Las 3 cosas que debes hacer para estar mejor valorad@ en tu trabajo

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En algunos posts de este blog hemos hablado en profundidad sobre la satisfacción laboral, esa bestia negra que a veces no logramos conquistar, y la forma de encontrarla a través de un enfoque adecuado en el nebuloso dilema de cómo elegir nuestro trabajo.

Éste es un tema que le interesa mucho a Frank Spartan, porque el trabajo ocupa una gran parte de nuestro tiempo vital y no estar satisfecho en la dimensión laboral significa desperdiciar mucha de la mecha de la que disponemos para ser felices. No es un tipo de insatisfacción que podamos compensar fácilmente hartándonos a gin-tonics o bailando lambada durante el fin de semana.

Bueno… quizá con la lambada sí. Pero volvamos al asunto.

En este post vamos a enfocarnos exclusivamente en el trabajo por cuenta ajena. El emprendimiento tiene sus reglas particulares y los hilos que regulan el éxito en ese campo son algo diferentes. Como probablemente sabes, a Frank Spartan le fascina ese mundo, pero vamos a dejar la tarea de descifrar los hilos del éxito en el emprendimiento para futuros posts.

Para alguien que trabaja por cuenta ajena, encontrar el rumbo dentro de una organización no es sencillo. Hay fuerzas por todas partes que intentan impedirnos que saquemos la cabeza del agujero. Algunas de ellas pueden ser las siguientes:

  • La burocracia se multiplica
  • El estilo directivo del jefe nos desagrada
  • Existe mal rollo entre los compañeros
  • Nos consideramos mal pagados
  • No tenemos flexibilidad laboral
  • Las jornadas se alargan
  • El contenido del trabajo en el día a día nos parece monótono y aburrido
  • No se reconocen suficientemente nuestros esfuerzos
  • Ese ascenso nunca llega

Puedo seguir hasta el infinito y más allá, pero seguro que captas la idea.

En este contexto, las actitudes que podemos elegir mientras desempeñamos ese trabajo son fundamentalmente dos:

  1. Intentar hacer una buena labor a pesar de esas fuerzas malévolas que hacen que el viento sople en nuestra contra
  2. Aplicar la ley del mínimo esfuerzo

Esta segunda opción es la más ampliamente extendida en nuestra sociedad. O al menos eso es lo que me dicen las personas que conozco que dirigen equipos. Las razones serán las que sean y cada uno tendrá su versión al respecto, pero la actitud más frecuente en el ecosistema laboral es cumplir el expediente como buenamente se puede e irse pitando por la puerta a la mínima oportunidad sin mirar atrás.

Frank Spartan no hace juicios de valor sobre esto. Somos mayorcitos y cada uno puede hacer lo que le plazca. Eso sí, las consecuencias de adoptar esta actitud son bastante predecibles para cualquiera que tenga un poco de perspectiva. Mientras se acepten esas consecuencias cuando lleguen y no se culpe al jefe, los políticos o los marcianos, Frank Spartan no tiene nada que decir.

Eso sí, si alguien adopta esta actitud y luego se queja, Frank Spartan le mandará, con toda la amabilidad y consideración del mundo, a freír espárragos, porque su queja no tiene razón de ser. No puedes pretender coger los frutos sin plantar primero el árbol. No funciona así, colega, por mucho que tú lo valgas.

Por otro lado, hay muchas personas que sí tienen un genuino interés en hacer una buena labor en sus empleos. Personas con sentido de la responsabilidad, con sana ambición de mejorar y crecer y una sólida ética de trabajo. Y muchas de esas personas no encuentran la manera de prosperar dentro de sus organizaciones tan rápido como les gustaría.

Ésta es la situación que a Frank Spartan le interesa. Así que vamos a profundizar en ella y extraer algunas conclusiones.

¿Cuál es la estrategia habitual?

Cuando una persona empieza a desempeñar un determinado trabajo que no domina, lo que generalmente hace, impulsado por los mecanismos biológicos del cerebro, es intentar reducir su sensación de incertidumbre. Busca seguridad. Y suele encontrarla en dos fuentes cercanas:

  1. Haciendo lo que sus superiores le dicen que haga
  2. Observando a sus compañeros de trabajo e imitando ciertos comportamientos

Esta forma de proceder es comprensible y natural en la fase de aterrizaje, pero lo que suele suceder es que se prolonga en el tiempo. Y cuando eso tiene lugar, se producen dos consecuencias:

  1. Se alimenta una actitud pasiva, dado que las pautas de comportamiento que adoptamos se basan en lo que dictan otras personas. Se desincentiva la iniciativa y la proactividad.
  2. Favorece que nos autoimpongamos metas laborales basadas en la cantidad y la velocidad, porque es lo que vemos que hacen los demás. Es decir, nuestra estrategia para hacer un buen trabajo es producir más o producir más rápido.

Esto tiene dos problemas. O al menos dos implicaciones prácticas que no nos ayudan demasiado:

La primera es que es muy sencillo desmotivarse y acabar hasta las narices, porque no sientes que tienes autonomía en el desempeño de tu trabajo ni control sobre tu satisfacción profesional. Y cuando eso sucede, es muy posible que la persona que empezó con una buena actitud acabe convirtiéndose en un o una amante de la ley del mínimo esfuerzo.

La segunda es que, incluso si cumplimos nuestros objetivos y producimos más y/o más rápido, eso no suele tener grandes repercusiones, porque las organizaciones no valoran tanto ese tipo de logros como podemos llegar a pensar. Lo sé porque conozco a muchos directivos y tengo información de primera mano sobre lo que más valoran en sus subordinados.

En otras palabras, acabas mentalmente agotado y con la sensación de que todo ese trabajo no te ayuda a conseguir gran cosa. Millones de personas con actitud de hacer un buen trabajo acaban en esta situación, lo cual es cuando menos decepcionante.

Y en este blog no toleramos las situaciones decepcionantes, así que veamos cómo podemos darle la vuelta a esto para poder sentirnos más satisfechos.

Estrategias disruptivas para multiplicar tu progreso y tu satisfacción en el trabajo

Frank Spartan estuvo muchos años en un ambiente laboral muy exigente, en el que era necesario afilar el instinto si no querías acabar en la sartén. Esos años me permitieron desarrollar una percepción muy aguda de las fuerzas sutiles que gobiernan el éxito dentro de las organizaciones, que después contrasté con las experiencias de otros contactos profesionales y la filosofía de algunos autores expertos en la materia.

Sabiendo lo que sé ahora, si un día me pillaras en un bar tomando una cerveza y me preguntaras en qué te deberías enfocar al hacer tu trabajo para que se reconozca tu labor y tengas más facilidades de progresar en tu carrera profesional, probablemente te diría tres cosas.

1. Aprende sobre tus superiores y las personas cuya colaboración necesitas para poder hacer tu trabajo y desarrolla una relación personal con ellas

Éste es un punto al que muy pocas personas suelen conceder atención. Por muy rígidas que sean las normas y los procesos que regulan el día a día en un empleo, estamos tratando con personas. Y esas personas, aunque sean tus superiores, son de carne y hueso, no son alienígenas que han venido a invadir la Tierra y han adoptado forma humana para infiltrarse entre nosotros. Son como tú. Tienen intereses personales, inquietudes, miedos y pasiones.

Para que tu trabajo y tu contribución sea bien percibidos, hay un aspecto clave que debes tener en cuenta y que aplica con independencia de la calidad objetiva de tu labor: Cómo te perciben los demás. Y cómo te perciben los demás está absolutamente correlacionado con la conexión emocional que tienes con ellos.

¿Cómo desarrollas esa conexión emocional? Con cuatro pasos:

  1. Siendo consciente de que es importante desarrollarla.
  2. Observando a esas personas y escuchando lo que los demás dicen de ellas.
  3. Aprendiendo sobre lo que observas y escuchas.
  4. Actuando sobre lo que has aprendido.

Hay personas que dan los tres primeros pasos, pero luego no hacen nada al respecto. Se limitan a almacenar esa información en su mente porque no quieren que se les perciba como “pelotas” o “lameculos”. Ésa es una visión muy limitativa de las cosas. La realidad es que las personas aprecian genuinamente la conexión emocional, los detalles que reflejan que existe un interés por conectar que va más allá de las imposiciones del trabajo.

Voy a darte un ejemplo personal, para que veas de lo que estoy hablando: Cuando Frank Spartan llevaba dos años en su empleo anterior tenía un jefe brillante, pero de estilo duro. Era una persona que imponía mucho y los subordinados le tenían mucho respeto. Una mañana, entró en su despacho con gesto sombrío, se sentó en su mesa y se llevó las manos a la cara, tapándose los ojos. Después se sacudió un poco y se puso a escribir en su ordenador.

Sin más, ¿no?

Pues no. Ahí pasaba algo. Era evidente que no estaba en su mejor momento. Es una persona, joder. Tiene malos momentos.

¿Y qué hizo Frank Spartan con 27 años? Se levantó de su mesa, entró en su despacho, le preguntó si todo iba bien y si podía ayudarle en algo.

Me salió así. Fue algo natural. Me acojonaba hablar con él en un plano más personal dada su condición de jefe y su reputación de persona de carácter duro, pero para mí no tenía sentido ignorar aquello. Por mucho que el protocolo que había visto a mi alrededor sugiriera lo contrario.

¿Qué pasó? Ese día nada. Me dio las gracias y me dijo que estaba bien.

Pero todo fue distinto después. Me trató de forma diferente.

No es momento de detalles, pero quédate con esto: Ese pequeño gesto hizo mi día a día más satisfactorio durante años y me ayudó muchísimo en mi carrera profesional.

Conecta emocionalmente con las personas que tienen peso en la labor que desempeñas. Eso ayuda, y mucho.

2. Dedica 15 minutos cada día a “innovar” sobre cómo ayudar a esas personas y preséntales tus ideas

Cuando desempeñamos nuestro trabajo, es habitual que tengamos un montón de tareas delante de nosotros que consumen todo nuestro tiempo. Nos pasamos el día achicando agua, por decirlo de alguna manera. Cosas que hacer nunca faltan en una organización.

Sin embargo, lo que suele suceder es que dedicar todo nuestro tiempo a esas tareas que son tan urgentes no llama demasiado la atención. Es lo que se supone que debemos hacer. Lo que llama la atención son otras cosas, pero como estamos inmersos en achicar agua, no las tenemos en cuenta.

Hay una forma muy sencilla de poner el punto de mira en el lugar que genera más resultados: Reserva un poco de tiempo. Dedica 15 minutos de tu día, todos los días, a pensar cómo puedes crear auténtico valor para las personas que tienen peso en la labor que desempeñas. Solamente 15 minutos. Eso no es tanto, ¿no?

¿Por qué te digo esto? Porque esos 15 minutos tienen muchísima importancia y marcan la diferencia en cómo se percibe tu contribución. En ese tiempo vas a poder reflexionar sobre qué quieren de verdad esas personas, en qué estado de ánimo se encuentran, cuáles son las cosas que más les preocupan y qué tipo de soluciones valoran más. Y cuando tu mente se enfoque en todo eso durante unos minutos, surgirán ideas sobre las cosas que puedes hacer para ayudarles de verdad.

Apunta esas ideas y pon algunas de ellas en práctica. Y cuando lo hagas, presenta tus iniciativas a esas personas. Es importante que sean conscientes de lo que has hecho, y quién mejor que tú para hacérselo saber.

¿Lo mejor de todo? El resultado da prácticamente igual. Puede que tus ideas les ayuden y puede que no, pero el gesto queda. El gesto te diferencia. El gesto te proporcionará información muy valiosa porque esas personas reaccionarán de alguna forma a tu iniciativa y eso te permitirá afinar tu estrategia para la próxima vez.

Mi experiencia personal es que esos 15 minutos tienen tanta o más importancia en tu carrera profesional como el resto del tiempo que pasas haciendo tu trabajo, porque son increíblemente efectivos para diferenciarte.

No minusvalores esa importancia.

3. Sé agradecido

Muchas personas enfocan las funciones y comportamientos de sus compañeros de trabajo o sus superiores como algo que se da por hecho, por una mera cuestión de perspectiva: Es su trabajo y como tal esa persona tiene que hacer esto o aquello, o comportarse de esta o de aquella forma. No se merecen ninguna medalla por hacer su trabajo.

Esa perspectiva, por muy lógica que te parezca, y la forma de actuar que surge de ella, no te ayudan en absoluto, porque no te ayudan a formar relaciones de suficiente profundidad en el trabajo.

¿Y qué es lo que sí te ayuda? Desarrollar la perspectiva de que el agradecimiento es bueno para ti y para las personas que te rodean, lo que implica buscar razones por las que agradecer su labor a los demás.

Cuando empieces a hacer esto, es posible que te sorprendas del enorme impacto que tiene. El motivo es que la mayoría de personas no lo hacen y la mayoría de personas no están acostumbradas a oírlo. Esta estrategia, al igual que las estrategias anteriores, te diferenciará muy positivamente. Y diferenciarse es el primer paso para desarrollar el poder de crear el ecosistema laboral que deseas y multiplicar tu satisfacción profesional.

Ahí tienes las 3 estrategias clave para conseguir que se te valore mejor en tu trabajo.

El resto está en tus manos.

Pura vida,

Frank.

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