La trampa de querer ser buena persona

El otro día tuve una conversación con un amigo sobre la educación que reciben los niños hoy en día. Comenzamos hablando sobre lo que se aprendía en el colegio y acabamos elucubrando sobre las cosas que los niños deberían aprender para desenvolverse mejor en el mundo de hoy.

Sí, ya sé que el mundo de hoy probablemente no se parezca lo más mínimo al que nos encontraremos dentro de 20 años, pero ya sabes, cuando se beben tantas cervezas hay que hablar de cosas, aunque sea para evitar dar demasiado la impresión de que eres un loco peligroso a la gente que pasa por tu lado.

Al de un rato de intercambiar ideas sobre el asunto, mi amigo dijo esto sobre sus propios hijos (tiene dos):

Con que sean buenas personas, me doy por satisfecho.

Y Frank Spartan, bebiendo el último sorbo de su quinta cerveza, asintió. Pero fue un acto reflejo. Apenas vacié aquella botella de maravilloso líquido burbujeante dentro de mi sed, noté que algo gruñía dentro de mí. Una especie de cortocircuito a pequeña escala. Algo que me decía que no estaba del todo de acuerdo con aquello que mi amigo había dicho. O al menos, con lo que yo lo había interpretado que había querido decir.

En ese momento, no le di mayor importancia. Tocaba pedir la sexta cerveza y no te puedes andar con remilgos cuando vas a la barra a esas horas de la noche. Hay que demostrar coraje y determinación, o no te hacen ni puto caso. Pero después, al llegar a casa, me puse a pensar.

Bueno, vale, lo hice un par de días después, cuando se me pasó la resaca. ¿Y qué? No hiles tan fino, colega.

Empecé a reflexionar sobre por qué mi intuición me había susurrado al oído que había algo erróneo en aquella afirmación, supuestamente tan obvia, de mi alcoholizado amigo.

Buenas personas. Buenas personas.

¿Dónde estaba el problema? Ser una buena persona es algo bueno. El propio nombre lo dice, joder.

Pero no, no es tan sencillo. Hay algunos pequeños detalles que hay que tener muy en cuenta a la hora de desear tan fervientemente eso de “ser una buena persona”.

Veamos cuáles son.

¿Qué tipo de personas suelen ganar al juego de la vida?

Vamos a empezar con una pregunta para evitar hacernos trampas al solitario. Y es que esto de querer ser buena persona es un camino muy propenso a las trampas.

¿A qué tipo de personas les va bien en la vida?

Sí, es una pregunta cabrona. Una pregunta que agita por dentro. Pero tenemos que empezar por ahí si queremos apartar la bruma de lo políticamente correcto y enfocar el tema con sinceridad, sin dejar que el ego haga virguerías con nosotros.  

Si reflexionas sobre esa dichosa pregunta, es probable que concluyas que las personas, sean conocidas o no, a las que tú percibes que les van bien las cosas, no son precisamente el prototipo de “buena persona” que tienes en la cabeza, ni el que tenía mi amigo cuando balbuceó aquella conclusión entre dientes.

Es probable que aprecies que esas personas no son gente extremadamente pausada, servicial y que se sacrifica por los demás, sino que son gente expeditiva, directa, que actúa con determinación. Gente que dice lo que piensa. Gente que tiene muy claro lo que quiere y que hace lo necesario para sortear los obstáculos que aparecen en su camino, aunque eso pueda hacer que otras personas “se sientan ofendidas”.

No, no digo que sean malvados. No digo que sean como el Joker de Batman, ni que corran por las oscuras calles con navajas de barbero buscando gaznates inocentes que cercenar. Ni mucho menos. Pero tampoco son hermanitas de la caridad, ¿no es verdad?

Tú puedes decirme: Bueno, ¿y qué más da que a ese tipo de personas les vayan bien las cosas? Yo prefiero ser buena persona que ser un capullo.

Y Frank Spartan te responde: ¿Seguro que sabes lo que dices?

Porque yo mismo, durante muchos años, no lo supe.

Yo mismo me escondí detrás del tupido y reconfortante velo de “ser una buena persona”. Pero no lo hice por convicción de que eso era lo mejor para mí, sino para evitar situaciones difíciles a las que no me quería enfrentar por miedo. Y eso provocó que no hiciera todo lo que podía – y quería – hacer.

Ala, ya lo he dicho.

El problema, mi problema, como caí en la cuenta después de un tiempo, es que no tenía una definición acertada de lo que era ser buena persona. Y como yo, muchísima gente tampoco la tiene.

Así que vamos a abrir ese melón, ¿te parece?

¿Qué entendemos por “ser buena persona”?

En nuestra sociedad, existe una noción bastante extendida y consistente sobre lo que significa “ser buena persona”. Deja que te lance algunas características de personalidad y hábitos de comportamiento que muchos de nosotros diríamos sin dudar que encajan como un guante en esa definición:

Ser paciente.

Ser sensible.

Querer complacer a los demás.

No tener conflictos.

Contentarse con las situaciones.

Priorizar la calma.

Estar de acuerdo con los demás.

No alterarse.

No discutir.

Aceptar y renunciar.

… etcétera.

Sin embargo, por muy extendida que esta noción de “buena persona” se encuentre, ¿es ese tipo de comportamiento realmente algo tan deseable?

Para empezar, ¿es algo útil?

Si tu objetivo es vivir una buena vida y sentirte realmente satisfecho con lo que has hecho con el tiempo que se te ha dado, es posible que no lo sea.

Como Frank Spartan ha argumentado innumerables veces desde innumerables ángulos en este blog, para vivir una buena vida debes encontrar y recorrer tu propio camino. Un camino que encaja con quién eres y lo que quieres, y que se ancla en un buen conocimiento de ti mismo. Un camino que da sentido y propósito a tu vida, y que trasciende las necesidades más básicas de alimentarte, vestirte, ver Netflix, ir de compras y tomarte unas cervezas hablando de fútbol.

Los posibles caminos que pueden cumplir ese objetivo son muchos, pero todos ellos tienen un tronco común:

Tú.

El camino que eliges debe ser algo que tú quieres. Algo que encaja con tus anhelos profundos y tu auténtica naturaleza. Algo que te permite sentir que las cosas hacen “click” y que estás avanzando hacia algo que merece la pena.

Que estás avanzando hacia algo que merece la pena, colega. Ahí está la felicidad.

Pero ese tipo de camino no es fácil, ¿verdad?. Cuesta. De hecho, tiene que costar. Que el camino sea difícil es imprescindible para que te dé lo que estás buscando.

Pues bien, el peligro de desear ser buena persona en base a la definición convencional es que te alejes de ese camino que puede hacerte realmente feliz porque no quieres luchar. Porque no quieres experimentar la fricción de superar obstáculos. Porque no quieres conflictos. Porque no quieres ofender a los demás.

Y eso es una cagada de proporciones descomunales.

Eso no es bondad. Es miedo. Peor que el miedo. Es miedo disfrazado de bondad.

Es miedo del que no eres del todo consciente, porque tiene una máscara generalmente aceptada e incluso idolatrada de «buena persona», que te permite hacerte trampas al solitario sin  agobiarte demasiado.

Esa máscara lo justifica todo. Incluso que renuncies a tus sueños y a pelear por lo que quieres, como expresar tu opinión con asertividad y no dejar que ningún listillo, sea familiar, amigo, compañero de trabajo o desconocido, se aproveche de ti o te imponga su forma de ver las cosas porque eres “buena persona”.

Entonces, ¿cuál es la solución?

Hay una historia sobre Bruce Lee que se me quedó grabada, porque esconde una gran verdad.

Cuentan que cuando Bruce Lee estaba entrenando a sus alumnos, uno de ellos se acercó y le dijo:

Maestro, tú siempre pregonas la importancia de la armonía, el autocontrol y la calma interior. Pero al mismo tiempo nos enseñas a luchar. ¿No es eso un poco contradictorio?

Y Bruce Lee, sonriendo, le dijo a su alumno lo siguiente:

Es mejor ser un guerrero en un jardín que un jardinero en una guerra.

¿Qué significa realmente “ser buena persona”?

Vamos a hablar claro, ¿te parece?

Para ser buena persona, tienes que actuar como tal. Tener buenos sentimientos no sirve para nada si eso no se manifiesta en el exterior con actos.

¿Qué tipo de actos?

Actos que mejoren las cosas.

¿Y qué significa mejorar las cosas? ¿No es eso muy subjetivo?

Sí, eso ya es más debatible. Pero seguro que tú y yo estamos más o menos de acuerdo en la mayoría de las posibilidades.

Ahora bien, si quieres ser capaz de mejorar las cosas (sea lo que sea lo que eso significa para ti) con tus actos, y por tanto “ser una buena persona” según esta definición, ¿es evitar los conflictos, tener infinita paciencia, contentarte con lo que hay y buscar complacer los caprichos de los demás tu mejor estrategia?

No.  Evidentemente, no. Pruébalo y lo verás.

Tu mejor estrategia no es ésa. Tu mejor estrategia es capacitarte a ti mismo para luchar. Desarrollar habilidades que te permitan derribar obstáculos. Actuar con determinación. Tener conversaciones difíciles. Y sí, a veces eso provocará que alguien, en alguna parte, se sienta ofendido.

fortaleza

Porque sabes, curiosamente siempre hay alguien que se ofende cuando intentas alterar el estatus quo para mejorar las cosas. Pero eso no significa que “no seas buena persona”. En absoluto. Ése es el argumento del indigente emocional que se ofende por cualquier cosa que no le gusta. Y por muchos de esos que haya por ahí, que los hay, pueden irse a freír espárragos.  

«Para poder pensar y actuar de forma honesta, tienes que arriesgarte a que alguien se sienta ofendido»

Jordan Peterson

No estoy diciendo que no seas amable. Es bueno ser amable. Ser amable ayuda. Ser amable genera las respuestas adecuadas en los demás y te hace sentirte bien contigo mismo.

Pero hay fondo y hay forma. Ser amable es forma. Luchar para conseguir mejorar las cosas es fondo.

Si sacrificas el fondo por la forma, si renuncias a mejorar las cosas para no tener conflictos o para evitar que alguien se sienta ofendido, no estás siendo buena persona. No en mi libro. No en la definición de Frank Spartan.

Si no trabajas en ti mismo y luchas para vivir conforme a tus valores y principios a pesar del miedo y las dificultades, no estás siendo buena persona. No lo estás siendo porque te has rendido a la adversidad. Y si te rindes, no podrás manifestar esa supuesta bondad en el mundo todo lo que podrías hacerlo. Sea dedicando tu tiempo a algo que solucione algún problema que facilite las cosas a alguien, haciendo que alguien se sienta mejor de alguna manera, o simplemente demostrándole a alguien que le quieres.

Si no haces nada de eso porque es difícil, y simplemente crees que eres buena persona porque tienes «buenos sentimientos», no cuela. Quizá no seas malo, pero tampoco eres bueno. Eres, sin más. Y eso no debería ser suficiente si tienes sangre en las venas.

Y así llegamos a una interesante paradoja: Para ser buena persona, tienes que prepararte para luchar. Y a veces, debes desenvainar la espada y pelear, aunque prefieras no hacerlo.

Hay una calma que sólo se encuentra más allá de la lucha. Ésa es la calma que te interesa. No la falsa calma de renunciar a luchar por miedo, sino la calma que surge de haber luchado por lo que merece la pena para ti.

Con palabras amables, sí, pero con un cuchillo entre los dientes.

Eso es ser buena persona. Lo demás son pamplinas.

Pura vida,

Frank.

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4 comentarios en “La trampa de querer ser buena persona”

  1. Estoy de acuerdo de alfa a omega.
    Frecuentemente confundimos bondad con ser pusilánime.
    Me apunto la frase de las buenas palabras pero con el cuchillo entre los dientes.
    Saludos.

  2. Hay muchas buenas personas, cobardes, que lo mejor es tenerlas lejos, sobre todo, si tu eres el/la valiente, pero es que…el miedo es libre..me encantaría saber, en aquella conversación, de que aprendizajes hablasteis como adecuados para los niños …entiendo que es la info que se borró con la 7 birra…jajajaja,. Yo apostaría por aprender a respirar, saber dónde tocan y lo que son las emociones…cosas sencillas que cuesta aprender de adulto y de pequeño se podrían automatizar.. Gracias por escribir me encanta tu filosofía de la vida y como la describes.

  3. El problema de «ser buena persona» o de «ser feliz» es que son vaguedades. Exigen precisiones tanto en el ámbito teórico como, sobre todo y como dices, en el ámbito personal, en el aquí y ahora. Y si uno de tus propósitos en la vida es defender la verdad y la libertad, puedes tener choques épicos. Ahora mismo, me encuentro en una posición delicada: si expongo todo lo que pienso sobre las aberraciones y las barbaridades que se están cometiendo en nombre de la lucha contra el Covid, corro el riesgo de quedarme sin amigos ni familia.

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