Una respuesta simple a La Gran Pregunta

Hace unos días, una persona que no conozco demasiado (llamémosla Superwoman por su gran afición al deporte), se me acercó sibilinamente por la espalda y, tras una breve conversación, me hizo la siguiente pregunta:

He oído que escribes sobre desarrollo personal y rollos de esos. Es un tema que me interesa. ¿Tienes alguna fórmula secreta para que alguien se sienta mejor?

Según lo escuché, pensé: “Vaya preguntita”.

Y es que es una pregunta muy difícil de contestar, porque hila con el etéreo y escurridizo concepto de felicidad.

Es cierto que Frank Spartan ha escrito muchos artículos sobre este tema. De hecho, se podría decir que el objetivo primario de este blog es precisamente articular una respuesta convincente a la pregunta de Superwoman.

Sin embargo, ella no estaba interesada en leer un montón de artículos escritos por un chalado, sino que buscaba una respuesta simple y práctica a la eterna pregunta de cómo podemos sentirnos más felices de lo que estamos ahora. Una pregunta que por alguna extraña razón no deja de revolotear por encima de las cabezas de la gran mayoría de nosotros, sean cuales sean nuestras circunstancias.

Es una pregunta consustancial a la naturaleza humana. La pregunta que guía la práctica totalidad de nuestras acciones, sea de forma directa o indirecta, consciente o inconsciente.

Es, sin ningún género de duda, La Gran Pregunta.

Después de pensarlo durante unos segundos, decidí no contestar a Superwoman y le dije que ya hablaríamos. En parte porque no era el momento ni el lugar para hacerlo, pero sobre todo porque no tenía del todo claro qué demonios decirle a aquella curiosa señorita y quería reflexionar un poco.

Aquello no parecía una tarea fácil. ¿Cómo podría aunar todas las ideas clave de este blog para construir una respuesta simple, pero a la vez efectiva, tanto en validez de contenido como en aplicabilidad a la realidad práctica de una persona?

Pues sí, lo has adivinado. Hice lo que siempre hago cuando quiero aclarar mis ideas: Escribir. Así que podríamos decir que este post es una especie de respuesta a la pregunta de nuestra querida Superwoman.

¿Qué es lo que realmente buscamos?

Empecemos por el principio. Lo que Superwoman me preguntó fue cómo podría sentirse mejor. En otras palabras, quería saber cómo experimentar más emociones positivas y/o menos emociones negativas.

Lo que suena, por otra parte, bastante obvio. Todos queremos eso, ¿no?

Sin embargo, no es tan obvio como parece. No lo es porque cada uno de nosotros somos como somos, y cada uno de nosotros usamos diferentes estrategias para sentirnos mejor, con mayor o menor éxito.

Por ejemplo, yo puedo ver Netflix en paños menores para experimentar la emoción positiva de sentirme relajado y entretenido. O puedo comer una hamburguesa repleta de aditivos para experimentar la emoción positiva de sentirme saciado. O puedo ir de compras para experimentar la emoción positiva de tener algo nuevo que ponerme y causar buena impresión a los demás.

Sin embargo, cuando esas experiencias terminan, esas emociones positivas se desvanecen y no dejan demasiada huella en mi estado de ánimo posterior. Así que, si quiero volver a sentir esas emociones, no me queda más remedio que ponerme el sombrero de rastreador y buscar nuevas experiencias.

Aquí tenemos la primera gran revelación sobre la felicidad: No todas las emociones positivas, con independencia de su intensidad, tienen la misma sostenibilidad en el tiempo. Hay algunas de ellas que requieren un constante flujo de experiencias para renovarse. No me queda otro remedio que volver a ver Netflix, comerme otra hamburguesa o volver a ir de compras si quiero regenerar sus emociones positivas asociadas.

Sin embargo, cuando utilizamos esa estrategia de generación de emociones positivas, caemos en un fenómeno psicológico ampliamente contrastado: Nos acostumbramos a la experiencia. La experiencia pierde novedad. Ese proceso de acostumbrarnos provoca que la emoción positiva marginal de cada nueva experiencia sea decreciente, hasta que al final repetimos el proceso por puro hábito, aunque ya no genere emoción positiva alguna.

Esta idea nos lleva a concluir que hay cierto tipo de experiencias que no nos convienen demasiado, porque sus emociones positivas asociadas requieren mucha inversión de nuestro tiempo (y a veces dinero) con utilidad decreciente. Son, por decirlo de alguna manera, experiencias trucadas. Experiencias que no acaban de dar lo que prometen desde fuera, y que a medida que las repetimos cada vez nos dan menos.

Teniendo todo esto en cuenta, cuando nos ponemos las lentes de la lógica y la racionalidad parece muy evidente que elegir experiencias trucadas como pilar fundamental de nuestra estrategia no es un buen camino para conseguir sentirnos mejor.

No obstante, a pesar de la aparente obviedad de este razonamiento, hay dos factores importantes a tener en cuenta:

  • Primero, no solemos tomar decisiones con lógica y racionalidad. La mayoría de las decisiones que tomamos no son reflexivas, sino irreflexivas, rápidas, largamente inconscientes, intuitivas y basadas en atajos cognitivos anclados en nuestra experiencia personal previa y lo que vemos a nuestro alrededor.
  • Segundo, el entorno en el que nos movemos habitualmente está diseñado, por múltiples razones, para incentivarnos a que elijamos constantemente experiencias trucadas. Las experiencias trucadas no solamente están ampliamente disponibles sin apenas esfuerzo, sino que se promocionan con mayor énfasis, son cada vez más variadas y una gran parte de nuestro ecosistema familiar, social y profesional las consume constantemente.

La consecuencia de la influencia de estos dos factores es muy evidente: La gran mayoría de nosotros caemos inexorablemente en la elección continua de experiencias trucadas.  Van ocupando una parte cada vez más amplia de nuestra vida. Y según va pasando el tiempo, la utilidad marginal decreciente de sus emociones positivas asociadas provoca la llegada de una sensación de vacío (= ausencia de emociones positivas) que se va expandiendo, lo que a su vez provoca la aparición de emociones negativas como ansiedad, insatisfacción vital, falta de autoestima y otros desequilibrios emocionales.

Si esto te resulta vagamente familiar, estás en nutrida compañía, colega.

La llegada de esa sensación de vacío es, en muchos casos, algo sorprendente para nosotros. No entendemos bien por qué está ahí, con todas las posibilidades que tenemos a nuestro alcance para generar emociones positivas.

Es aquí donde se bifurca el camino y se forman dos grupos:

  1. Aquellas personas que, como Superwoman, cuestionan la estrategia que están siguiendo para sentirse bien y se hacen la Gran Pregunta
  2. Aquellas personas que continúan su camino, a pesar de la llegada de esa sensación de vacío, sin plantearse gran cosa.

Quiénes acaban en el primer grupo y quiénes en el segundo depende de muchos factores, incluido el tipo de personalidad que tienen, el entorno en el que crecen, sus experiencias personales, sus circunstancias particulares y muchas otras cosas más. Sin embargo, todos nosotros, sin excepción, tomamos la decisión de hacernos conscientemente la Gran Pregunta y explorar vías de encontrar mejores respuestas, o no hacerlo y/o conformarnos con seguir haciendo lo mismo que venimos haciendo.

Y claro, lo que venimos haciendo tiene enormes probabilidades de ser, por las razones que hemos visto antes, una continua persecución de experiencias trucadas que colgarnos del cinturón para intentar disipar esa creciente sensación de vacío que ha aparecido misteriosamente en nuestras vidas. Por eso el segundo grupo es significativamente más grande que el primero. Lo cual es una jodienda, porque cuantos más ejemplos del segundo grupo vemos a nuestro alrededor, más tendemos a imitar su comportamiento generación tras generación.

And round and round we go.

Ahora bien, me atrevo a decir que, si has leído hasta aquí, es porque pertenecer a ese nutrido grupo quizá no te convenza del todo y quieras explorar otras posibles respuestas a la Gran Pregunta.  

Muy bien, veamos entonces qué podemos hacer.

Los dos grandes componentes de la satisfacción vital

Existen muchas escuelas de pensamiento que han explorado diferentes fórmulas de satisfacción vital. Frank Spartan ha leído sobre muchas de ellas. Mi concepción sobre el tema permanece en constante evolución, pero hay una idea que está firmemente instaurada en mi manera de enfocarlo, y es ésta:

Para disfrutar de un nivel elevado de satisfacción vital que sea sostenible en el tiempo, el ser humano debe abrazar simultáneamente dos dimensiones:

  1. Significado o propósito (dimensión de futuro)
  2. Placer (dimensión de presente)

El significado o propósito hace referencia a cómo nos sentimos con respecto al punto del futuro al cual hemos decidido dirigimos. El gran objetivo, idea o principio que hemos decidido honrar a través de nuestra decisión de asignarle la “crème de la crème” de nuestra energía vital. Ese elemento especial o conjunto de elementos que dota a nuestra existencia de sentido.

El placer, por otra parte, hace referencia a cómo nos sentimos con respecto a nuestra experiencia en el presente. Si lo que hacemos en el día a día y la forma en la que lo hacemos nos genera más emociones positivas que negativas, así como el grado de calidad de esas emociones.

¿Cuál es la situación ideal?

Aquella en la que ambas dimensiones se encuentran adecuadamente cultivadas de forma que llegamos a un equilibrio que encaja en nuestro caso particular. Si una de ellas, o las dos, se encuentran desatendidas, es muy probable que no nos sintamos suficientemente satisfechos, al menos de forma sostenible.

Pongámonos ahora el sombrero de artista grunge para ilustrar esta idea de forma más gráfica. Si dibujáramos con nuestro afilado pincel un gráfico de dos ejes, describiendo el probable estado de satisfacción de una persona cualquiera en cada uno de los cuatro cuadrantes resultantes, obtendríamos algo como esto:

Analicemos brevemente cada uno de estos cuatro cuadrantes.

  • Cuadrante 1: Aquí tienes una situación vital en la que luchas por cosas que crees que merecen la pena, pero tu día a día no es demasiado placentero. Eres un sufridor profesional. Tienes tu vista fijada en el futuro, pero no gozas del presente. Muchas de las personas que se embarcan en carreras profesionales exigentes o que están demasiado centradas en conseguir un objetivo concreto se encuentran aquí. El riesgo de este cuadrante es acabar persiguiendo fantasmas sin disfrutar de la vida hasta que ya es demasiado tarde.
  • Cuadrante 2: Aquí te encuentras en una situación complicada, porque no encuentras sentido a tu vida ni tienes un balance neto positivo de emociones durante el camino que recorres. El presente falla y la dirección de futuro también falla. El riesgo de este cuadrante es acabar desarrollando una actitud apática, nihilista y pusilánime sobre la vida, y abrazar la creencia de que estás atrapado y no puedes hacer nada para mejorar las cosas.
  • Cuadrante 3: Aquí tienes una situación vital en la que te afanas en obtener placer por todos los medios a tu alcance, pero no sientes que tu vida tiene demasiado sentido. Eres Epicuro. El riesgo de este cuadrante es que, expuesto a las tentaciones de tu entorno, caigas en la trampa de perseguir experiencias trucadas para obtener placer inmediato y te sientas cada vez más vacío. Frank Spartan apuesta a que una gran parte de las personas se encuentran aquí, enchufadas a chutes repetitivos de dopamina de múltiples formas y colores, pero sin sensación de dirección vital alguna.
  • Cuadrante 4: Aquí eres el Rey o la Reina del Mambo. Sientes que tu vida tiene un sentido y a la vez te sientes bien con las cosas que haces y cómo las haces en el día a día, manteniendo en líneas generales un balance neto positivo de emociones de calidad. Es el cuadrante al que aspirar para disfrutar de una satisfacción vital elevada y sostenible en el tiempo.  

La pregunta es: ¿Cómo demonios podemos llegar a este cuarto cuadrante? Si nos encontramos en otro cuadrante distinto, como es el caso de la inmensa mayoría de personas, ¿cómo podemos avanzar en la dirección que marcan las flechas?

Para responder a esa pregunta, examinemos cada una de las dos dimensiones de nuestro modelo de satisfacción vital en mayor profundidad.

Al lío.

El significado o propósito

La importancia de encontrar un sentido a nuestra vida se puso de manifiesto en las investigaciones de Viktor Frankl y otros autores posteriores. Las conclusiones de estas investigaciones reflejan que la necesidad de propósito está profundamente arraigada en la naturaleza humana e íntimamente ligada a las ramificaciones psicológicas de ser dolorosamente conscientes de nuestra mortalidad.

Dicho de una forma muy simple, anhelamos sentir que hemos hecho algo que ha merecido la pena con el tiempo que tenemos antes de estirar la pata. Algo que trasciende el mero placer egoísta y que deja algún tipo de huella en un ámbito relevante para nosotros.

Este anhelo no surge al mismo tiempo para todas las personas. En unos casos tarda más que en otros. Pero siempre acaba llegando. Y cuando llega, ya no nos abandona nunca. Todo lo contrario, su música suena cada vez más alto en nuestros oídos y su peso se hace cada vez más grande sobre nuestros hombros. Por eso, cuanto antes nos pongamos manos a la obra para aplacarlo, mejor.

Pero ahora viene la letra pequeña: Cuando elegimos algo para satisfacer ese anhelo de significado o propósito, no todo vale.

Hay una serie de requisitos fundamentales que hemos de cumplir si queremos que esa sensación de que nuestra vida ha tenido sentido aflore en toda su plenitud. Si destilamos al máximo, los dos requisitos más importantes, en línea con el trabajo de Mihaly Csikszentmihalyi y otros investigadores de la felicidad humana, parecen ser éstos:

  • Debemos asignar la “crème de la crème” de nuestra energía a algo que conecte de verdad con nuestra auténtica naturaleza: Esto implica que para elegir algo que tenga una probabilidad razonable de generar el efecto deseado, primero debemos conocernos mínimamente a nosotros mismos.

¿Y esto qué significa? Significa que tendremos que hacer un poco de introspección personal para entender mejor nuestras motivaciones más profundas y refinar nuestra filosofía de vida como paso previo a elegir nuestras fuentes de sentido vital. Si no lo hacemos, probablemente la liemos parda al elegir nuestra fuente de propósito y no consigamos experimentar del todo esa sensación que buscamos.

  • Eso a lo que elegimos asignar la “crème de la crème” de nuestra energía debe implicar cierta dificultad y estimular nuestras capacidades: Esta idea implica que el objetivo no puede ser demasiado fácil, porque nos acabaríamos aburriendo. La superación de dificultades es un viento de cola absolutamente fundamental en el camino de la satisfacción vital. Sin embargo, la dificultad no debe ser excesiva, porque ello nos causaría ansiedad y frustración, privándonos de disfrutar del camino y estancándonos en el Cuadrante 1.

Como ves, esta dimensión de significado o propósito apunta al futuro. Un gran proyecto, un gran objetivo que es especialmente relevante para nosotros y al que elegimos dirigirnos, porque precisamente de ese movimiento hacia el destino, y de esa superación de las dificultades que surgen en el camino, emana la sensación de que nuestra vida tiene sentido.

Vale, colega, ya tienes una dimensión dominada. Pasemos a la otra.

El placer

El concepto fundamental sobre el placer es muy simple: Necesitamos experimentar emociones positivas (o eliminar emociones negativas) en el presente para sentirnos felices.

Tener la sensación de que nuestra vida tiene sentido es necesario para una satisfacción vital sostenible y de calidad, pero no es suficiente. Si en el camino que recorremos en el día a día pesa más la insatisfacción que la satisfacción, no nos sentiremos verdaderamente felices. Hemos de disfrutar del camino en el presente, no solamente depender de un objetivo futuro, por muy cargado de propósito que éste se encuentre.

Esto no parece un inconveniente demasiado grave, porque como ya hemos mencionado, no solamente somos terriblemente propensos a buscar el placer en el presente, sino que además el entorno en el que vivimos nos lo pone muy muy fácil.

El asunto es que, al igual que con las fuentes de propósito que decidimos elegir, tampoco todo vale con las fuentes de placer que decidimos elegir. Hay fuentes de placer de más calidad que otras. Hay experiencias de valor y hay experiencias trucadas.

La pregunta es: ¿Cómo diferenciamos las fuentes de placer buenas de las fuentes de placer menos buenas?

Cada persona es un mundo, pero existe un criterio que rara vez falla: Si la fuente de placer es interna o externa. O, dicho de otra manera, si el placer emana de una conexión con nuestro ser o emana de obtener algo que se encuentra en el exterior.

  • Ejemplos de fuentes de placer internas son: Una afición que nos apasiona, una tarea que disfrutamos, compartir momentos con familia o amigos, un paseo por la naturaleza, desconectar, hacer un tipo de ejercicio que nos guste, ayudar a alguien, crear un momento especial con nuestra pareja, planificar cómo hacer realidad un sueño o un deseo, compartir intimidades con alguien de confianza, bailar, escuchar música, aprender sobre algo que nos interesa, etcétera, etcétera. 
  • Ejemplos de fuentes de placer externas son: Ir de compras, la aceptación y validación de los demás, el entretenimiento pasivo, un aumento de sueldo, una promoción en el trabajo, “likes” de las redes sociales, la televisión por cable, el estatus, el dinero, los galones, los títulos y los sombreros de copa.

Las fuentes de placer internas provocan emociones positivas de alta calidad. Son emociones más profundas y que perduran en el tiempo, lo que hace que su cultivo nos eleve progresivamente hacia niveles superiores de felicidad en el día a día.

Las fuentes de placer externas provocan emociones positivas de baja calidad.  Pueden ser intensas en el momento, pero son poco profundas, de mecha muy corta y utilidad decreciente, lo que nos impide elevarnos e incluso puede generar, eventualmente, una sensación de creciente insatisfacción en el día a día.   

El secreto está en el equilibrio. Todos necesitamos cierta dosis de fuentes de placer externas. El problema es cuando la inmensa mayoría de nuestras fuentes de placer son externas, lo cual es una situación muy común. Y, curiosamente, esta situación tiene mucho que ver con el hecho de haber desatendido la primera dimensión de la satisfacción vital, el sentido de propósito, porque vivir con propósito nos pone en una perspectiva mental que nos ayuda a mantener el termostato en equilibrio.

Veamos ahora cómo podemos integrar ambas dimensiones, propósito y placer, para construir una vida realmente satisfactoria.

La integración de las dos dimensiones de la satisfacción vital

Muchas personas albergan la creencia de que el propósito y el placer son mutuamente excluyentes, es decir, que si elegimos uno automáticamente debemos renunciar al otro. Pero nada más lejos de la realidad. Ambos son perfectamente integrables con armonía en la vida de una persona.

La fórmula de integración preferida de Frank Spartan consiste en identificar las áreas más importantes de nuestra vida y hacernos las siguientes 3 preguntas:

  1. ¿Qué me gustaría conseguir para sentir que he aprovechado mi tiempo en esta área? (dimensión de propósito)
  2. ¿Qué cosas debo hacer para avanzar hacia ese objetivo disfrutando por el camino? (dimensión de placer)
  3. ¿Cuál es la mejor forma de poner esas cosas en práctica de forma continuada? (dimensión táctico-práctica)

Estas 3 preguntas son increíblemente poderosas, porque te abren la mente a nuevas realidades que nunca habrías descubierto si hubieras seguido funcionando con el piloto automático. Son, sencillamente, un motor de transformación integral. Un antes y un después en la forma en la que enfocas tu vida.

La primera pregunta hace referencia a la dimensión de significado o propósito. Nos hace plantearnos qué tipo de gran objetivo daría sentido a nuestra vida en cada una de las grandes áreas.

La segunda pregunta hace referencia a la dimensión de placer. En esta pregunta está el secreto de los buenos resultados, porque nos hace liberarnos de la presión de conseguir el gran objetivo de la pregunta anterior y centrar nuestra atención en el viaje, de forma que ese viaje sea lo más placentero posible y genere emociones positivas en nuestro día a día.

En este segundo paso se encuentra la magia de la integración. No se trata de elegir aquellas cosas que más rápido nos llevan hacia el gran objetivo de la primera pregunta, sino de elegir aquellas que nos llevan en una dirección suficientemente buena pero que al mismo tiempo nos resultan placenteras.

La tercera pregunta hace referencia al aspecto más táctico de como traer nuestra elección a tierra y manifestarla en acciones concretas en nuestro día a día. En una palabra, cómo conseguir hacer lo que hemos dicho que vamos a hacer teniendo en cuenta nuestra irracionalidad, inconsciencia y tendencia a procrastinar a la hora de tomar decisiones.   

Veamos algunos ejemplos.

1. Trabajo

¿Qué me gustaría conseguir para sentir que he aprovechado mi tiempo en esta área?

  • Convertirme en un experto en mi área profesional
  • Tener autonomía para hacer mi trabajo y expresar mi creatividad
  • Generar impacto positivo en la vida de los demás
  • Montar mi propio negocio

¿Qué cosas debo hacer para avanzar hacia ese objetivo disfrutando por el camino?

  • Incrementar mi conocimiento y competencias para aumentar mi “valor profesional”
  • Mejorar la relación con mis superiores si los tengo, para aumentar mi “valor emocional”
  • Construir otras alternativas laborales para aumentar mis opciones y expandir mi capacidad de negociación
  • Utilizar todo esto para provocar cambios en el tipo de tareas que hago y cómo las hago, de forma que me reporten más emociones positivas y me acerquen a mis grandes objetivos
  • Trabajar mi enfoque mental para darle a mis tareas un significado en un plano más amplio que el que aparentemente tienen (“contribuyo a que las personas que compran nuestro producto estén más satisfechas”, “trabajo en una organización respetuosa con el medio ambiente” o “hago este trabajo para que mi hijo pueda ir a la universidad”)   

¿Cuál es la mejor forma de poner esas cosas en práctica de forma continuada?

  • Partir el proceso en partes: Cada semana, establecer mini-objetivos concretos para ir avanzando poco a poco hacia los grandes objetivos y centrar nuestra atención en ellos.
2. Relación de pareja

¿Qué me gustaría conseguir para sentir que he aprovechado mi tiempo en esta área?

  • Crear una relación de plena confianza
  • Alcanzar mayores niveles de intimidad para mantener la pasión en el tiempo  a medida que la sensación de novedad se va disipando

¿Qué cosas debo hacer para avanzar hacia ese objetivo disfrutando por el camino?

  • Compartir con mi pareja inquietudes personales, sueños, deseos, miedos
  • Desarrollar una comunicación abierta, expresar lo que quiero con asertividad, aprender a escuchar con atención y empatía
  • Demostrar honestidad y sinceridad en situaciones difíciles   

¿Cuál es la mejor forma de poner esas cosas en práctica de forma continuada?

  • Agendar momentos para estar solo con mi pareja y charlar sobre temas íntimos
  • Crear situaciones especiales que favorezcan que el romance se renueve con el tiempo
3. Relaciones de amistad

¿Qué me gustaría conseguir para sentir que he aprovechado mi tiempo en esta área?

  • Tener algunos amigos de verdad, en los que confío plenamente, con los que puedo compartir cualquier cosa y con los que sé que puedo contar si necesito ayuda

¿Qué cosas debo hacer para avanzar hacia ese objetivo disfrutando por el camino?

  • Organizar planes de ocio de los que todos disfrutemos
  • Compartir inquietudes con ellos en los momentos adecuados, no ceñirnos solamente a la diversión o al entretenimiento
  • Ser proactivo cuando alguno de ellos atraviesa una situación difícil

¿Cuál es la mejor forma de poner esas cosas en práctica de forma continuada?

  • Hablar con esos amigos que considero especiales con frecuencia (no, el whatsapp no vale para las relaciones especiales, sorry)
4. Conocimiento de uno mismo/Equilibrio emocional

¿Qué me gustaría conseguir para sentir que he aprovechado mi tiempo en esta área?

  • Entender mejor lo que realmente quiero y por qué
  • Gestionar mis emociones negativas con mayor destreza
  • Mantenerme centrado y en calma

¿Qué cosas debo hacer para avanzar hacia ese objetivo disfrutando por el camino?

  • Hacer un curso de autoconocimiento
  • Meditar
  • Escribir
  • Paseos en solitario por la naturaleza
  • Terapia
  • Solicitar feedback a familia y amigos sobre mis reacciones y áreas en las que puedo mejorar

¿Cuál es la mejor forma de poner esas cosas en práctica de forma continuada?

  • Elegir solamente una de estas estrategias, practicarla durante un tiempo y comprobar los resultados. Dependiendo de los resultados, seguir con ella y/o cambiar a otra.

Como ves, el sistema es sencillo y sigue una pauta uniforme a lo largo del tiempo. Puedes aplicarlo a cualquier otra área de tu vida que consideres de importancia: Salud física, finanzas personales, ocio, aprendizaje, creatividad, proyectos vocacionales, voluntariado, etcétera, etcétera. Las notas de tu partitura de felicidad son tuyas y sólo tuyas.

Cuando te pongas manos a la obra, es muy probable que compruebes que los efectos de la aplicación de esta fórmula se van expandiendo de forma natural a otras áreas y que las emociones positivas empiezan a entrar en tu vida a borbotones. No solamente por el placer que esas cosas que haces generan en el momento, sino también porque tomarás conciencia de que a través de ese placer estás avanzando hacia un objetivo que merece la pena y estás aprovechando tu vida de verdad.  

Y eso no puede sino provocar alegría. Una alegría que se queda en tu hombro, por muchos altibajos que atravieses en momentos concretos del camino.

Conclusión

La fórmula de la satisfacción vital parece extraordinariamente compleja, pero puede simplificarse enormemente si abrazamos una idea básica: La integración del futuro y el presente. La armonía del propósito y el placer.

Hemos de visualizar un futuro que merezca la pena perseguir en función de quiénes somos y qué queremos. Y una vez tengamos claro cuál es, hemos de caminar hacia él de una forma que no comprometa nuestra capacidad de disfrutar por el camino.

¿Lo mejor de todo?

Que lleguemos o no a ese futuro que hemos visualizado poco importa, porque el secreto está en las sensaciones que experimentaremos durante el viaje. Y eso es un pensamiento liberador. La simplificación suprema de esta fórmula en el plano práctico.

En tus manos queda.

Pura vida,

Frank.

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