Cómo saber si debes confiar en alguien

El otro día tuve una interesante conversación con un amigo que tenía ciertas dudas con respecto a una relación con otra persona. El cariz de esa relación no viene al caso, pero digamos que mi amigo percibía que las cosas estaban evolucionando y la relación empezaba a elevarse a otro nivel. Un nivel en el que surgían tentaciones de compartir cosas más íntimas y personales que el último capítulo de la serie de turno, lo capullo que era su jefe o si le gustaba más la cerveza que el vino.

Yendo al corazón del asunto, mi amigo tenía una pregunta en la cabeza que no acertaba a responder:

¿Cómo sé si puedo confiar en esa persona? ¿Cómo sé que no me va a decepcionar?

Ésta es una pregunta muy interesante. Una pregunta que surge en nuestras cabezas, de forma consciente o inconsciente, en multitud de situaciones diferentes a lo largo de la vida. Situaciones en las que quizá podemos estar jugándonos algo importante, sea a nivel material o emocional.

Y ya que es tan interesante, Frank Spartan va a darle una respuesta. Seguro que no esperabas menos.

Vamos allá.

El principio base

Empecemos por algo que quizá no te guste demasiado escuchar:

Nunca vas a saber con certeza si puedes confiar en alguien.

Antes de que frunzas el ceño y te retuerzas como un gusano con piedras en el riñon en tu asiento, observa que he dicho “saber”.

No puedes saberlo. Puedes creerlo. Creerlo con absoluta convicción. Pero no puedes saberlo con certeza.

Pero eso no es cierto, Frank. Sé que en [persona X] puedo confiar, puedes decir.

Y Frank Spartan te dice que seguro que crees que eso es cierto, pero hay circunstancias en las que tu querida [persona X] puede hacer algo que tú no esperas, que no entiendes, o que incluso te molesta y te decepciona. Las hay. Sea un amigo del alma, tu pareja, tu madre o tu hermana.

Ahora bien, eso no significa que no puedas confiar en nadie, ni mucho menos. Lo que significa es que, si decides confiar en alguien, vas a correr un riesgo. Quizá pequeño o quizá grande, pero el riesgo estará ahí.

El riesgo va indisolublemente unido a la decisión de confiar. Para confiar, has de aceptar exponerte y ser vulnerable a que las cosas no sucedan como tú deseas o como tú esperas. Porque puede no suceder así. Vaya si puede.

En la práctica, muchas personas gestionan este riesgo de una manera poco sana. Cuando deciden confiar en alguien, lo que hacen es depositar en el otro la totalidad de la responsabilidad de que las cosas vayan bien. Y cuando esa persona hace algo que no les gusta, se ven legitimados a ofenderse, porque ellas les han obsequiado con el preciado y generoso regalo de su confianza. Y por tanto esa persona “se lo debe”. Faltaría más.

Si ésa es tu forma de enfocar las cosas, no vas por buen camino, colega.

Confiar en alguien es tu decisión. Y como es tu decisión, también es tu responsabilidad. Si algo sale mal, no debes perder de vista el hecho de que tú decidiste depositar tu confianza en esa persona. Nadie te obligó. Tendrías mejor o peor información y mejor o peor criterio en el momento de hacerlo, pero fue cosa tuya.

Así que nada de cargar los hombros de los demás con un saco de piedras. Eso es injusto. No sólo injusto, también es cobarde.

Si vas a confiar en alguien, lo primero que has de hacer es aceptar tu responsabilidad. Esa responsabilidad es tuya y sólo tuya.

¿Te has metido bien en la mollera este principio base?

Bien. Sigamos adelante.

¿De qué estamos hablando exactamente?

La siguiente capa de este dilema es a qué te refieres exactamente cuando dices “que no sabes si puedes confiar en alguien”.

Esto es algo que tendemos a dejar en un plano etéreo y abstracto, en el que operan la intuición y las sensaciones más que ninguna otra cosa. Pálpitos del estilo de “algo me dice que”. Sin embargo, aunque la intuición y las sensaciones sean herramientas muy útiles en general, no siempre funcionan del todo bien en este ámbito concreto, como veremos más adelante.

Y además, como podrás apreciar si empiezas a profundizar un poco, las opciones a la hora de responder a esa pregunta de «a qué te refieres con confiar» son muy variopintas. Puedes decirme que lo que quieres es que esa persona “no te decepcione”, pero eso sigue siendo demasiado abstracto.

¿Qué significa exactamente que alguien “no te decepcione”?

¿Que cumpla siempre sus promesas? ¿Que no diga una cosa y haga otra? ¿Que te entienda? ¿Que subordine su satisfacción a la tuya? ¿Que sepa cómo te sientes sin que tengas que decir nada? ¿Que guarde tus secretos? ¿Que cumpla siempre tus expectativas? ¿Que te cuente todo y no te oculte nada? ¿Que su comportamiento nunca te sorprenda? ¿Que sea sincero? ¿Que tu bienestar sea su prioridad en todo momento?  ¿Que no te haga sentir mal por ninguna razón? ¿Que sepas predecir con alto grado de certeza lo que va a hacer? ¿Que esté a tu lado cuando se lo pides? ¿Que esté a tu lado cuando lo necesitas sin tener que pedirlo? ¿Todo a la vez?

Todas ellas pueden ser respuestas válidas. Pero al mismo tiempo son muy diferentes entre sí. La respuesta a esta pregunta es algo muy subjetivo y personal, que depende de lo que tú más valores.

Seguro que ya empiezas a entender por dónde va tu amigo Frank: Este rollo de si debemos confiar en alguien o no va mucho sobre la otra persona, sí, pero también, en gran parte, sobre nosotros mismos. A veces olvidamos que nuestro prisma interno tiene un papel muy grande en cómo enfocamos todo esto y creemos que simplemente hemos de decidir sobre el mérito de lo que está ahí fuera, sin darle la vuelta a la lupa para ver si estamos haciendo algo mal, o si no estamos haciendo algo importante.

Sí, lo de ahí fuera debe tener su mérito, pero tú también tienes deberes que hacer. Para empezar, el ejercicio de ser más concreto sobre lo que estás buscando. Discernir si debes confiar en alguien es muy difícil de hacer si no concretas qué demonios significa eso para ti. Dejarlo en formato etéreo y abstracto es una tarea demasiado complicada para la intuición y las sensaciones.

Y cuando algo es demasiado complicado, tendemos a buscar formas de simplificarlo, tomando atajos que no siempre llevan al destino correcto. Especialmente cuando hay algunas cosas dentro de nosotros mismos que distorsionan el enfoque que le damos al asunto.

Hablemos un poco de esto último, porque tiene su miga.

La sombra

Cuando dudamos sobre si debemos confiar en alguien o no, lo que suele suceder es que percibimos que no tenemos información suficiente. Algunas piezas del puzle han llegado a nuestras manos (o eso creemos), pero otras no. Y para poder tomar la decisión de si confiamos en esa persona, no tenemos otra solución que fabricar esas piezas que faltan con nuestra imaginación, extrapolando en base a las piezas que creemos que ya tenemos.

Y aquí es donde nuestro prisma interno toma especial relevancia.

Hay personas, llamémosles los Optimistas, que necesitan pocas piezas de ese puzle para tomar la decisión de confiar. Si lo que ven los Optimistas es suficientemente bueno, aunque sea poco, deciden creer que el resto del puzle será consistente con lo que han visto.

Hay otras personas, llamémosles los Escépticos, que necesitan tener muchas más piezas para tomar la decisión de confiar. Los Escépticos retrasan su decisión hasta que han acumulado un número de experiencias muy elevado con la otra persona, que avala la conclusión de que esa persona es alguien en quien merece la pena confiar. Y si no las obtienen, se resisten a hacerlo.

Evidentemente, hay grados. Pero todos tendemos hacia un lado más que hacia el otro. Hacia qué lado tendemos es una combinación de nuestra personalidad, nuestras experiencias pasadas y las creencias que hemos ido adoptando al respecto.

Y también otra cosa: Los bloqueos internos. Las emociones enterradas. Lo que Carl Jung llamaba “la sombra”.

Puedes ser Optimista a la hora de confiar en otra persona porque tienes una visión positiva de la naturaleza humana en general. Pero también puedes serlo porque tienes una necesidad incontrolable de tener amigos, fruto de la inseguridad y la falta de autoestima, que te lleva a confiar en cualquier persona, aunque haya signos evidentes de que no debes hacerlo.

Puedes ser Escéptico a la hora de confiar en otra persona porque hay piezas que te faltan en el puzle que tú consideras genuinamente muy importantes. Pero también puedes serlo por una experiencia negativa del pasado, sin relación alguna con esta situación, que te hace desconfiar de cualquier persona que no encaje exactamente con el patrón al que estás acostumbrado y que te hace ver fantasmas donde no los hay.

Por eso, para tomar una buena decisión sobre si debes ser Optimista o Escéptico al confiar en alguien o no, primero debes mirar dentro y asegurarte – o al menos cuestionarte – si tu prisma interno está funcionando medianamente bien, o si la gamberra de tu sombra está moviendo los hilos entre bastidores.

No, no es fácil llegar a una conclusión clara sobre la influencia de la sombra en tu forma de enfocar las cosas. Pero al menos debes hacerte la pregunta. El mero hecho de darle la vuelta a la lupa e intentar ver qué hay en tu interior que te impulsa a ser Optimista o Escéptico con esa persona en concreto te dará información muy valiosa para tomar una buena decisión.

El factor clave de la confianza

Muy bien. Ya me he metido bastante contigo. Ahora pasemos a lo que hay ahí fuera. Es decir, la persona sobre quien estás decidiendo si debes confiar, o no.

A menudo solemos creer que, si esa persona cumple nuestras expectativas con su comportamiento durante un tiempo suficiente, es señal de que se puede confiar en ella. Es decir, si su comportamiento es consistente con lo que yo espero y deseo, ya está. Y viceversa, si no lo es, es señal de que no se puede confiar en ella.

Pues bien, Frank Spartan te dice que ésa no es la mejor forma de decidir. La conducta de esa persona con respecto a ti, evidentemente, importa mucho. Pero por sí sola no es suficiente para tomar una buena decisión.

Lo que de verdad importa es lo que hay detrás.

Lo que de verdad importa es el incentivo que impulsa el comportamiento.

Imagina que alguien está a tu lado en un momento difícil. O que te ofrece ayuda cuando tienes un problema. Son comportamientos que son, a primera vista, encomiables. Comportamientos que parecen reflejar que la otra persona es de confianza. Pero no puedes ponerles esa etiqueta del todo hasta que entiendas la motivación real que hay detrás de ellos.

¿Y si te dijera que esa persona está a tu lado en esas ocasiones porque quiere conseguir algo de ti? El comportamiento es el mismo, pero ahora tienes más información sobre lo que hay detrás de él. ¿No cambiaría eso tu perspectiva?

Claro que sí.

Por eso, lo que de verdad importa a la hora de confiar en alguien es la escala de valores de esa persona en el ámbito concreto de confianza que tú estás cuestionando. Sus principios, su carácter y sus líneas rojas, ni más ni menos.

Imagina que quieres saber si la otra persona será un socio empresarial de confianza. Donde tienes que poner la lupa es en su ética de trabajo, su lealtad, su integridad y su sinceridad. Su conducta con respecto a ti te dará algunas pistas, pero puedes encontrar mucha más información sobre su carácter, valores y principios en otros sitios, como por ejemplo su entorno de relaciones, personas con las que haya colaborado previamente o incluso sus competidores.

O imagina que quieres saber si la otra persona será una pareja sentimental de confianza. Donde tienes que poner la lupa es en sus valores principales. En que esos valores sean compatibles con los tuyos y en que no haya ninguno importante que le falte. Si es así, todo indica que habrá una base sólida para la confianza y que sólo hay que afinar los detalles.

Los valores son el factor más sólido para decidir si debes confiar en alguien, no los comportamientos aislados. Además de observar cómo esa persona se comporta contigo, fíjate en cómo vive, con qué tipo de personas se relaciona, a qué cosas presta atención, qué prioridades tiene, a qué está dispuesto a renunciar, cómo gestiona las situaciones difíciles, qué cosas no tolera, por qué cosas lucha, cómo hablan de él los demás, etcétera, etcétera.

Ahí es donde debes poner la lupa. En lo que no se ve a primera vista. Ahí es donde está la llave de la confianza.

La decisión de confiar

Veamos ahora qué es lo que tiene sentido hacer y no hacer, una vez que ya has decidido confiar en alguien.

Para eso, hemos de volver al principio base: Al decidir confiar en alguien, estás corriendo un riesgo de que esa persona no actúe como tú esperas o deseas. Y lo más probable es que eso pase alguna vez. Entre otras cosas, porque esto no es Disneyland y nadie es perfecto. Sorry.

Y esto implica que has de intentar ser tolerante con dos tipos de comportamientos de esa persona, aunque no te gusten o no te hagan sentir bien:

  • Los comportamientos que no entran en conflicto con los valores que tú consideraste importantes a la hora de darle a esa persona tu confianza

Traducción: No te cabrees por chorradas. Deja que corra el aire y pasa página sin hacer sangre. Para que las relaciones funcionen bien hay que soltar cuerda y no poner palos en las ruedas sin necesidad.

  • Los comportamientos que a primera vista parecen incongruentes con los valores que tú crees que esa persona tiene

Imagina que decides asociarte con alguien por su integridad y un día que no estás en la oficina se lleva el dinero de la caja y se va a las Maldivas. O que te comprometes con tu pareja sentimental por su lealtad y después la ves tumbada en la mesa de un bar con la lengua en la campanilla de un extraño.

Este tipo de casos son, evidentemente, algo más serio. Pero si pusiste la lupa en el lugar adecuado a la hora de decidir confiar, debes ser prudente a la hora de retirar esa confianza. Puede que haya algo que no sepas, o que tu sombra esté moviendo los hilos y llevándote a malinterpretar las cosas (aunque admito que esto es relativamente improbable en el caso de la historia de tu pareja y su performance en el bar). Indaga un poco antes de descolgar todos los cuadros de la habitación y romperlos contra el suelo.

Dicho esto, puede ser que no te equivoques. Puede que, después de hacer tus indagaciones, compruebes que la otra persona ha metido la pata hasta el fondo con algo muy importante. Algo que supone un hachazo en toda regla en lo que tú creías que era su escala de valores y su carácter, y que probablemente quebranta también algunos de tus principios.

En ese caso, el cuerpo te pedirá retirarle tu confianza. Y quizá debas hacerlo, especialmente si esa persona no enmienda esa situación inmediatamente y/o eso se convierte en un comportamiento recurrente. Porque eso querría decir que esos valores que tu creías tan arraigados en ella, realmente no lo están tanto.

Ahí tienes, las claves para decidir si debes confiar en alguien. Tenlas en mente y tira millas.

Por cierto, si aun siguiendo estas directrices tienes dudas y no sabes qué hacer, Frank Spartan te sugiere que elijas confiar. Al ritmo que quieras, pero da a las personas que pasan estos filtros una oportunidad de verdad. Puede que te salga mal, pero hay cosas que nunca podrás experimentar si no saltas sin red.

Supongo que ésa es, en cierto modo, la belleza de la vida.

Pura vida,

Frank.

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