¿Cuál es la relación entre la libertad financiera y la felicidad? (Parte III)

En la segunda parte de este post profundizamos en las implicaciones prácticas de elegir placer material o realización como la fuerza principal que dirige nuestro modelo de satisfacción y toma de decisiones. Y dejamos unas preguntas en el aire: ¿Cómo podemos dar más peso a la realización como motor de nuestra vida si estamos metidos de lleno en el fatídico círculo sin fin? ¿Cómo podemos salir de ese pozo de restricciones, empezando por las financieras y siguiendo por las mentales y emocionales, donde nos hemos zambullido con el paso de los años tan alegremente, para así explorar otros caminos con más posibilidades de realización?

Estas preguntas forman parte de un problema complejo cuya solución iremos descubriendo poco a poco en futuros artículos. Una solución que quizá hoy parece difícil de encontrar, pero que a medida que nos adentramos en el camino de la libertad se va volviendo extraordinariamente simple.

Ahora, para enfocar mejor la tercera parte de este post, me gustaría hablarte de Jaime.

La historia de Jaime

Jaime es amigo de un íntimo amigo de Frank Spartan. Tiene dos pasiones: La tecnología y las comilonas en restaurantes.

Esas dos pasiones tienen ramificaciones prácticas importantes en su vida. Cada vez que su empresa favorita de tecnología saca un nuevo modelo de gadget al mercado, Jaime lo compra. Y cada vez que hay un plan de comilona en restaurante a su alcance, Jaime se apunta. Para este tipo de cosas, tiene la templanza del conde Drácula ante el cuello descubierto de una damisela.

Jaime lleva diez años haciendo un trabajo que no le gusta demasiado. Le exige muchas horas sentado delante del ordenador y atendiendo a clientes que llaman sin cesar solicitando ayuda con multitud de problemas técnicos. Siempre ha querido hacer otra cosa que le permita vivir con mayor control de su tiempo, pero nunca se ha decidido a cambiar.

Un día, Jaime tuvo un imprevisto en el piso que había comprado años atrás. El imprevisto requería un pago de 20.000 euros en un plazo de tiempo relativamente corto. Y como Jaime no disponía de ahorros y debía hacer frente a una hipoteca considerable, no le quedó más remedio que pedir un crédito al banco al 8% de interés.

Al de pocos meses, un buen amigo le contactó sobre un nuevo proyecto profesional. Estaba montando una empresa en un sector directamente relacionado con aquel en el que Jaime trabajaba y quería contar con él. Era una gran oportunidad, con más autonomía de horarios y muchas posibilidades de desarrollo profesional. Su amigo, en el que confiaba plenamente, contaba ya con bastantes clientes potenciales y el riesgo de que las cosas fueran mal en la primera fase del negocio parecía estar bajo control.

Sólo había un pequeño problema: Era necesario asumir que durante el primer año de vida del negocio no iban a cobrar ningún sueldo, porque la forma en la que los contratos de partida con los clientes estaban estructurados así lo requería.

Jaime no podía permitirse estar 12 meses sin cobrar. Necesitaba hacer frente a su hipoteca y sus gastos recurrentes. Así que no le quedó más remedio que declinar aquella oferta. Su amigo encontró otra persona rápidamente.

A primera vista, parece mala suerte. Pero no es más que la consecuencia natural de la conexión entre dos puntos que Jaime creía desconectados cuando compraba todos aquellos gadgets y se apuntaba a todas aquellas comilonas en restaurantes.

La sutil conexión entre dos puntos

Prácticamente todo lo que haces ahora, incluyendo tus hábitos de entretenimiento, la casa que has comprado o quieres comprar, la zona en la que decides vivir, las actividades de ocio de tus hijos, la forma en la que gestionas tus relaciones, las personas de las que te rodeas, los libros que lees, las habilidades que desarrollas, las cosas que aprendes, la forma en la que te desenvuelves en tu trabajo, el uso de tus ahorros, los caprichos que compras e incluso algo que parece tan nimio como el hábito de desayunar en casa o fuera de ella, implica adquirir o destruir libertad futura.

Esto que digo parece una exageración, pero no lo es. Un principio que siempre se cumple es que una serie de pequeños pasos en una misma dirección durante un periodo de tiempo prolongado acaban convirtiéndose en una distancia enorme. Y el proceso de generación o destrucción de libertad de actuación no es ninguna excepción a ese principio universal: Una serie de pequeños pasos en la dirección equivocada durante un tiempo prolongado acaban creando unos grilletes financieros, mentales y emocionales que apenas te dejan moverte.

Todas esas decisiones y hábitos que Frank Spartan ha mencionado, y muchos otros, afectan, en mayor o menor grado, a la flexibilidad y opcionalidad que tendrás – y que sentirás que tienes – al cabo de unos años para crear la realidad que deseas. Por esta razón, si quieres contar con esa opcionalidad, la persona que eres ahora, tu yo actual, va a tener que dar una serie de pasos y renunciar a una serie de cosas a las que quizá estás acostumbrado, para concentrar más intensamente tu atención, tiempo y energía en otras. Y ese proceso simultáneo de renuncia y concentración va a ir transformando tu mente y tus circunstancias de tal forma que tu yo futuro podrá ir construyendo la libertad necesaria para explorar alternativas vitales. Alternativas con más posibilidades de alcanzar la realización personal, ese nivel superior de felicidad al que tu yo actual aspira, a través de la acción creativa.

Recuerda que tú eres el único responsable de tu felicidad a través de tus decisiones. El mundo no te debe nada y nadie va a venir a salvarte. Sentirte libre y tener opciones es un salvavidas que siempre te mantendrá a flote, por muy agitadas que estén las aguas a tu alrededor. Y Frank Spartan no tiene ninguna duda de que el mar estará muy revuelto en las próximas décadas, tanto para ti como para tus hijos si los tienes. Por eso construir libertad es una filosofía de vida que merece tanto la pena adoptar, como el Jaime de nuestra historia comprobó al sentir la amarga dentellada de la ausencia de libertad en su trasero, cuando su gran oportunidad de realización personal se presentó. 

Fuente: Randy Glasberger

¿Es esto posible?

Dependiendo de tu situación particular, es posible que todo esto te suene un poco a paja mental, pero no lo es. La generación de libertad para tu yo futuro a través de las decisiones del yo actual es un camino real y nítido, aunque no pueda apreciarse de esa forma desde la línea de salida. Frank Spartan lo anduvo y sucedió exactamente lo que describo aquí. Por eso estoy ahora redactando este post, sin saber ni importarme cuánto tiempo ha pasado desde que empecé, en lugar de trabajando en algo que no me satisface del todo y gastando el sueldo en caprichos para aliviar la silenciosa insatisfacción que se agita bajo la superficie. Pero lo importante aquí no es que la primera opción sea necesariamente mejor que la segunda para todo el mundo y en cualquier momento, porque no lo es. Lo importante es que lo es en mi caso particular y en este preciso momento. Y gracias a las decisiones que tomé en el pasado, mi yo actual puede elegir esa opción ahora mismo sin grandes dificultades.

Un aspecto interesante es que Frank Spartan no tenía ni idea de que iba a estar ahora haciendo esto. Simplemente sentía que el círculo sin fin no era donde quería estar. Sentía que tenía que hacer algo diferente, algo mejor, pero no sabía exactamente qué. Por eso, el primer paso que di fue elegir que iba a ser la realización personal, y no el placer material, la fuerza que más peso iba a tener en mi vida a partir de entonces. Una vez tomé esa decisión, empecé a dar pequeños pasos en el presente para dotar a mi yo futuro de mayor libertad, y desde esa libertad, descubrir cuál era mi sitio y crear mi propia realidad.

Lo que debes entender, y en lo que profundizaremos en futuros artículos, es que elegir que el placer material no sea la fuerza que guía tu vida no implica convertirse en un asceta de la India, llevar taparrabos y caminar con alpargatas. De hecho, el placer ocupó una gran parcela de la vida de Frank Spartan durante mi travesía hacia la libertad financiera. Simplemente fui más selectivo al elegir las experiencias de placer, me concentré en la calidad mucho más que en la cantidad y me aseguré de que esas experiencias no entraban en conflicto con mi objetivo principal, con la fuerza que ahora tenía prioridad en mi vida. Y esa forma de actuar eliminó las restricciones financieras de forma natural, sin que tuviera la sensación de estar haciendo ningún sacrificio durante el proceso de renuncia.

Curiosamente, el nivel de disfrute que obtuve, y sigo obteniendo, con esas experiencias de placer fue muy superior al que solía obtener antaño. La razón es que ahora veía esas experiencias de placer como regalos maravillosos que adornaban un camino con significado profundo, libremente elegido, dentro de una vida vivida con intención. Y eso hacía que el placer supiera mucho mejor de lo que sabía antes, cuando su objetivo fundamental era simplemente cubrir el vacío que sentía mientras caminaba por el círculo sin fin.

Éste es un punto clave, porque a pesar de la importancia de conectar tu yo actual y tu yo futuro en tu mente y establecer una serie de objetivos que redunden en mayor libertad futura, debes aprender a disfrutar del momento presente. Porque el momento presente es todo lo que tienes, lo único que es real.  La dirección que llevas es importante, pero la auténtica felicidad nunca se encuentra en el futuro sino en el ahora, en este momento. La libertad financiera necesita de tiempo cronológico para nacer a través del proceso de ahorro e inversión, pero tú no necesitas ese tiempo cronológico para estar satisfecho y sentirte feliz. Ni tampoco necesitas tiempo psicológico, el pensar constantemente en lo que harás o dejarás de hacer cuando conquistes la libertad.

La llave de la satisfacción se encuentra en disfrutar del momento presente a través del buen uso de la atención, en lugar de obsesionarte por el futuro. Sin eso, por muy nobles que sean tus objetivos de futuro, todo dejará inmediatamente de tener sentido y el camino se convertirá en una larga y pesada agonía donde no aprenderás gran cosa. Por eso, uno de los grandes pilares de esta filosofía de libertad es aprender a disfrutar del momento durante el proceso de renuncia, con la tranquilidad de que llevas una buena dirección y que estás construyendo los cimientos para sacarle el máximo partido de disfrute a los momentos futuros cuando lleguen.

¿Y ahora qué?

En este post hemos cubierto, a muy alto nivel, los principios filosóficos básicos que necesitas adoptar para abordar la travesía hacia la libertad financiera, e indirectamente, hacia la libertad en sentido amplio. Como puedes ver, no es nada extraordinariamente complicado. De hecho, si consigues interiorizar de forma profunda la sutil conexión entre el yo actual y el yo futuro, tendrás ya una gran parte del camino hecho.

Lo interesante del asunto es que, una vez adoptes estos principios en tu forma de pensar e incorpores ciertos patrones de conducta, la cantidad de tiempo cronológico que separa a tu yo actual de ese yo futuro que ha conquistado la libertad puede ser mucho menor de lo que parece a primera vista. Y para darle una perspectiva práctica y empírica a este planteamiento, Frank Spartan hará un ejercicio real en este blog, en el que tomaremos y documentaremos una serie de decisiones del yo actual que contribuirán a crear libertad financiera para que el yo futuro pueda explorar alternativas de realización personal cuando llegue el momento con mucha más facilidad. Tengo que pensar bien cómo lo hacemos para que este ejercicio sea práctico e intuitivo, pero algo se me ocurrirá.

Te dejo con un último pensamiento: Incluso si tu modelo de felicidad se encuentra más guiado por la búsqueda de la realización personal que por la búsqueda del placer material, quizá seas de los impacientes y pienses que te gustaría tener a mano el Delorean de Back to the Future para reunirte inmediatamente con ese yo futuro que parece tan libre, carismático y enrollado; y así disponer de ese preciado superpoder de libertad financiera ahora mismo, sin tener que esperar todo ese tiempo que os separa.

Pero eso, amigo mío, a pesar de su aparente atractivo, te privaría de la transformación interior que conlleva andar el camino que conecta esos dos puntos. Y esa transformación es tan o más importante que el destino en sí, porque es lo que permitirá a tu yo futuro usar ese superpoder con la sabiduría adecuada para que encuentres auténtica satisfacción a lo largo de todas las etapas de tu vida.

Así que navega con calma, marinero. Porque el puerto aparecerá cuando estés listo.

Pura vida,

Frank.

2 comentarios en “¿Cuál es la relación entre la libertad financiera y la felicidad? (Parte III)”

  1. LLegados a este punto, comprendida la realidad y visto que hay una vida ahí fuera por la que merece la pena luchar, ¿cual es el siguiente paso a dar?

    Entiendo que el tiempo y el dinero (excedente o corriente con más sacrificio) disponibles son los que podrán marcar la diferencia entre la resignación hasta los 67 años o el ganarle unos cuantos buenos años a tu vida, correcto?

    Ojala me este pillando a mi con tiempo suficiente 😉

    1. Depende del caso. Hay personas que navegan como Magallanes entre restricciones financieras y no se achican a la hora de tomar riesgos. Y hay personas a las que las restricciones financieras o el miedo a quedarse sin dinero les inmovilizan y les impiden actuar. En mi experiencia, la inmensa mayoría del mundo se encuentra en el segundo grupo. Por eso reducir las restricciones financieras es un catalizador vital tan importante.

      El siguiente paso? Vaya preguntita, Lander.

      Digamos que tiene varios frentes que iremos desarrollando en el blog: 1) examinar tu vida y tus hábitos para identificar qué partidas de gasto y tiempo invertido añaden satisfacción auténtica a tu vida y cuáles no; 2) eliminar las que no, expandiendo la tasa de ahorro y el tiempo libre; 3) invertir los ahorros de forma continuada; 4) invertir el tiempo liberado en empezar a explorar otros caminos; 5) construir libertad financiera suficiente para poder dar el salto que redunde en mayor satisfacción vital sin que nos dé un ataque de ansiedad.

      En cuanto al tiempo, nunca es tarde para vivir un poco mejor. Porque sólo podemos vivir mejor en este momento.

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