¿Debemos conformarnos con nuestro trabajo? (Parte I)

Es posible que recuerdes que hace algún tiempo empezamos a desarrollar la reflexión de si debemos conformarnos con una serie de cosas. Hicimos una serie de consideraciones generales sobre el concepto de conformarse y después comenzamos a profundizar en temas más específicos, como nuestra relación de pareja.

En este post vamos a profundizar en una dimensión que tiene una enorme relevancia en nuestra vida, desde el punto de vista de la satisfacción – o insatisfacción – vital que genera: Nuestro trabajo, o dicho de otra forma, nuestra ocupación profesional.

Para que lo digieras mejor, dividiremos este post en dos partes. Ésta es la primera.

Hoy en día, la posibilidad de desempeñar trabajos diferentes es probablemente más alta de lo que nunca ha sido. Tenemos acceso a más información y de forma más rápida sobre los puestos de trabajo disponibles a nivel global, las empresas están más dispuestas a contratar a trabajadores internacionales, tenemos más facilidad de transporte a coste más bajo, legislación laboral más homogénea, acceso a formación sobre todas las competencias imaginables a coste más bajo, mayor capacidad de montar un negocio con recursos limitados… y un largo etcétera.

Puedes ponerte a debatir sobre la incertidumbre laboral por los cambios tecnológicos, la precariedad de contratos en algunos sectores, lo mucho que te acojona el ritmo de cambio en los procesos por la globalización y las nuevas formas de comunicación… y hablarme del cielo y de los ángeles. Y Frank Spartan te respondería que probablemente tengas razón, pero eso no implica que no tengas más posibilidades profesionales a tu alcance que antes.

Las tienes.

Es muy difícil argumentar que las posibilidades profesionales han empeorado. La evidencia que apoya el argumento contrario es aplastante.

Y como tu ocupación profesional representa una parte tan relevante de tu tiempo y tu satisfacción vital, conviene que te hagas la pregunta de si debes conformarte con esa ocupación que tienes, o no debes hacerlo.

Oigo ese pensamiento que navega por tu cabeza ahora mismo: Frank, eres un tocapelotas.

A veces sí, ¿verdad? Pero no me lo tengas en cuenta. Ya sabes que tengo buena intención.

¿Qué es el trabajo para ti?

Para enfocar este dilema de forma adecuada, hay una consideración importante a la que conviene prestar atención y que requiere un poco de introspección. Y esa consideración es preguntarte lo que significa el trabajo para ti.

O dicho de otro modo, ¿qué es lo que pretendes conseguir haciendo ese trabajo? ¿Qué necesidad buscas satisfacer?

Aquí tienes varias posibles opciones:

  1. Fuente de ingresos
  2. Obtener posición social/estatus a los ojos de los demás
  3. Obtener reconocimiento
  4. Relacionarte con los demás
  5. Desarrollar competencias
  6. Desarrollar tu pasión personal
  7. Desarrollar tu propósito en la vida

Hay algunas más, pero probablemente éstas estén entre las más mencionadas por la gente si se les formula esta pregunta.

Pero Frank, yo no pretendo satisfacer sólo una, sino varias de esas necesidades – me dirás.

Y Frank Spartan te dice: Por supuesto, eso es natural. Pero no todas tienen la misma importancia relativa para ti. Y para hacer un buen análisis debes reflejar esa importancia relativa en la forma en la que respondes a esa pregunta.

Aquí es donde entran a jugar las personalidades e idiosincrasias de cada uno. No hay elecciones mejores o peores. Cada uno sabe – o cree que sabe – lo que más valora en función del nivel de desarrollo de conciencia en el que se encuentre. Alguien egocéntrico probablemente priorizará satisfacer sus necesidades de ingresos y estatus, mientras que alguien más conectado con el mundo que le rodea y una filosofía de vida más altruista probablemente favorecerá satisfacer su necesidad de desarrollar su propósito en la vida siendo útil a los demás de alguna manera.

Veamos cómo se manifiesta esto en la práctica y cómo se relaciona con la decisión de si debes conformarte con tu trabajo, o no.

Puntúa tu trabajo

Te propongo un ejercicio sencillo:

  1. Identifica las necesidades que pretendes satisfacer a través de tu trabajo – puedes usar esas 7 de arriba como referencia si quieres, o usar otras.
  2. Da un peso relativo (en porcentajes) a cada una de esas necesidades en función de la importancia que tienen para ti. 0% implicaría que no te importa nada no satisfacer esa necesidad (o que esa necesidad no existe) y 100% implicaría que es la única necesidad que te importa satisfacer
  3. Da una puntuación de 0 a 10 a cada una de esas necesidades en función del grado en el que tu trabajo (y la forma en la que lo haces) te permite satisfacerlas. 0 sería nada, 10 sería totalmente.

Para ilustrar este ejercicio de forma más gráfica, Frank Spartan se va a ofrecer como conejillo de indias y poner su culo en pompa para que le administren descargas eléctricas sin piedad. Y para que tengas un poco de capacidad de contraste, lo voy a hacer en dos momentos de tiempo: Cuando tenía 25-30 años (el joven Frank) y ahora (el Frank actual)

Para ser consistentes, usemos las mismas 7 necesidades que hemos mencionado anteriormente.

Ésta es la foto para el joven Frank:

Y ésta es la foto para el Frank actual:

Como puedes ver, el joven Frank daba mayor peso a las necesidades de ingresos, estatus y reconocimiento, mientras que el Frank actual da más peso a las necesidades de desarrollo de competencias, pasión y, especialmente, propósito.

Sin embargo, las puntuaciones totales son muy parecidas. El joven Frank tiene un 8,0 y el Frank actual un 8,5. Esto podría llevarnos a dos conclusiones:

  1. El grado de satisfacción es bastante elevado en ambos casos, con lo que a primera vista parece que conformarse con el trabajo que tienen no es una mala decisión, tanto para el joven Frank como para el Frank actual
  2. La diferencia de puntuación entre el joven Frank y el Frank actual no es tan grande, con lo que el Frank actual no ha ganado mucho con el cambio

Parece que está claro, ¿no?

¡Aaaaaaalto los caballos!

Antes de saltar alegremente a esas conclusiones, hay un par de cosas que debemos tener en cuenta.

1. La calidad de la satisfacción

A pesar de que el análisis que hemos hecho en el apartado anterior refleja de forma bastante fiel la realidad del momento, la ciencia nos dice que a pesar de que experimentemos cotas de satisfacción o felicidad parecidos en estos dos casos (8,0 vs. 8,5), la calidad de esa felicidad no es tan parecida.

Dicho de otro modo y llevándolo un poco al extremo, las necesidades que percibe una persona egocéntrica son diferentes a las de una persona altruista y conectada con el mundo que le rodea. Y la satisfacción de dichas necesidades lleva a diferentes tipos de satisfacción y felicidad. La profundidad, belleza y grado de permanencia de la satisfacción y felicidad de la persona egocéntrica que obtiene un aumento de sueldo o una promoción no es la misma que la que experimenta una persona altruista al generar un impacto positivo en los demás a través de su trabajo.

La intensidad de la felicidad puede ser parecida en ambos casos, pero el primer tipo de felicidad es más frágil, endeble e impermanente que el segundo.

Este principio, llevado a la realidad práctica, tiene dos implicaciones:

  • Si nos mantenemos en un nivel bajo de desarrollo de conciencia y lo que nos mueve es satisfacer necesidades que tienen que ver con mirarnos nuestro propio ombligo, el tipo de felicidad y satisfacción vital que obtendremos con nuestro trabajo será consistente con ese nivel: frágil, endeble e impermanente. Por eso, nos conviene dar pequeños pasos en el camino del crecimiento personal para acceder progresivamente a niveles superiores de conciencia y gravitar de forma natural hacia satisfacer otro tipo de necesidades diferentes, además de las puramente egocéntricas. Eso nos permitirá construir un tipo de felicidad más sólido, más equilibrado, más duradero.
  • Aunque no impulsemos proactivamente nuestro crecimiento personal, el paso del tiempo y la creciente toma de conciencia de nuestra mortalidad va despertando nuevas necesidades en nosotros mismos de forma natural. El hacernos más conscientes de que nos queda poco tiempo suele provocar que empecemos a hacernos preguntas sobre si estamos aprovechando la vida, si aún podemos hacer realidad algunos de nuestros sueños y si vamos a dejar algún legado que merezca la pena. Si no sientes aún ese picotazo, no te preocupes porque llegará. Pero también puedes tomar conciencia de este hecho un poco antes, cuando aún tienes tiempo, y empezar a tomar decisiones sobre tu trabajo para que ese picotazo no duela tanto cuando llegue. O quizá para que no llegue nunca.
Alguien que sabía una o dos cosas sobre la calidad de la felicidad

Relacionado con esto, la puntuación de 8,0 que el joven Frank obtenía con su trabajo en aquel momento fue bajando progresivamente, porque ese trabajo (o la forma en la el joven Frank lo estaba haciendo) no le permitía satisfacer lo suficiente esas otras necesidades que se fueron volviendo más importantes con el tiempo. El joven Frank fue descubriendo que ansiaba una felicidad de diferente calidad y que ese tipo de felicidad era muy difícil de obtener con aquel trabajo. Y eso fue una de las grandes razones que impulsaron al joven Frank a cambiar las cosas.

2. El contexto vital más amplio

Aunque encuentres que el trabajo te proporciona un alto nivel de satisfacción, conviene también contextualizarlo dentro de la foto más amplia. En otras palabras, analizar cómo encaja tu trabajo u ocupación profesional en esa foto con respecto a las otras dimensiones relevantes de tu vida.

Por ejemplo:

¿Cómo afecta ese trabajo a tu estructura emocional? ¿Cómo te sientes al hacerlo?

Hay personas que creen que están muy satisfechas con su trabajo porque puntúan alto en las necesidades que consideran más importantes, pero al mismo tiempo se sienten abrumadas, estresadas, ansiosas, fatigadas. La dinámica de ese trabajo les genera un desequilibrio emocional de algún tipo, aunque no le den demasiada importancia.

O por ejemplo:

¿Te deja ese trabajo suficiente tiempo y atención disponible para otras cosas que también contribuyen a tu satisfacción vital?

Hay personas que tienen una vida altamente desequilibrada en lo que se refiere a la satisfacción que obtienen en sus diferentes dimensiones. Es común encontrarse con gente que obtiene mucha satisfacción en el trabajo pero que dedica poco tiempo a otras dimensiones como la familia, las relaciones personales, el equilibrio cuerpo-mente, las aficiones, el aprendizaje sobre temas interesantes no relacionados con trabajo, etcétera, etcétera.

Esas desatendidas dimensiones, aunque hagan menos ruido y reclamen menos atención que el trabajo, son extraordinariamente importantes para llevar una vida equilibrada. Y llevar una vida equilibrada es extraordinariamente importante para tu bienestar a largo plazo. Porque ¿sabes qué? A veces, las cosas se tuercen. Los paracaídas fallan. De hecho, lo más probable es que algo así te suceda en algún momento de tu vida. Y si falla la dimensión donde has concentrado la inmensa mayoría de tu satisfacción vital, en este caso el trabajo, te quedarás con el culo al aire. Un culo blanco, fofo y carente de atractivo.

Por mucha satisfacción que te reporte el trabajo, si la forma en la que lo haces no te deja tiempo para que cultives las semillas de la satisfacción en otras dimensiones, desconfía de que sea la situación laboral adecuada. No pongas todos tus huevos de satisfacción en la misma cesta, por muy segura que parezca. Prácticamente todo puede cambiar con suprema facilidad y la satisfacción que obtienes de tu trabajo no es una excepción a esa regla.

Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan un puñetazo en los dientes.

– Mike Tyson

Ahora pasemos a ligar todas estas consideraciones con la historia de nuestro querido protagonista.

El joven Frank obtenía una elevada satisfacción de su trabajo en las necesidades que él consideraba relevantes en aquel momento, pero el impacto de su dinámica de trabajo en su estructura emocional no era bueno. Sentía ansiedad, dormía poco, su cuerpo estaba perdiendo flexibilidad y tenía cambios de humor frecuentes, lo que influía negativamente en su forma de relacionarse. Al mismo tiempo, las exigencias de ese trabajo drenaban mucho tiempo de otras dimensiones que el joven Frank consideraba muy importantes y que algunos episodios concretos reflejaron que se estaban deteriorando en silencio.

Y así, la conclusión a la que el joven Frank fue llegando con el paso del tiempo fue que esa puntuación de 8,0 era cuantitativamente buena en relación a su trabajo entendido de forma aislada, pero cualitativamente débil en el contexto de su estado emocional y la posibilidad de tener una vida equilibrada. Dicho de otra forma, la diferencia real de satisfacción laboral entre el joven Frank y el Frank actual es mucho mayor que lo que esa comparación de 8.0 vs. 8.5 en las tablas anteriores refleja.

Conclusiones

Si me has acompañado hasta aquí y has hecho un poco de análisis de tu situación profesional y la forma en la que te ganas la vida en base a estas ideas, probablemente tengas algo de  información que no tenías antes. O al menos tengas, en formato un poco más concreto, la información que antes solamente intuías de forma abstracta. Si te encuentras en alguno de esos dos casos, has obtenido algo que no tenías y eso implica que la primera parte de este post ha tenido alguna utilidad para ti.

En la segunda parte llevaremos esta utilidad un poco más lejos y nos centraremos en qué demonios puedes hacer con esta información que ahora tienes. En otras palabras, acaba el análisis y empieza la acción.

Pura vida,

Frank.

4 comentarios en “¿Debemos conformarnos con nuestro trabajo? (Parte I)”

  1. Hola Frank, gracias por tu post

    Me permito intentar aportar algunas cosillas (bajo mi prisma, claro).

    El contexto vital más amplio se puede incluir en la tabla de necesidades cubiertas.
    Por un lado, la variable que tú llamas “tiempo vital”, básicamente tiempo o posibilidad de hacer otras cosas en tu vida, puede ser una línea más de la tabla. Es una necesidad que debe ser satisfecha por tu trabajo,a la que tú das X% importancia y el trabajo te
    lo permite Y.
    Por otro lado cómo afecta ese trabajo a a tu estructura emocional debería ser un % que valorase la puntuación ponderada total. Es decir 100% si no te quita nada, y manos de 100% en función de si te quita más o menos estabilidad (por el tipo de trabajo, las tareas, etc.). Es decir, no se trata de cómo satisface tus necesidades, sino, en general, cómo te deja el cuerpo al final de la semana.

    Por otro lado, lo que tú llamas “calidad de la satisfacción”… muy probablemente se pueda tabular también en base a calibrar cada necesidad en función de su “calidad humana” o como quieras denominarlo.

    Bueno, es por intentar tabularlo todo un poco. No podemos utilizar números para cuantificar cómo un trabajo cubre nuestras necesidades y luego echarlo por tierra diciendo que todo eso es “vaorable desde otras ópticas” y hay que tener en cuenta otros factores más etéreos para valorar el resultado … no sé si me explico.
    Bueno, yo me he hecho unas tablas basadas en las tuyas. A mí me han servido. Eskerrik asko.

    Salud!

    1. Hola Javier,

      Gracias por tu comentario. Se ve que lo has pensado y le has dedicado tiempo.

      Sí, puedes perfectamente cuantificar todas las variables. Yo he dejado algunas (estabilidad emocional y equilibrio vital) fuera del análisis numérico porque son generalmente más complicadas de cuantificar, y en vez de eso las he contemplado en el análisis desde la óptica de “llegar a unos mínimos aceptables” o “pasar el corte”. En otras palabras, si la puntuación ponderada de los objetivos de mi trabajo me da un 7 y cumplo unos mínimos de equilibrio emocional y vital, puede ser suficiente. Si me da un 9 pero no cumplo esos mínimos, quizá debería plantearme cambiar.

      A mí esa forma me da más claridad sobre el tipo de acción que tomar. Si cuantificara todas las variables y obtuviera un 6.3, eso me crearía más confusión sobre la conclusión.

      Pero si a ti te da más claridad hacerlo como tú sugieres, pues estupendo.

      Saludos,
      Frank.

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