, así que decide con cautela.

Porque lo que elijas, así será.

Pura vida,

Frank.

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