Quizá eres más rico de lo que piensas… o quizá menos

Ah, ser rico. ¿Quién no querría ser rico?

Nadie, ¿verdad? Es como preguntar quién no querría ser guapo, o quién no querría tener los dientes blancos y perfectos. Pertenece a ese tipo de cosas que todo el mundo quiere, porque asumimos sin titubeos que tienen un valor intrínseco incuestionable.

Sin embargo, hay un pequeño problema: Hemos interiorizado una única versión de la riqueza, que no es otra que el dinero. El money. La guita.

Show me the money, motherfucker, and shut up.

En nuestra sociedad, la interpretación generalizada que le damos a “ser rico” es tener dinero. O más bien, mucho dinero. Y esto tiene varias implicaciones prácticas de comportamiento.

En primer lugar, el dinero es una métrica objetiva, cuantificable y homogénea. Puedes medir cuánto dinero tienes con relativa facilidad. Y los demás pueden hacer exactamente lo mismo, claro. No sólo eso, sino que tú puedes imaginarte cuánto dinero tienen los demás y los demás pueden imaginarse cuánto dinero tienes tú. Tanto monta, monta tanto.

En segundo lugar, esa simplicidad de medición unida a la facilidad de comparación con los demás ha provocado que el dinero se haya convertido en la métrica más popular de éxito en nuestra sociedad, y por tanto el factor que más peso tiene en la jerarquización social. El dinero que tienes suele provocar (no siempre, pero sí a menudo) una serie de decisiones que te llevan de forma natural a codearte con un tipo de personas en tu día a día más que con otras.

En tercer lugar, el que el dinero se haya convertido en la métrica más popular de éxito social ha incentivado que deseemos que ese dinero se haga más visual. En otras palabras, que ese dinero deje de ser un mero apunte electrónico anónimo en los registros de un banco y se “manifieste” en símbolos materiales visibles en el exterior, como la ropa, los coches, la vivienda, o las actividades de ocio. No nos limitamos a guardar el dinero en un cajón, sino que tendemos a usarlo para comunicar un estilo de vida comprando objetos o experiencias que los demás puedan ver.

Y todo esto se ampara en un principio de equivalencia invisible. Algo que no se encuentra escrito en ningún lugar, pero que se ha convertido en un pilar filosófico fundamental en nuestra sociedad occidental:

Dinero = felicidad.

Pero un momento, Frank. Yo no estoy de acuerdo con eso porque bla, bla, bla.

Chorradas.

Las decisiones que has tomado en tu vida reflejan que una de tus grandes prioridades es conseguir dinero. Es, muy probablemente, la actividad a la que más horas de tu vida dedicas. Y te gustaría tener más del que tienes. Simplemente, porque lo ves como un medio para ser más feliz. 

Es lo que hay. No es ningún crimen del que debas avergonzarte. De hecho, estás en nutrida mayoría.

Sí, es cierto que hay algunas personas que no funcionan así, pero también hay personas que tienen once dedos y personas pueden hablar con los caballos por telepatía. No es la regla general.

La inmensa mayoría de nosotros hemos interiorizado desde muy pequeños que el dinero es clave para que consigamos sentirnos bien, o evitemos sentirnos mal.

Y es que la gente no hila tan fino con el rollo éste del significado de la felicidad. Sólo quieren sentirse bien, por el medio que sea. Y creen que con dinero lo conseguirán.

Por eso, tener mucho dinero (o “ser rico”) se aprecia de forma generalizada en nuestra sociedad como una bendición. Un pase VIP para asistir al gran show en el que nos susurran al oído cómo conseguiremos ser felices.

Pero hay un pequeño problema.

Esa creencia tan generalizada no es cierta.

O al menos, es mucho menos cierta de lo que la gente cree.

Ser auténticamente rico no tiene tanto que ver con tener mucho dinero, sino con algunas otras cosas que a menudo pasamos por alto y que no tenemos demasiado presentes a la hora de medir lo bien que lo estamos haciendo en la vida.

Lo que ocurre es que ya has oído esta tonadilla u otra parecida muchas veces en las películas de Disney y en frases manidas en las redes sociales. Y te suena a idealización estúpida de cuento de hadas, porque al final hay que pagar las facturas y tener un mínimo de comodidades para que la vida merezca la pena, ¿no? ¿Para qué demonios estamos aquí, si no? ¿Por qué narices tengo que beber Cruzcampo cuando me gusta más la 1906 y además estoy viendo a ese cabronazo de ahí enfrente, mucho menos listo y guapo que yo, beberse una bien fría delante de mis narices?

Pues eso.

Y es ese simple razonamiento, aparentemente de cajón, el que empuja a todo el mundo a entrar por el mismo pasillo y perseguir la misma métrica de éxito para comparar bien con los demás y sentirnos bien con nosotros mismos: El dinero y todo lo que puedes comprar con él.

Pero no es tan sencillo como parece. De hecho, Frank Spartan te asegura que, si no cultivas proactivamente los otros tipos de riqueza de los que vamos a hablar a continuación, y lo haces en las fases adecuadas de tu vida, es más que probable que ese pasillo tan deseado te conduzca a darte de morros con una pared de ladrillos y romperte las narices.

Veamos cuáles son.

Los 5 tipos de riqueza

Hay 5 tipos de riqueza que marcan la auténtica abundancia de una vida. Son cosas a las que los focos de las cámaras de la sociedad no apuntan directamente, porque pasan largamente desapercibidas para los demás. Y eso provoca que no sean tan dignas de admiración como métrica de éxito como lo puede ser el dinero.

Sí, son cosas que se cultivan de puertas adentro. Cosas que son sólo para ti. Por eso no se ven tan fácilmente.

Pero no nos demoremos más y hagamos las presentaciones.

1. Riqueza física

Sin salud física, todo lo demás se viene abajo. Cuidar de tu salud física es como cuidar de que no haya fugas de agua en el casco del barco que te lleva al otro lado del océano.

El problema de la salud física es que su deterioro no se aprecia así como así. Durante muchos años, parece que puedes seguir funcionando sin cuidarte demasiado. Así que no le das importancia y prestas más atención a cosas que parecen más urgentes, en detrimento de cuidar proactivamente tu salud.

Hasta que, de repente, algo drástico sucede. Y todo lo que puedes hacer en la vida deja de ser mucho para pasar a ser muy poco de la noche a la mañana. Se apaga la luz que todo lo alumbraba y el panorama se vuelve, para tu sorpresa, tristemente gris y descolorido.

Disfrutar de buena salud física en el tiempo requiere prevención. Y la prevención requiere disciplina para forjar hábitos. Puedes dejar las cosas en manos del azar, pero eso no es una buena estrategia porque no estás maximizando tus probabilidades de ganar en un juego extremadamente importante para tu felicidad.

En concreto, hay 3 áreas en las que te debes centrar:

  1. Ejercicio físico: Practica el cardio, la fuerza y la flexibilidad. Los tres. En los formatos que más te gusten, da igual cuáles. Lo que importa es tu capacidad de mantenerlos en el tiempo.
  2. Nutrición: Come comida de verdad. Mierdas las justas.
  3. Sueño: Asegúrate de que duermes lo suficiente y descansas bien. Si no lo consigues, cambia lo que sea necesario hasta que lo consigas. Dieta, temperatura de la habitación, inclinación de la cama, muñecos hinchables… como si tienes que contratar a un hipnotizador.    

Las tareas relacionadas con potenciar estas 3 áreas de tu salud física deben ser prioridades absolutas en tu agenda, porque todo lo demás, absolutamente todo, depende de que te encuentres bien físicamente.

Tan simple como cierto.

2. Riqueza mental

A medida que vamos navegando por la vida, nuestra salud mental atraviesa muchas tormentas. El estrés del trabajo, los problemas que acarrean los hijos, las preocupaciones, los miedos, el sentirnos perdidos, el impacto emocional de los fracasos, las personas que nos decepcionan, la soledad, la apatía, los imprevistos, la enfermedad o muerte de seres queridos, etcétera, etcétera.

Todos tenemos nuestros demonios. No sólo tú. Por muy felices y lozanos que parezcan, los demás también los tienen. El secreto no se encuentra en no tenerlos, porque son inevitables. Se encuentra en la forma en la que lidiamos con ellos. Y hay varias cosas que puedes hacer para asegurarte de que no pierdes tu equilibrio mental cuando atravieses esas inevitables tormentas que aparecerán en tu camino.

La primera, entender y aceptar que no eres Superman. O Superwoman. O SuperGéneroFluido.

Lo siento, no he podido evitarlo. Estaba a huevo.

No, no puedes con todo en todo momento. A veces necesitas un apoyo. Nadie lo ha hecho todo solo, ni nadie te va a dar ninguna medalla al valor por ser el primero.

No hay nada malo en pedir ayuda. Todo lo contrario. Es algo bueno. Apóyate en los demás cuando lo necesites y deja que los demás se apoyen en ti cuando ellos lo necesiten.

La segunda, practica actividades (= hábitos) que fomenten el equilibrio mental y la visión optimista de la vida.

La evolución de la salud mental tiene unas pautas similares a la salud física. No nos damos cuenta de su deterioro porque no apreciamos con claridad la tendencia. No vemos que hay fases en las que nos volvemos irascibles y taciturnos, en las que no pensamos con claridad, en las que vamos perdiendo la ilusión por la vida, en las que somos cada vez menos curiosos, menos proclives a vivir nuevas experiencias, menos dispuestos a adentrarnos en nuevos círculos y a interactuar con otros tipos de personas.

Y como no apreciamos bien esta pérdida de energía mental cuando llega, lo que debemos hacer es prevenirla con las prácticas adecuadas. Antes de que lleguen los problemas, no después.

Tomarnos un descanso de vez en cuando para reconectar con nosotros mismos. Alejarnos de las personas que no nos hacen sentir bien. Consumir el tipo de información adecuada para nuestra paz mental. Dedicar algo de tiempo a actividades vocacionales. Aprender cosas nuevas que nos interesen. Compartir intimidades con algún amigo de vez en cuando. Meditar. Leer. Escribir. Hacer terapia con un profesional. Probar a renunciar a cosas que alteran nuestro estado emocional, por muy urgentes e importantes que parezcan ser, y ver si realmente son tan cruciales para nuestra vida.

Este tipo de hábitos, practicados durante años, te ayudarán a preservar claridad de pensamiento y tranquilidad de espíritu, y aumentarán tu capacidad para mantenerte a flote cuando lleguen las tormentas.

Tu salud mental determina tu paz interior, tu equilibrio emocional y el grado de optimismo (o pesimismo) con el que enfocas la vida. Si la salud física es el casco de tu barco, la salud mental es el timón. Si el timón funciona, podrás salir de la tormenta en la que te encuentres inmerso y encontrar la luz del sol. Si el timón no funciona, cualquier tormenta que llegue puede dejarte hecho unos zorros.

Protégete con anticipación.

3. Riqueza social

El tercer tipo de riqueza es la riqueza social. Las relaciones personales.

En este ámbito tendemos a liarla parda por dos motivos: O bien somos tremendamente selectivos y cultivamos muy pocas relaciones, o bien somos tremendamente dispersos y queremos ganar el premio a la popularidad siendo amigos de todo el mundo.

Cada una de esas opciones tiene diferentes pros y contras, pero ninguna de ellas es la opción deseable.  

Las relaciones personales que nos benefician no tienen por qué ser en absoluto homogéneas. No todas tienen por qué tener la misma profundidad, ni los mismos propósitos.

El objetivo más importante que debes tener en cuenta al enfocar tus relaciones con los demás es maximizar tu potencial para vivir la mejor vida que puedes vivir, sea lo que sea que eso significa para ti. Fin.

Y es que los demás pueden ayudarte a tener una vida mejor de muchas maneras diferentes. Pero tienes que entender qué significa eso exactamente en tu caso concreto.

Hay personas que conocen a mucha gente, pero se sienten solas porque no tienen una conexión profunda con nadie.

Hay personas que pasan mucho tiempo con su familia, pero que se sienten incomprendidos porque no se prestan suficiente atención ni se comunican con suficiente sinceridad.

Hay personas que se encierran en casa a ver Netflix y vídeos de Youtube porque prefieren ese plan que compartir momentos de ocio con sus supuestos amigos.

Hay personas que quieren cambiar de profesión o prosperar en la suya, pero no tienen contactos profesionales que faciliten ese objetivo.

Hay personas que interactúan a menudo con otras, pero que sienten que no tienen con quién hablar cuando lo están pasando mal.

Hay personas que conviven con su pareja todos los días, pero que no se sienten queridas, escuchadas o comprendidas.

Hay personas que tienen hijos, pero que no sienten que ellos las quieren y las aprecian como les gustaría.

Las relaciones humanas son complicadas. Creemos que si hacemos cuatro cosas todo funcionará bien, pero no es tan sencillo. Muchas de ellas requieren tiempo, dedicación, empatía y grandes dosis de paciencia. Y todos esos son recursos escasos en tu vida. No puedes darle eso a todo el mundo. Tienes que elegir.

Por esta razón, debes tener muy claro dónde te conviene concentrar tus energías. Entender qué personas pueden ayudarte a tener una vida mejor, e invertir en ellas para construir el tipo de relación que deseas tener.

Y sí, esto es un movimiento proactivo, desde dentro hacia fuera. Debes tomar las riendas del asunto y mover ficha, no esperar a que esas personas lo hagan por ti. El que quiera peces que se moje el culo, dice el refrán, y no le falta razón.

Si tus esfuerzos dan sus frutos, enhorabuena. Eres más rico de lo que eras antes. Y si esa relación no te da lo que buscas, reenfoca tu energía hacia otros lugares. Pero no esperes disfrutar de buenas relaciones a lo largo de tu vida por tu cara bonita y por todo lo que crees que vales. No funciona así. Las cosas que merecen la pena hay que currárselas, colega. Y las relaciones no son una excepción.

4. Riqueza de libertad

El cuarto tipo de riqueza es la libertad. En otras palabras, el control sobre tu tiempo. Poder hacer lo que quieres, cuando quieres.

La mayoría de las personas vive con muy poco control sobre su tiempo. Están inmersas en innumerables compromisos que copan su agenda y apenas les dejan tiempo para respirar.

Quizá esto no sería tan horrible si todos esos compromisos contraídos les encantaran, pero no suele ser el caso. Suelen pesar. Suelen doler. Y en aquellas raras ocasiones en las que esas personas están enamoradas de sus grilletes, ese enamoramiento se acaba disipando en algún momento, porque la naturaleza humana es muy caprichosa.

Las personas cambian a lo largo de la vida. Lo que vamos queriendo según atravesamos diferentes fases vitales se transforma y evoluciona. Por eso, andar por ahí encadenado a un poste no suele ser una buena idea, si lo que queremos es ser felices, a poder ser, a lo largo de toda esa vida, y no sólo en algunos pedazos de ella.

La autonomía y el control sobre nuestro tiempo son elementos clave para la felicidad. Y más y más evidente se hace esto a medida que pasan los años.

El problema es…

Sí, lo has adivinado.

Cuando te das cuenta de que odias esos grilletes, ya es demasiado tarde. No puedes quitártelos. Has perdido la llave. De hecho, es incluso posible que dependas un poco de ellos y que te aterre la libertad, como decía el incisivo personaje interpretado por Morgan Freeman (“Red”) en la película Cadena Perpetua, y como demostró en primera persona su compañero de prisión Brooks cuando salió de la cárcel.

Por eso, has de invertir con anticipación en construirte un estilo de vida que descanse en los mimbres de la libertad. Un estilo de vida en el que seas dueño de tu tiempo.

¿Y cómo puedes hacer esto?

De muchas maneras. Te doy algunas ideas.

  • Aprende habilidades que se puedan aplicar a trabajos en remoto en sectores en crecimiento.
  • Aprende idiomas.
  • Trabaja un tiempo fuera de tu país natal.
  • Haz networking y expande tu red de contactos profesionales.
  • Mantente atento a otras oportunidades profesionales y en contacto con múltiples empleadores.
  • Si compras un piso, hazlo de forma que puedas cubrir la cuota mensual de la hipoteca con el alquiler si lo alquilaras a un tercero.
  • Durante tus primeros años de trabajo, concéntrate en alcanzar “fuck you money”: Ahorros suficientes para poder abandonar tu trabajo (lo vayas a hacer o no) sin remordimientos y sin presión financiera. Para poder reunir esos ahorros en un plazo corto de tiempo deberás renunciar a gastar demasiado dinero en chorradas en las primeras fases de tu vida y centrarte en ahorrar e invertir. En otras palabras, si quieres vivir como la mayoría de las personas no puede, tendrás que hacer cosas que la mayoría de las personas no hace.
  • No dejes de aprender. La curiosidad es una virtud que en parte viene de serie, pero también se puede cultivar con la práctica.
  • En tu tiempo libre y a tu ritmo, construye algunas fuentes de ingresos pasivos que no impliquen intercambio de tu tiempo (o demasiado tiempo) por dinero.
  • Si quieres tener hijos, sé extremadamente selectivo a la hora de elegir con quién. Todo lo bueno que puede traer la paternidad no suele compensar todo lo malo que puede traer una mala decisión en la elección de tu pareja, tanto en el plano emocional como financiero.

Hay muchas más, pero con ésas te puedes hacer una idea.

La clave para construir riqueza de libertad, al igual que en los otros tipos de riqueza, es hacerse consciente de su valor suficientemente pronto. La libertad que lleva a la felicidad ha de apuntalarse en cimientos sólidos, y crear esos cimientos requiere tiempo.

Ser libre es ser rico, no lo olvides. Los grilletes para quien los quiera. Si aún puedes elegir, no te dejes atrapar. Y si te dejas atrapar, ten siempre a mano un plan de huida.

Ya sabes, por lo que pueda pasar.

5. Riqueza de propósito

El quinto tipo de riqueza es la riqueza de propósito. En otras palabras, dedicar tiempo y energía a algo que da sentido a tu vida.

El propósito no suele ser un factor tan relevante para nuestra felicidad en las primeras etapas. Sin embargo, a medida que el tiempo va pasando y somos más conscientes de nuestra mortalidad, va pesando más. Y a veces, su ausencia acaba llenando nuestro corazón provocando una gran insatisfacción en las últimas fases de la vida.

Lo interesante del propósito, y a la vez paradójico cuando observamos que mucha gente no lo tiene, es que, en lo que se refiere al objeto de propósito, casi todo vale.

Sí, es así de simple. Si tú decides darle significado a algo, ese algo automáticamente adquiere significado para ti.

No es coña. Funciona así.

Pero claro, esa dotación de significado tiene que ser genuina y sincera. Tiene que ser sobre algo que te haga sentir de verdad que tu vida ha merecido la pena, porque tú has conseguido que una cosa que te importaba mucho sea mejor de lo que era. Y eso es así gracias a ti.

Ahora bien, en la elección del objeto de propósito, entra a jugar el grado de desarrollo de conciencia de cada uno. Hay personas cuyo propósito se centra en erradicar la pobreza infantil y personas cuyo propósito se centra en la imagen de su equipo de fútbol. Evidentemente, uno tiene más valor que el otro para un observador imparcial externo, pero para las personas involucradas ambos pueden ser igualmente importantes y satisfactorios. Y por tanto igualmente impactantes en su grado de satisfacción vital.

La única regla para la elección del objeto del propósito es que sea interna, no externa. Tiene que ser algo que tenga valor intrínseco para ti, no que se lo concedan los demás. Ha de basarse en tus criterios internos de lo que es valioso, no en los criterios externos de un ente separado de ti.

Por ejemplo, imagina que me presentas dos casos de elección de propósito. Uno es ser un buen padre y el otro es ser un profesional admirado en el sector y ganar un montón de millones haciendo algo que se te da bien pero que no te entusiasma demasiado.

Asumiendo que todos los demás factores no cambian, ¿cuál de los dos objetos de propósito crees que diría Frank que tiene más probabilidades de generar un impacto duradero en la felicidad de alguien?

A ver si lo adivinas.

Conclusión

Ahora que sabemos cuáles son los 5 grandes tipos de riqueza que debemos construir para tener una buena vida, nos queda una pequeña adivinanza por resolver:

¿Cómo demonios hacemos esto?

Porque no podemos hacerlo todo a la vez. No tenemos tiempo, ni energía, ni recursos para cultivar todos los tipos de riqueza con la misma intensidad.

¿Hay algunos tipos de riqueza más importantes que otros? ¿En qué tipos de riqueza debemos centrarnos primero?

Ah, colega. Ésas son muy buenas preguntas.

La respuesta de Frank no te va a gustar: No hay una respuesta válida para todo el mundo.

Lo siento, no la hay. 

Pero lo que sí te voy a dar es mi opinión sobre la secuencia que tiene más sentido a medida que vas atravesando diferentes fases de tu vida.

Eso sí, te aviso: No es perfecto. Hay etapas en las que tendrás que priorizar unos tipos de riqueza en detrimento de otros. El equilibro vital es un destino, y para llegar a él me temo que tendrás que atravesar algunas etapas de desequilibrio. La visión de los jóvenes de hoy, lo quiero todo y lo quiero ya, es bullshit. No es realista. Y lo peor de todo es que les ancla en la inacción, cuando podrían estar avanzando en la construcción de varios de estos tipos de riqueza, aunque no puedan atraparlos todos de una vez.

Éste es el proceso que maximiza tus probabilidades de vivir una buena vida:

En las primeras etapas, céntrate en la salud física, las relaciones y la construcción de libertad.  

¿Por qué esas 3?

Porque en esta fase tu energía vital está en su cota más elevada y debes canalizarla hacia las vías de máximo impacto a largo plazo:

  1. Construir buenos hábitos de salud física, porque si los construyes al principio tendrás mayor facilidad para mantenerlos en el tiempo.
  2. Desarrollar tus habilidades relacionales, para ir entendiendo con qué tipo de personas encajas mejor, lo que funciona y lo que no funciona a la hora de construir la naturaleza de relación que quieres. Las buenas relaciones amplifican tus posibilidades, en lo personal y en lo profesional. Cuanto antes surjan en tu vida, mejor.
  3. Progresar en tu carrera profesional y tu salud financiera, porque tu capacidad de aprendizaje y el potencial de generación de riqueza a largo plazo del ahorro que decides invertir es máxima en ese momento.

¿Que tienes que sacrificar salud mental? Pues quizás un poco sí. Quizá no puedas tomarte tantos descansos, ni dar paseos por el bosque un lunes por la mañana, ni escribir tu diario cuando te apetezca. Quizá no puedas hacer tanto de todo eso como te gustaría. Pero todo llegará. Ahora estás construyendo los puentes que más impacto tienen en tu satisfacción vital a largo plazo. Paciencia, colega. No te pases de la raya, pero prepárate para aguantar un poco de presión mental en estas primeras etapas.

¿Qué tienes que posponer tu propósito vital y la sensación de que tu vida tiene sentido? Pues quizás por ahora sí. Algunas personas pueden combinar todo desde el principio, pero no suele ser así. El propósito vital suele tardar en llegar. Y no pasa nada, porque tienes mucho tiempo por delante para probar cosas nuevas y experimentar la sensación de plenitud que buscas, especialmente si haces las cosas bien al principio y expandes tus posibilidades y tu potencial de futuro.

Muy bien. Ya han pasado algunos años. Has trabajado duro, has aumentado y potenciado tus habilidades y tu valía profesional, has hecho crecer tus ahorros vía inversión, tienes “fuck you money”, una pareja que con suerte no sufre psicopatías graves ni tiene instintos asesinos, buenos hábitos de salud y buenas relaciones personales y profesionales.

Ahora tienes más poder. Más control sobre tu tiempo. Más opciones. Más autonomía de movimientos. Menos dependencias. Más capacidad de negociación. Una red de protección más gruesa si suceden imprevistos.

En ese momento ya puedes empezar a crear tu propia realidad. Y aquí es cuando las cosas empiezan a ponerse verdaderamente interesantes.

Puedes empezar a trabajar en lo que quieres, como quieres y con quien quieres sin sentir que todo tu ecosistema vital peligra.  Puedes decir «no» más a menudo sin tanto miedo a las consecuencias. Puedes centrarte más en preservar tu equilibrio mental y cuidarte a ti mismo. Puedes explorar vías de propósito vital que te hagan experimentar que tu vida tiene un sentido que va más allá de satisfacer tus propios deseos. Y puedes seguir construyendo el tipo de relaciones que hacen tu vida más gratificante.

A partir de ahí todo es un círculo virtuoso, siempre que sigas manejando bien el volante y tomando buenas decisiones. Tienes los 5 tipos de riqueza en la palma de tu mano. Y con ellos, tu potencial para construir una vida fantástica no tiene límites.

Suena bien, ¿no?

Ahora es cosa tuya.

Pura vida,

Frank.   

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