Las maravillas de la soledad

Hace varias semanas, Frank Spartan se fue de viaje. Es algo que suelo hacer de forma regular, por muchas razones que no vienen al caso. Lo que sí viene al caso es una anécdota que tuvo lugar dos días antes de partir, cuando me encontré casualmente con un amigo que no veía hacía algún tiempo.

Durante nuestra conversación, el asunto del viaje hizo su aparición de forma natural. El lugar de destino fue la primera pregunta. E inmediatamente después, hubo una segunda.

¿Con quién vas?

Voy solo – le dije.

¿Solo? – preguntó, arqueando las cejas y hundiendo la barbilla en el cuello – ¿Y eso?

La reacción de mi amigo no es extraña. Por lo general, pasar tiempo solos no se concibe como algo deseable. Por el contrario, es un estado o circunstancia que, en nuestra cultura actual, intentamos evitar por todos los medios a nuestro alcance.

Algunas personas lo consideran una especie de desperdicio, como si fuera tiempo que tiramos a la basura. Otras personas se sienten raras, porque están acostumbradas a estar prácticamente siempre en compañía de alguien. Otras se aburren. Y otras temen que su imagen social se vea estigmatizada con etiquetas como “colgado”, “bicho raro” o cualquier otro término pintoresco de ese estilo.

Esta dinámica social, por muy natural que parezca y extendida que se encuentre, es tristemente desafortunada, por varios motivos que vamos a analizar en este post. Sí, ya te adelanto que Frank Spartan no solamente sostiene que evitar la soledad es pernicioso, sino que va mucho más allá: Debemos buscar momentos de soledad de forma proactiva, porque es un ingrediente clave para vivir una buena vida. 

Hecho el spoiler y jodido el misterio, vamos allá.

¿Qué clase de soledad es la adecuada?

Empecemos por un poco de semántica. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de “soledad”?

Esta puntualización es importante, porque enfocar el significado de la palabra soledad de forma equivocada genera una connotación negativa en nuestro cerebro, que a su vez es una de las grandes razones de nuestro deseo de evitarla.

No es lo mismo “estar solo” que “sentirse solo”.

“Estar solo” es una circunstancia. Un hecho. Una realidad externa.

“Sentirse solo” es una emoción. Un estado anímico. Una sensación interna.

“Sentirse solo”, el estado anímico, es lo que queremos evitar. Y la forma que solemos elegir para conseguir evitar esa sensación interna es “no estando solos”. Rodeándonos de gente. Gestionamos nuestra circunstancia o realidad externa para evitar el estado anímico indeseado.

Y eso genera algunos problemas, como veremos a continuación.

El idioma inglés, curiosamente, tiene dos palabras diferentes para expresar cada uno de estos dos significados. “Solitude” hace referencia a “estar solo”, la realidad externa. “Loneliness” hace referencia a “sentirse solo”, la sensación interna.

Sentirse solo no es una sensación agradable. Ni tampoco un objetivo deseable. El problema es que la inmensa mayoría de la gente asocia “estar solo” con “sentirse solo”. Asocia “solitude” con “loneliness”. Esa asociación es ficticia. Sólo existe en su cabeza, porque no hay correspondencia real entre ambas. La realidad es que uno puede estar solo y no sentirse solo. Y de la misma forma, uno puede no estar solo y sentirse solo.

“I used to think that the worst thing in life was to end up alone. It’s not. The worst thing in life is to end up with people who make you feel alone.”

– Robin Williams

Vale Frank, pero si yo estoy bien y no me “siento solo” cuando estoy en compañía, ¿por qué narices me puede interesar “estar solo”?  ¿Qué voy a conseguir que no tenga ya?  

Ésa es una buena pregunta, colega. Veamos por qué.

1. No vas a poder evitarlo

El primer argumento de peso es que “estar solo” no es un botón que puedas apagar y encender a tu antojo durante toda tu vida, sino más bien un destino al que llevan la mayoría de los trenes. Al menos, eso es lo que muestran los datos:

Como se puede apreciar, el promedio de tiempo que pasamos en solitario se va reduciendo con la edad a partir de la década de los 40, en detrimento del que compartimos con otras personas de nuestro entorno, con excepción de la pareja. Sí, ya. No tiene por qué ser tu caso particular. Pero los misterios insondables de la vida parecen conducir a la mayoría de nosotros por esos derroteros.

A la vista de estas tendencias, quizá depender de “no estar solo” para “no sentirte solo” no sea la mejor estrategia. Y más aún en el contexto de inestabilidad de pareja que atravesamos en nuestra cultura actual y que no tiene viso alguno de cambio de tendencia a corto plazo.

Quizá, sólo quizá, aprender a “no sentirte solo” cuando “estás solo” tenga bastante sentido. De hecho, yo diría que es un superpoder que merece la pena desarrollar, por una mera cuestión de supervivencia emocional en un escenario que, en base a los datos, no parece precisamente improbable.

2. Es la única forma de conocerte a ti mismo

El segundo argumento de peso es que nuestra forma de pensar y comportarnos está fuertemente influenciada por nuestra necesidad innata de aceptación y pertenencia, y eso genera una gruesa capa de niebla entre nuestro “yo social” y nuestro “verdadero yo”.

Somos animales sociales porque la relación con los demás nos permitió sobrevivir y evolucionar como especie. Sin embargo, ese beneficio camina con una oscura sombra grapada al culo: Dificulta nuestra capacidad de entender quiénes somos realmente y manifestar esa identidad en el mundo, porque inconscientemente perfilamos nuestra filosofía de vida, nuestra forma de pensar, nuestras creencias y nuestros comportamientos en base a lo que intuimos que será aceptado por los demás. Al menos “los demás que nos interesan”.   

Esta dinámica permanece invisible a nuestros ojos, porque está tan interiorizada que el programa se ejecuta de forma inconsciente en nuestras cabezas. Cuando estás con alguien, todo lo que dices y todo lo que haces pasa primero por el filtro de lo que crees que el otro considerará aceptable. En cierto modo, eres esclavo de tu interpretación de las expectativas de los demás, en todos y cada uno de los momentos que compartes con ellos. No lo piensas, porque no te das cuenta de ello. Pero es así. Y cuanto más dependes de estar acompañado para no sentirte solo, mayores son tus tragaderas para hacer lo que sea que satisfaga las expectativas de los demás.

“When I am among the many, I live as the many do, and I do not think as I really think. After a time, it always seems as they want to banish me from myself and rob me of my soul. I then require the desert, so as to grow good again.” 

–  Friedrich Nietzsche

Cuando estás solo durante un tiempo, vas descubriendo cómo pensar sin influencias externas. Te liberas de las expectativas de los demás. Experimentas una forma de libertad que raramente puedes disfrutar en compañía. Y en esa libertad de pensamiento y acción te vas conociendo cada vez más a ti mismo.

Si crees que exagero sobre la influencia de los demás en nuestra experiencia consciente, piensa en alguna vez que hayas estado sentado tranquilamente o caminando en la naturaleza con la sensación de estar solo, y de repente ha aparecido alguien y se ha colocado cerca de ti. Piensa en la experiencia de antes, y en la experiencia de después. No tienen nada que ver. Una vez que eres consciente de que alguien está ahí y es consciente de ti, tu proceso de pensamiento y atención se transforma. Te sientes, de algún modo, observado. Quizá juzgado. Y eso altera tu experiencia dramáticamente, aunque sea un completo desconocido que no vas a volver a ver.

Ahora extrapola esa dinámica a todas las áreas de tu vida, en todo momento. Si eres sincero contigo mismo, verás que tu máscara social lleva el timón de tu barco mucho más tiempo en el día a día que la persona que hay detrás de ella. Quizá ni seas del todo consciente de que hay alguien detrás de ella.

Sin soledad no puedes ser libre. Sin libertad no puedes conocerte a ti mismo. Sin conocerte a ti mismo no puedes manifestar tu verdadera identidad en tus decisiones vitales. Y sin manifestar tu verdadera identidad en tus decisiones vitales no puedes estar realmente satisfecho con tu vida.

Sí, puedes autoconvencerte de que eres feliz en base a los cánones sociales de lo que es ser feliz, pero algo en tu interior te dirá, cuando menos te lo esperes, que estás haciendo trampas jugando al solitario.

3. Pensarás con mayor claridad

Otro de los grandes beneficios de estar solo es depurar tu proceso de pensamiento y cultivar tu claridad mental.

Una deformación habitual de la experiencia de estar solo es emplear el tiempo en actividades que adormecen nuestra claridad mental. Dedicar el tiempo a ver Netflix, las redes sociales, vídeos de YouTube, y cosas por el estilo. Cuando Frank Spartan habla de “estar solo” no se refiere a esto. El concepto al que me refiero se acerca más a no hacer nada. A infraestimular la mente, frente a la frecuente sobreestimulación a la que nos vemos expuestos, día sí, día también.

La sobreestimulación de la mente contamina nuestro proceso de pensamiento. Nos vuelve adictos a estar haciendo algo constantemente para distraernos. No hay silencio, sino un interminable torrente de ruido. Nos hemos acostumbrado a vivir así, incluso nos hemos vuelto dependientes de ello. Por eso estar sin hacer nada nos resulta tan difícil, y por eso lo sustituimos por prácticamente cualquier cosa que nos permita entretenernos un poco y evitar dialogar con nosotros mismos.  

“All of humanity’s problems stem from man’s inability to sit quietly in a room alone.”

– Blaise Pascal

Una vez vencemos la resistencia inicial, no hacer nada calma nuestra mente. Simplemente estar, caminar, respirar y observar depura nuestro proceso de pensamiento. Nos permite ver las cosas con mayor claridad y llegar, sin apenas esfuerzo, a soluciones obvias para problemas que antaño parecían imposibles.

Se habla mucho sobre la meditación. App por aquí, música trascendente por allá, combinación de respiraciones por aquí, mantras onomatopéyicos por allá… Eso, en una gran parte, no son más que chorradas con fines comerciales. No hace falta nada de eso para meditar. Meditar es simplemente sentarse en una posición cómoda y no hacer nada. Simplemente observar lo que sucede en tu mente. Fin. Es el proceso de calma de la mente y el nivel de consciencia que emerge de él lo que genera bienestar.

Más fácil no puede ser. Sin embargo, huimos de esa calma mental como de la peste, porque nos hemos enganchado a la sobreestimulación en nuestra dinámica vital. La soledad proactivamente elegida es el camino para devolver a nuestra mente la claridad que le hemos arrebatado con nuestro estilo de vida. 

4. Tendrás mayor capacidad de establecer límites más sanos

Otra de las grandes ventajas de estar solo – o, mejor dicho, de aprender a no sentirte solo estando solo – es que dejas de depender tanto de los demás para llenar vacíos. Y eso te permite ser mucho más selectivo con el tipo de personas con las que te relacionas.

Cuando vas aprendiendo a disfrutar de tu propia compañía, vas necesitando menos a los demás para sentirte bien. Construyes, poco a poco, una posición de autosuficiencia emocional.

Esto no quiere decir que puedas prescindir completamente de las relaciones sociales. Probablemente no podrás. Ni tampoco debes hacerlo, porque las investigaciones reflejan que las relaciones sociales son muy necesarias para la salud mental y la satisfacción vital a largo plazo. Pero lo que sí podrás hacer es evitar relacionarte con personas que no te llenan.

Todos hemos estado en situaciones en las que nos hemos relacionado con personas que no nos llenan. Personas que no nos respetan. Personas que nos drenan energía. Personas narcisistas, insensibles, violentas, vengativas, avariciosas, tóxicas. Personas de valores incompatibles con los nuestros. Y lo hemos hecho porque, en ese momento, nos veíamos obligados a hacerlo. Nos sentíamos solos, dependientes, débiles.

Saber estar solo te proporciona un chaleco antibalas que te protege de toda esa mierda. Te relacionas con quien te aporta y con quien te apetece. Porque quieres, no porque lo necesitas. Estableces límites que regulan que tus relaciones añaden satisfacción real a tu vida. Mayor, o de un cariz diferente, a la que ya obtienes en tu soledad.

“I do not have time for things that have no soul”

– Charles Bukowski

Cuando alguien de comportamiento indeseable entra en tu círculo, o alguien que está ya dentro se comporta como un capullo, esos límites entran en funcionamiento. Si esa persona los rompe, tu relación con ella termina, o cambia hacia un formato de relación que es consistente con tus límites. Pero no toleras las gilipolleces. Ya no. No tienes que tolerarlas, porque no necesitas pagar ningún peaje de precio desorbitado para estar en compañía de nadie. Lo que era banal, mediocre y tóxico va reduciendo su presencia en tu vida. Y lo que era de calidad, como la amistad de verdad, la virtud y el tipo de energía que te llena, se va haciendo cada vez más presente.

Y eso merece de verdad la pena.

5. Tendrás mayores oportunidades de desarrollar tu talento y originalidad

El último gran beneficio de estar solo es la mayor capacidad de desarrollar tu talento y de cultivar tus pasiones.  

El impulso a la conformidad en nuestra sociedad es altísimo. Y lo es porque el imán de la aceptación social tiene una fuerza magnética descomunal. Nos atrapa y nos hace desear no querer romper el molde. No ser diferente a los demás, no destacar, no elegir un camino diferente. Nos estanca en la mediocridad y nos inocula un terror visceral a mirar al cielo y aspirar a volar.  

Pero el ser humano no desea la mediocridad. En lo más profundo de su alma, existe una necesidad fundamental que anhela satisfacer. La necesidad de dejar huella y expresar su originalidad. Lo que Maslow llamó “autorrealización” y que se encuentra en la cúspide de su pirámide de necesidades vitales.

Si quieres desarrollar tu talento y llevarlo a otro nivel, la soledad es probablemente tu mejor aliado. Dependiendo del tipo de habilidad, puede que necesites apoyo de otras personas en determinados momentos del proceso, pero lo que marcará la diferencia es tu capacidad de practicar y aprender durante un tiempo prolongado. Y eso requiere una calidad de concentración que solamente se puede obtener en soledad. Es una de las ideas fundamentales de “Maestría”, la famosa obra de Robert Greene.

No es casualidad que muchos de los grandes pensadores, artistas y acuñadores de ideas originales a lo largo de la historia fueran amantes de la soledad. La soledad, bien enfocada, es un camino directo a la grandeza.

“The best thinking has been done in solitude. The worst has been done in turmoil.”

– Thomas A. Edison

Conclusión

Como hemos visto, la soledad tiene una connotación negativa en nuestra sociedad, pero encierra un abanico extraordinario de virtudes que son muy relevantes para vivir una vida que merezca la pena.

Vencer la resistencia inicial a la soledad no es fácil. Durante los primeros pasos, te sentirás raro. Incómodo. Desubicado. Pero, poco a poco, empezarás a saborear algunos de sus beneficios. Beneficios que son, como es muy posible que eventualmente compruebes, adictivos. Una vez que los experimentes, no querrás renunciar a ellos. Son demasiado buenos.

Sin embargo, el equilibrio es esencial. No es bueno pasarse de frenada con la soledad. Las relaciones personales son fundamentales en el organigrama de la felicidad, y debes cultivarlas con sabiduría. Unas pocas, bien elegidas, en las que puedas invertir un nivel de atención y cariño especial a lo largo del tiempo y en las que puedas confiar, y unas muchas que complementen las diferentes dimensiones de tu vida en las diferentes etapas.

“Happiness is only real when shared.”

– John Krakauer, Into the Wild

Lo que has de tener en cuenta es que las relaciones personales suelen fluir de forma natural a tu vida, mientras que las oportunidades productivas de estar solo, dependiendo de tu dinámica vital, puede que no caigan a borbotones en tu regazo. Si eso es así, debes tomar el control y ser proactivo en la construcción de tus momentos de soledad, aunque algunas de las personas de tu entorno frunzan el ceño.

Tu vida depende de ello, en el auténtico sentido de la palabra.

Pura vida,

Frank.

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1 comentario en “Las maravillas de la soledad”

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