Una forma infalible de crear riqueza

En el apasionante y a veces temido terreno de las finanzas personales, el obstáculo principal al que nos enfrentamos no suele ser la falta de conciencia. Muchos de nosotros somos bien conscientes de la importancia de tener una buena salud financiera a la hora de navegar por la vida, ¿no es así?.

Claro que sí.

Sabemos que cada vez vivimos más tiempo y tendremos que trabajar más años para poder financiar nuestra etapa de jubilación.

Sabemos que la pirámide de población se encuentra muy sesgada hacia personas de edad avanzada y que el gasto en pensiones va en aumento, lo que provoca que la situación de las arcas públicas sea cada vez más insostenible.

Sabemos que el mundo es un lugar incierto en constante cambio y que nuestras condiciones laborales o circunstancias personales pueden sufrir alteraciones importantes, que requieran contar con músculo financiero para salir adelante.

Sabemos todo esto. Sabemos que es importante crear y preservar riqueza para no ser demasiado vulnerables a los acontecimientos sobre los que no tenemos control alguno. Sin embargo, cuando pasamos de ese estado mental de conciencia al plano más práctico, no conseguimos hacerlo demasiado bien. Somos auténticos maestros al gastar, pero muy torpes al ahorrar. Y más torpes aún al hacer crecer esos ahorros vía inversión.

Por alguna razón, siempre acabamos posponiendo estas decisiones. Vivimos como si no fueran importantes, aunque racionalmente sepamos que lo son. En nuestro día a día constantemente aparecen otras cosas que atraen nuestra atención, porque son más fáciles de manejar. Son cosas que nos producen un placer inmediato, o que nos evitan un dolor inmediato. Y mientras nuestra atención baila dócilmente al son de todas esas distracciones, el tiempo pasa. Nuestra resistencia mental a coger el toro por los cuernos aumenta, hasta que llega un momento en el que el problema se nos antoja tan complicado  de abordar que renunciamos a enfrentarnos a él.

Si te ves reflejado o reflejada en esta descripción de algún modo, no te preocupes, porque estás en nutrida compañía. Es una forma de actuar tremendamente frecuente en nuestra sociedad.

No obstante, por muy frecuente que sea, es un camino que no suele llevar a buen puerto. Emprender un largo viaje hacia un mundo desconocido sin agua en la cantimplora no es una buena idea, por mucho que ahora no tengamos sed. Tarde o temprano, la sed llega. Y cuando la sed llegue, es posible que nos veamos arrastrados a hacer algunas cosas para conseguir agua. Y es posible que sean cosas que nunca nos plantearíamos hacer si nuestra cantimplora estuviera llena.

La vida me ha enseñado muchas lecciones. Pero una de las más importantes es que es mucho más fácil ser uno mismo cuando tienes agua en la cantimplora.

La razón fundamental del bloqueo a crear riqueza

A pesar de ser conscientes de la importancia de gestionar adecuadamente nuestras finanzas personales, por alguna razón no acabamos de oír el “click” en nuestra cabeza que nos impulsa a actuar. No sólo no acabamos de decidir salir del agujero en el que nos encontramos, sino que seguimos cavando un hoyo cada vez más profundo.

¿Será por falta de alternativas?

Nada más lejos de la realidad. El mundo está repleto de posibilidades que nos permiten crear riqueza vía inversión. Sabemos que esas opciones existen, porque nos bombardean con ellas constantemente. Pero no acabamos de romper el círculo de nuestros hábitos de comportamiento. ¿Por qué? 

Bueno, las causas de esta situación se pueden atribuir a múltiples factores, pero Frank Spartan tiene especial debilidad por dos de ellos:

  1. La propensión natural a gastar el dinero del que disponemos
  2. Las creencias desempoderantes sobre la inversión

Estos dos factores son los que mejor explican por qué la mayoría de nosotros vamos por el mundo sin suficiente agua en la cantimplora. Explican por qué no nos sentimos suficientemente libres y seguros de nosotros mismos para perseguir nuestros sueños y romper los límites de nuestro potencial. Explican por qué nos contentamos con vivir una vida que no está del todo mal, en lugar de lanzarnos a vivir una vida extraordinaria.

Vamos a analizarlos un poco más y a explorar formas sencillas de neutralizar su influencia.

La propensión natural a gastar el dinero del que disponemos

Cuando tomamos decisiones sobre cómo diseñar nuestra vida, solemos seguir un patrón muy curioso: Establecemos nuestro nivel de gasto en función de nuestra generación de ingresos, sin apenas margen para el ahorro. Y cuando nuestros ingresos aumentan, también lo hacen nuestros gastos y nuestro nivel de vida.

Este fenómeno es universal. Funciona como un reloj suizo en prácticamente todas partes y aplica a la mayoría de personas. Desde un punto de vista de libertad de elección, es evidente que no necesitamos aumentar nuestro nivel de vida, porque ya operábamos en un nivel más bajo y seguíamos vivitos y coleando. Pero aun así lo hacemos, prácticamente de forma mecánica.

Nuestro cerebro funciona así: Favorece el corto plazo y abomina el largo plazo. Tener dinero disponible y no gastarlo, cuando hay tantas opciones a nuestro alrededor para experimentar placer, le parece una auténtica aberración. Es un tío caprichoso, qué le vamos a hacer.

Cuando gastamos y experimentamos placer, todo parece estar en su sitio. Todo parece que funciona como debe funcionar. Es algo que no tendemos a cuestionar, porque sienta bien. Y si el resto del mundo hace lo propio, pues blanco y en botella, porque además de experimentar placer por el acto en sí, también nos sentimos aceptados por los demás. Sentimos que encajamos, que pertenecemos, que cumplimos expectativas. Todo cuadra perfectamente, por eso repetimos ese comportamiento de forma automática.

Pero tú y yo sabemos que, a pesar de esa satisfacción que experimentamos en el momento, hacer algo así constantemente con la práctica totalidad de nuestro dinero disponible no es una buena decisión a largo plazo. ¿No es así? Hemos de poner agua en la cantimplora, ¿recuerdas?

La forma más sencilla de corregir esta pauta de comportamiento es incorporando un sencillo hábito a tu vida: Tengas los ingresos que tengas, en el momento en el que los recibas asigna una parte de forma automática al compartimiento de “creación de riqueza”. Ese compartimiento es un lugar que está exclusivamente destinado a hacerte cada vez más libre y más resistente a los vaivenes de la vida.

¿A que suena bien? Es como tener una especie de ángel de la guarda.

El método de asignación es cosa tuya, pero se debe producir con la frecuencia que prefieras (mensualmente, trimestralmente, etcétera) sin que tengas que tomar ninguna decisión. Sin pensar. Ha de ser automático: En cuanto te llegue el dinero, una parte se va ahí. Tú decides cuánto en función de tus circunstancias particulares (mi recomendación general es un mínimo del 10% de tus ingresos). Y el resto es lo que puedes gastar. 

Nada más. Sencillo, ¿no?

¿Que tienes algún capricho y quieres gastar más de lo que tienes disponible? No problem. Encuentra formas de aumentar tus ingresos, que seguro que las hay. Pero la asignación a creación de riqueza no se toca, marinero.

Una cosa muy simple que cuesta aprender es que el momento de ahorrar dinero es cuando tienes dinero.

Joe Moore

Con este sencillo hábito, tus finanzas personales estarán mejor gestionadas que las de la inmensa mayoría de personas. Parece una tontería, pero transforma totalmente la dinámica psicológica del cerebro: Por una parte, nos asegura la creación de riqueza. Y, por otra parte, si el deseo de gastar más nos clava su aguijón, lo cual es probable que suceda, estimula nuestra creatividad para hacer crecer nuestros ingresos.

En otras palabras, transformamos un círculo vicioso de extinción de ahorro y motivación para mejorar en un círculo virtuoso de creación de riqueza.

Pero eso no es todo. Todavía podemos darle a este proceso de creación de riqueza un buen empujón.

Las creencias desempoderantes sobre la inversión

El segundo factor de bloqueo a la hora de crear riqueza son las creencias desempoderantes sobre la inversión. En concreto, la creencia de que invertir es demasiado complejo y la creencia de que invertir tiene demasiado riesgo.

Estas dos creencias nos impiden avanzar en el proceso de creación de riqueza, por mucho que apliquemos el primer hábito del que hemos hablado (el ahorro automático) con disciplina espartana.

¿Por qué?

Porque en el mundo hay un bichito llamado inflación que se va comiendo, mordisco a mordisco, el poder adquisitivo de nuestros ahorros. Es decir, cuántas cosas podemos comprar con ellos.

La inflación es la subida que experimentan los precios de las cosas en un determinado periodo de tiempo. No es un fenómeno nuevo en absoluto. Ha estado ahí desde prácticamente el origen de las transacciones comerciales. Pero no por eso debemos menospreciar su importancia.

En concreto, hay tres aspectos en relación a la inflación que debemos tener muy en cuenta a la hora de tomar decisiones sobre nuestras finanzas personales:

  • La magnitud del impacto de la inflación a largo plazo está increíblemente infravalorada. En menos de 30 años, el poder adquisitivo de 1 euro puede caer a más de la mitad, y eso es asumiendo que la inflación continúa a niveles relativamente bajos. 
  • El riesgo de que la inflación general aumente progresivamente es ahora mucho mayor que antes, debido a las políticas de expansión monetaria de los bancos centrales: En cristiano, hay mucho más dinero en el sistema hoy, sin oro u otra fuente de valor intrínseco que lo respalde, y las cosas que podemos comprar con todo ese dinero son las mismas que ayer. Si esto no es una señal de que algo no va bien, no sé cuál es.
  • Las cosas que más necesitamos, como la educación, el alojamiento, los alimentos y la sanidad, suelen tener, misteriosamente, una inflación muy superior a la inflación general. Para evaluar cómo nos afecta realmente la inflación, hemos de tener en cuenta cuánto crecen los precios de las cosas que más necesitamos, no los precios de las cosas en general.

En otras palabras, si no inviertes, la inflación se irá comiendo tus ahorros. Invertir no tiene demasiado riesgo. Es el no invertir lo que lo tiene. Métete esto en la cabeza, porque si no lo ves, tienes un problema.

La inflación quita a los ignorantes y da a los bien informados.

Venita VanCaspel 

Y aquí llegamos al obstáculo más grande del camino: La creencia de que invertir es demasiado complejo. De que no somos capaces de hacerlo y que debemos pasar del tema o a lo sumo dejarlo en manos de alguien que sabe.

De eso nada, colega.

Si esa creencia revolotea por tu cabeza, ponte en guardia, porque es una creencia altamente destructiva. En el mundo en el que vivimos, sin una educación financiera básica, eres carne de cañón. Es demasiado importante.

Tu nivel de éxito rara vez excederá tu nivel de desarrollo personal, porque el éxito es algo que atraes en base a aquello en lo que te conviertes.

Jim Rohn

¿Qué debes hacer si compruebas que tienes esa creencia?

Muy sencillo: Incorporar un segundo hábito a tu vida. El hábito de aprender.

No todos contamos con la misma cantidad de tiempo disponible para aprender. Puede que incluso creamos que no nos queda nada de tiempo para hacerlo. Si es así, relax. Observa las cosas en las que empleas tu tiempo en el día a día y pregúntate si hay algo menos importante que aprender a crear riqueza y libertad en tu vida. Es  muy posible que lo haya. 

Puedes aprender a tu ritmo. Puedes aprender de la forma que mejor se adapte a tus circunstancias particulares. Puedes leer libros. Puedes ver vídeos. Puedes leer blogs. Puedes consultar a personas en las que confías que estén más avanzadas que tú. Puedes decirle a tu familia o amigos que te regalen un curso de inteligencia financiera por tu cumpleaños, en vez corbatas, perfumes, pares de zapatos u otras gilipolleces que no sirven para gran cosa.

Las posibilidades están ahí, sólo tienes que elegirlas.

La información es abundante. Es el deseo de aprender lo que es escaso.

Naval Ravikant

Ahí lo tienes: Asignación automática de parte de tus ingresos a creación de riqueza y dedicar algo de tu tiempo a formación financiera. Incorpora estos dos hábitos a tu vida y siempre habrá agua en tu cantimplora.

Pura vida,

Frank.

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