10 habilidades que no decepcionan

Una de las cosas que Frank se ha acostumbrado a hacer en los últimos años es salir de vez en cuando de la pista de “Scalextric” de la vorágine vital en la que todos estamos inmersos y… observar.

Observar hacia dónde voy, por qué, y qué estoy haciendo en el día a día para llegar allí.

Esta es una práctica muy curiosa. Especialmente porque, si no la llevas a cabo con frecuencia, cuando te lanzas a ello sueles caer en la cuenta de que vas a la deriva.

Ves que lo que estás haciendo no tiene demasiada correspondencia con tus objetivos vitales.

Ves que tu trayectoria, lejos de acercarse al lugar al que quieres llegar, se va desviando y alejándose progresivamente de él.

Lo curioso de todo esto es que no se suele apreciar desde dentro de la pista de Scalextric. Cuando estás dentro sigues repitiendo patrones de pensamiento, hábitos y reacciones, influenciado por las personas de tu entorno y racionalizando excusas para evitar salir del campo de influencia de la inercia que te empuja.

Y la vida sigue, mientras tu coche de carreras va sujeto a los raíles de una pista de recorrido prediseñado, que te otorga la falsa impresión de que estás eligiendo libremente tu camino.

Pero no, no estás eligiendo realmente tu camino. Simplemente aceleras y desaceleras en un camino ya trazado que da vueltas sobre sí mismo.

Salir de la pista de Scalextric y observar desde un plano superior te permite tomar conciencia de la distorsión y te brinda la posibilidad de corregir el rumbo.

La pregunta es… ¿podrás hacerlo?

¿Podrás corregir ese rumbo aunque sepas apreciar que te estás desviando?

¿Tendrás las habilidades necesarias para sacar el coche de esa pista y adentrarte en otra que encaje mejor con lo que quieres en cada momento?

Se ha teorizado mucho sobre el tipo de habilidades que más pueden ayudarnos a aumentar nuestro grado de autonomía a la hora de pilotar nuestro barco por las aguas de la vida. Muchas de las cosas que se dicen son clichés de redes sociales y tienen algo de verdad. Sin embargo, hay otras cosas muy importantes que no se mencionan tanto.

Frank se va a enfocar en estas últimas.

Vamos a hablar de algunas habilidades que a menudo pasan desapercibidas, pero que tienen un impacto desproporcionadamente positivo en tu capacidad para salirte de una pista y meterte en otra. Habilidades que me atrevería a decir que debes cultivar más pronto que tarde, para que el efecto acumulativo sobre tu vida sea el máximo posible. El mejor momento para empezar es cuando tienes en torno a 18-20 años de edad. El segundo mejor momento es… ahora.

Vamos allá.

1. Saber leer bien

Pero Frank, ¿quién no sabe leer? – me dirás

Amigo mío, la palabra clave es “bien”.

Saber leer bien es una habilidad extraordinariamente poco frecuente.

Mortimer Adler, en su gran libro “How to read a book”, identifica cuatro niveles de lectura:

  1. Lectura elemental (para entretenerte)
  2. Lectura inspeccional (para informarte)
  3. Lectura analítica (para entender)
  4. Lectura sintópica (para dominar)

En primaria, aprendiste a leer por entretenimiento. Si llegaste al instituto y a la universidad, aprendiste a leer para informarte. Y ahí es donde se queda la mayoría de la gente, en el nivel 2.

Evidentemente, no todos los materiales deben leerse con la misma profundidad (= nivel de lectura). Pero algunos importantes para tu vida sí (sean los que sean en función de tus circunstancias personales). Y si no sabes cómo leer, perderás muchas oportunidades de atraer luz a tu recorrido vital.

Para poder leer bien es necesario adoptar el siguiente esquema mental:

  • Entender cuál es el mensaje principal (sintetizarlo en una frase corta).
  • Entender los argumentos que sostienen ese mensaje principal.
  • Entender la intención del autor (incentivos/motivos).
  • Juzgar si el mensaje principal es cierto o no lo es – y saber articular por qué.
  • Preguntarte si hay alguna aplicación de lo leído (y entendido) a tu vida personal y, si la hay, cómo llevarla a cabo.

Leer así no es fácil. Requiere más tiempo y más esfuerzo. Tomar notas, pararse a pensar, volver atrás y comprobar algunas de las cosas que habías leído. Cuesta. Por eso la mayoría de la gente no lee así. Y por eso la mayoría de la gente funciona con un nivel de entendimiento de lo que lee relativamente limitado.

Desarrolla esta habilidad y empléala en unos cuantos libros o contenidos que merezcan la pena. Verás que lo que merece la pena de verdad leer (los libros realmente buenos) no son muchos, ni falta que hace. Si entiendes bien algunos de ellos, funcionarás con un nivel de claridad mental muy superior a la mayoría. Y eso acabará traduciéndose – posiblemente – en oportunidades prácticas para mejorar tu vida, en especial en un ecosistema socio-laboral en el que la capacidad de prestar atención y profundizar ha sido – y seguirá siendo – tremendamente diezmada por las nuevas tecnologías.

2. Cómo hacer dinero

Cómo hacer dinero es una de esas habilidades que pueden catapultar tu grado de autonomía y desarrollo personal. Muchas personas saben ganar dinero con su profesión (intercambiar tiempo por dinero), pero pocas saben identificar oportunidades de inversión en sistemas complejos de creación de valor para que el dinero se multiplique.

El desarrollo de esta habilidad requiere dos fases diferenciadas.

La primera fase es la perspectiva mental: Has de salir de la concepción de que el dinero y el valor son un juego “de suma cero”: Trabajo, gano, gasto, ahorro y vuelta a empezar. La idea de que la tarta es fija y todo lo que puedes hacer es conseguir el mayor trozo posible.

Esa concepción solamente te permite avanzar de forma lineal. Es pensar en pequeño. Conducir con la segunda marcha, forzando el motor cuando intentas acelerar.

La concepción ganadora es que el dinero y el valor son un juego “de suma positiva”. Si encuentras los sitios adecuados y haces las cosas adecuadas, el tamaño de esa tarta se expande. Y con él, si formas parte de ella, tu nivel de riqueza.  

Esta concepción te permite avanzar de forma exponencial. Es pensar en grande. Conducir con la cuarta o quinta marcha, con el motor en armonía cuando intentas acelerar.

La segunda fase es la pericia técnica: Has de aprender sobre cómo funcionan los sistemas de creación de valor. Las empresas y los proyectos, los mercados, las ventajas competitivas, el riesgo, el comportamiento humano, el interés compuesto, el cómo distinguir al que de verdad sabe del embaucador que suena bien.

La forma más eficiente de hacer esto es adoptar un mentor con experiencia en este ámbito que te enseñe, y después poner ese conocimiento progresivamente en práctica con apuestas pequeñas.

Aprender a hacer dinero es un propulsor de potencial vital. En el mundo en el que vivimos, el dinero representa el poder de la opcionalidad: Te permitirá optar a cosas que quieres y también – su mayor ventaja, enormemente infravalorada – optar a evitar las cosas que no quieres.

3. Perfilar

Cuando nos relacionamos con los demás, especialmente personas que no conocemos demasiado, solemos guiarnos por las “vibraciones”. Intuimos algo, pero no sabemos – o no intentamos – verbalizar exactamente el qué. Y ese juicio abstracto e ininteligible es el que guía, junto con las reglas sociales convencionales, nuestro trato con respecto a esa persona.

Esta forma de actuar, por muy natural que sea, no es práctica. Provoca que dediquemos demasiado tiempo a las personas equivocadas y viceversa, además de distorsionar nuestra conducta y diluir el valor de nuestro ecosistema relacional.

A la hora de relacionarte con alguien que conoces relativamente poco, lo que debes hacer es “perfilar” a través de una serie de preguntas clave. Un esquema de perfilamiento que a Frank le resulta bastante útil es el siguiente:

  1. Cómo es esa persona en 3 dimensiones:  a) Carácter: Buena persona/neutra/cabroncete/capulla; b) Inteligencia: lista/neutra/lerda; c) Talante: Amable-cálida/neutra/confrontacional-fría.
  2. Qué es lo que quiere
  3. Cómo está intentando conseguir lo que quiere
  4. Si me puede resultar útil o no

Esas cuatro preguntas son estratégicas. Arrojan una enorme cantidad de luz sobre el tipo de persona con la que estás hablando y, consecuentemente, sobre cómo debes gestionar la relación con – y tus expectativas sobre – ella.

Desarrolla la habilidad y el hábito de perfilar. Obtendrás mucho más valor de tus relaciones y evitarás muchos disgustos y desilusiones.

4. Conocimiento interdisciplinar

El modus operandi habitual es desarrollar una dimensión del conocimiento o experiencia en profundidad, dejando de lado las demás. Lo que comúnmente llamamos “especializarse”.

Seguir ese camino es lo más natural del mundo. Estudiamos y aterrizamos en un perfil profesional del campo que sea, Ese campo se convierte en nuestra punta de lanza ante los demás. Nuestra diferenciación fundamental. Y nuestro esfuerzo se centra en profundizar en ese mismo campo, para mostrarnos en todo momento como suficientemente competentes (expertos), con absoluto convencimiento de que esa es la forma de acceder a mejores oportunidades y de obtener la mayor compensación posible por nuestro trabajo.

Pero no es así.

Es una malinterpretación de qué tipo de perfil se ve más recompensado en el mercado de trabajo – y en la vida.

Hay excepciones, pero como regla general, la interrelación de varias disciplinas a un nivel básico-medio es mucho más valiosa que profundizar en una sola disciplina.

 “Specialization is for insects.”

— Robert Heinlein

No me malinterpretes, la profundidad es real. El especialista que dedica diez mil horas a iluminar un solo rincón hasta que éste arde como el sol no es ningún idiota. Es un experto. A menudo es insustituible y el mundo depende de personas como él.

Pero el especialista es un soldado. Puede ser letal dentro de su propia trinchera, pero está ciego cuando sale de ella.

“If the only tool you have is a hammer, everything looks like a nail.”

— Abraham Maslow

La persona que posee un nivel de conocimiento básico sobre diferentes disciplinas y es capaz de unir los puntos entre ellas para innovar y generar sinergias es muy poco frecuente. Es el tipo de perfil que se eleva sobre los especialistas en la pirámide organizacional. El estratega, el que dirige, el que entiende la foto general. El que identifica las fricciones del sistema y concibe las soluciones.

El ingeniero es valioso. El ingeniero con conocimiento de empresa y gestión de equipos está a otro nivel.

El diseñador de producto es valioso. El diseñador con habilidades de comunicación y venta está a otro nivel.

El financiero es valioso. El financiero con conocimientos de estrategia de negocio y capacidad de influencia/persuasión está a otro nivel.

Uno es soldado, el otro es general.

El camino habitual te prepara para ser soldado. El colegio, la universidad, la inercia del mundo profesional… todos ellos te empujan hacia ahí. Convertirte en general depende enteramente de ti. Has de buscarlo. Provocarlo. Crear las circunstancias para poder profundizar tu conocimiento de otras disciplinas. Ser autodidacta.

Es algo que no viene solo. Y precisamente por eso es tan valioso.

5. Planificar

Planificar es una práctica poco frecuente, por la misma razón que muchas de las habilidades de esta lista son escasas: Requiere esfuerzo. Requiere dejar de hacer lo que sea que estés haciendo y ponerse a pensar en lo que vas a hacer al día, semana o mes siguientes. Requiere utilizar energía cognitiva.

Así que lo que solemos hacer es dejarlo pasar y lidiar con las cosas tal y como vienen.

El coste de no planificar no es visible a nuestros ojos, porque estamos ocupados y activos. No tenemos espacios vacíos ni parece que estemos dejando nada de lado. Hay obligaciones, urgencias, peticiones… y las atendemos según vienen.

La pista de Scalextric, ¿recuerdas?

Pero el coste está ahí, aunque no lo veas.

Si te embarcas en el día a día sin haber planificado, lo más probable es que actúes en base a sentimientos y emociones: Hago esto porque me lo piden y si no se enfadan, hago esto otro porque si no lo hago me voy a sentir mal después, no hago aquello porque en este momento no me apetece.

Improvisas. Bailas al son del viento que sopla.

Achicas agua.

Cuando planificas, actúas en base a valores y objetivos. Tienes presente lo que te importa y lo que quieres conseguir, y reflexionas en calma sobre cómo conseguirlo. Sincronizas la expectativa del día siguiente con quién eres y lo que quieres.

Planificar te da claridad mental. Reorienta tu brújula hacia lo que es importante, aunque a primera vista no parezca tan urgente. Después, cuando llegue el momento, quizá no elijas hacer lo que habías planificado. Pero empezar el día con el horizonte claro resulta muy útil para ordenar tus ideas… y tus prioridades.

Planificar marca la diferencia. No dejes de hacerlo.

6. Sesgo hacia la acción

La siguiente habilidad es tender a la acción.

La vida te enseña que por mucho conocimiento que intentemos acumular, la acción es la fuente más copiosa y rica en aprendizaje.

Acumular conocimiento es, a menudo, una forma escondida de procrastinación. Te resistes a actuar con la excusa de que “aún no lo tienes controlado del todo”. Pero no es más que eso, una excusa. Una racionalización para no aceptar que tienes miedo de las “posibles” consecuencias de actuar.

La vida – y me atrevo a decir que tu propia experiencia – está llena de ejemplos que ilustran este principio. El creador que más rápido avanza es el que más pruebas hace. El emprendedor que más rápido perfecciona su producto es el que más veces lo pone delante de los potenciales clientes. El chico que más chicas seduce es el que más veces lo intenta (este ejemplo no funciona al revés porque no tiene mérito). El músico que más rápido mejora es el que más veces se pone a tocar delante del público. El paciente del psicólogo que más rápido sana es el que adopta iniciativas de comportamiento saludables sin esperar demasiado, en lugar de rumiar sus emociones 25 veces al día.

Una vez que tienes un conocimiento básico, actúa. Deja que la realidad del mundo te de feedback. Y usa ese feedback para mejorar y volver a actuar.

Esta fórmula te dará un “pase prioritario” para todas las atracciones del parque de la vida.

Sí, vas a experimentar más rechazos. Sí, vas a sentir que “fallas” más a menudo. Y sí, es probable que te duela un poco en el orgullo.

Pero ese es el camino más rápido – y más seguro – hacia el éxito.

7. Pensar en términos de coste de oportunidad

“The most important question to ask yourself is this: What pain do you want in your life?”

 — Mark Manson

Lo más habitual a la hora de navegar por la vida es pensar en términos de “satisfacciones” o “resultados”.

Elegimos “ir por aquí” y “hacer esto” porque “queremos conseguir aquello”.

Sin embargo, esto deja de lado un principio existencial básico: Todo lo que merece la pena conseguir requiere esfuerzo.

No, las chorradas de placer sensorial no. Esas están a tu alcance 24/7 con sólo pulsar un botón.

Pero el éxito profesional, la maestría en un arte, la buena salud física y mental, las relaciones satisfactorias, la paz interior, la sensación de propósito… Amigo mío, eso es difícil. El camino para llegar ahí es duro. Hay que saltar muchas vallas y caer en muchos charcos de fango por el camino.

Por eso debes enfocar tus grandes decisiones vitales con una perspectiva inversa: En vez de enfocarte en lo que quieres conseguir, céntrate en qué tipo de sufrimiento estás dispuesto a tolerar. En qué es lo que puedes sobrellevar. En qué vas a perder o a qué vas a tener que renunciar si eliges este camino o este otro.

Todos los caminos tienen un precio. Un precio que a veces no se ve a primera vista, pero siempre existe. Se llama coste de oportunidad. Es lo que dejas de lado al elegir una opción en vez de otra.

Acostúmbrate a identificar ese coste y a mirarlo directamente a los ojos antes de decidir, por muy seductora que parezca la recompensa que ese camino promete.

Una vida de éxito profesional puede tener un impacto adverso en la relación con tu familia.

Una vida de maestría o emprendimiento requiere renunciar a flexibilidad, a planes de ocio y a contacto con personas que quieres.

Una vida de cuidar las relaciones personales requiere el esfuerzo de tomar la iniciativa aunque otros no correspondan, y la incomodidad de tener conversaciones difíciles.

Una vida de paz interior puede requerir renunciar a oportunidades de crecimiento personal y remuneración económica.

Todos los caminos tienen un coste de oportunidad. Identifícalo con rapidez y decide si de verdad merece la pena pagarlo. Es una perspectiva mental mucho más útil para decidir en las grandes encrucijadas de la vida, porque es probable que ésta se vea más definida por tu convivencia con ese dolor en el transcurso del camino, que por el disfrute del resultado al llegar al final.

8. Domesticar la voz de tu cabeza

Una de las habilidades más valiosas es aprender a reprogramar tu cabeza en tiempos oscuros con los pensamientos adecuados. Y los tiempos oscuros siempre acaban llegando.

Esto es muy fácil de decir y muy difícil de hacer. Pero es una habilidad que marca la diferencia en los momentos más convulsos, cuando las apuestas son máximas.

Hay una cita famosa en el mundo de las relaciones de pareja: “Lo más importante para que una relación de pareja prospere no es cuánto se disfruta de los momentos buenos, sino cómo se gestionan los momentos malos”.

Esto es muy cierto para las relaciones de pareja, y también para todo lo demás.

La habilidad de reprogramar tu cabeza e introducir el pensamiento adecuado en esos momentos en los que las emociones desempoderantes campan a sus anchas en tu cerebro es un “life hack” absoluto. Es un antídoto contra el riesgo de ruina, siempre presente en esas situaciones tan extremas. Así que Frank va a darte 3 ideas clave para que te resulte más fácil desarrollar esta habilidad, a pesar de su enorme dificultad:

  • Toma distancia de la situación de conflicto. En otras palabras, deja de darte de cabezazos contra la pared, detente y respira. Recupera un poco de cordura.
  • Ordena las prioridades en tu cabeza: Qué es lo que más quieres de esa situación (la prioridad número 1) y qué es menos importante. En ese momento tu cerebro te dirá que quieres muchas cosas a la vez, pero debes romper la baraja y elegir solo una. Fuérzate a elegir una y una nada más.

    Cuando lo hagas, es muy probable que veas con claridad que tu prioridad número 1 no es abandonar, atacar o destruir, sino algo mucho más constructivo. Vas a querer crear, recuperar, reconstruir. Vas a querer aspirar a algo bueno. Y vas a relativizar lo malo.

  • Toma la iniciativa y haz algo (o di algo si estás en una conversación) que te acerque ao deje de alejarte deesa prioridad número 1. Sin esperar. No te hundas en la introspección y en las reflexiones interminables sobre lo que ha pasado, lo que sientes o padeces. Cuando lo hagas, verás que tus pensamientos empiezan a perder ese atisbo de oscuridad y a reflejar un poco de luz, y eso creará un círculo virtuoso con tus actos posteriores.  

Practica en tiempos de calma para estar preparado cuando llegue la tormenta. El tejado se repara cuando brilla el sol.

9. El Triángulo de la Sabiduría

Relacionado con la habilidad número 5 (Planificar), la siguiente habilidad es adquirir el hábito de poner, cada día, tu muesca personal en cada uno de los 3 vértices del Triángulo de la Sabiduría:

  1. Un comportamiento que acumule valor en un campo importante para ti, cuyos resultados se aprecien a largo plazo (inversión de futuro).
  2. Un comportamiento que se traduzca en placer sensorial inmediato (disfrute en el presente)
  3. Un comportamiento que beneficie desinteresadamente a otra persona (altruismo)

Desarrollo personal + disfrute + conexión con los demás. Simple, puro, efectivo.

La vida te brinda innumerables oportunidades para hacer cosas de estas cada día. Sin embargo, al ir inmersos en la vorágine que nos envuelve, a menudo dejamos algunos vértices del triángulo sin visitar. Generalmente, el 1 y el 3. Para el placer inmediato, curiosamente, siempre encontramos la manera.

Fuérzate a visitar esos 3 vértices. No dejes ninguno sin cubrir. Cualquier detalle, por pequeño que sea, es suficiente. Verás que tu compromiso con el Triángulo de la Sabiduría marca la diferencia, tanto en ese día como en la totalidad de tu vida.

10. Disfrutar de ti mismo

La última habilidad con la que quiero dejarte es aprender a disfrutar de ti mismo.

Cuanto más tiempo transcurra, mayor será la frecuencia de situaciones en las que estás solo contigo mismo.

Solo con tus pensamientos, con tus sensaciones, con tus hábitos.

Debes aprender a disfrutar de tu propia compañía. Cuando somos jóvenes, esto no parece algo tan necesario, porque siempre solemos estar acompañados debido a las circunstancias del entorno. Pero la vida te va revelando que saber disfrutar en soledad es una habilidad fundamental.   

Si no estás cómodo con tu propia compañía, serás más vulnerable a elegir un camino u otro por las razones equivocadas. Te verás atraído por cantos de sirena que no encajan del todo con quién eres, pero que prometen la atención de algunas personas a las que tu cerebro adscribe una importancia desmesurada en tu felicidad.

Primero, aprende a estar solo.

Aprende a disfrutar solo.

Disfruta de los demás, pero no dependas de ellos.

Y después, sólo después, elige el camino que crees que te conviene.

“If you’re lonely when you’re alone, you’re in bad company”

— Jean-Paul Sartre

Ahí las tienes: 10 valiosas habilidades para poder navegar con destreza las impredecibles triquiñuelas de la vida. Desarróllalas y no habrá quien te pare. O sí. Pero será mucho más difícil.

Pura vida,

Frank.

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