El arte de la felicidad, de El Dalai Lama y Howard Cutler

 

Puntuación: 9/10

 

Resumen

Nota de Frank Spartan

Lo interesante de este libro es que pretende descubrir los secretos orientales de la felicidad, magníficamente personificados en el Dalai Lama, de una forma accesible para las personas que no son practicantes de budismo. Y así ayudar a esas personas a aplicar una serie de principios que, sin necesidad de convertirse a ninguna religión, les permitan sentirse más felices, más fuertes y a tener menos miedo.

No se qué piensas tú, pero Frank Spartan ve dos posibilidades: O el pequeñajo sonriente de la túnica se está quedando con todos nosotros, o realmente entiende los secretos de la felicidad humana como pocos lo hacen. Yo me decanto sin duda por la segunda posibilidad.    

Las fuentes de la felicidad

Nuestro sentimiento de satisfacción o insatisfacción se ve fuertemente influenciado por nuestra tendencia a la comparación. Cuando comparamos nuestra situación con otras situaciones del exterior constantemente, estamos renunciando a encontrar la única felicidad que existe. 

Si no tenemos disciplina interna que nos permita tener la mente en calma, las condiciones externas nunca conseguirán proporcionarnos el sentimiento de alegría que buscamos. Sin embargo, si poseemos esta cualidad interna, una mente en calma, un grado interior de estabilidad, es posible tener una vida feliz y llena de alegría incluso sin las condiciones externas que consideramos fundamentales para ello.

Una vez le dije al Dalai Lama que no veía nada malo en desear o comprar caprichos, siempre que nos lo podamos permitir. Por ejemplo, un coche mejor te puede dar un sentimiento de satisfacción y felicidad. Pero el negó con la cabeza y dijo, con firmeza: “No. Lo que distingue si un deseo o acción es positiva o negativa no es que te de proporcione un sentimiento de satisfacción, sino que resulte en consecuencias positivas o negativas.”

El deseo excesivo lleva a la avaricia, y el final de la avaricia es la insatisfacción y la frustración. La ironía de esta dinámica mental es que, a pesar de que el motivo de obtener el objeto de deseo es la satisfacción, no la obtienes después de conseguir el objeto.

La auténtica felicidad está ligada a la mente y al corazón. El tipo de felicidad que está ligado a placer físico es inestable. No tiene una base sólida. La diferencia parece obvia, pero los seres humanos confundimos constantemente placer y felicidad.  

Cómo entrenar la mente para ser felices

Ahora, en este mismo instante, tenemos una mente. Y esa mente, una vez satisfechas ciertas necesidades básicas, es todo lo que necesitamos para conseguir auténtica felicidad.

El primer paso en la búsqueda de la felicidad es aprender. Tenemos que aprender cómo las emociones y comportamientos negativos son dañinos y como los positivos nos ayudan.

En el budismo, el principio de causalidad se acepta como una ley natural. Por ejemplo, si hay algún acontecimiento que no deseas, lo mejor para evitar que suceda es evitar las causas que normalmente llevan a que suceda. Y viceversa.

Básicamente, lo que el Dalai Lama hace con una maestría inigualable es categorizar las emociones en base a si llevan o no a la felicidad, alimentar las que si lo hacen y desarmar las que no. Ésa es la base de todo. 

Profundizar en la conexión con los demás

En las relaciones humanas, muchos problemas ocurren por insuficiencia de tiempo para conocerse.

Si uno quiere construir una relación verdaderamente satisfactoria, la mejor forma de hacerlo es a través de ir conociendo la naturaleza profunda de esa persona, y relacionarse con ella desde ese nivel, en lugar de hacerlo desde un nivel meramente superficial.

Cómo gestionar el sufrimiento

Puede que consideres cosas como envejecer o morir como negativas, e intentes evitarlas u olvidarlas. Pero esas cosas sucederán de cualquier modo, y cuando lo hagan, si no has preparado tu mente con anterioridad, te causarán mucho mas sufrimiento e incomodidad. 

Si observas tu día a día, es posible que aprecies que existen muchos factores y condiciones que causan dolor, sufrimiento e insatisfacción, mientras que los que causan felicidad son comparativamente poco frecuentes. Si esto es así, es muy importante que modulemos la actitud hacia el sufrimiento correctamente, porque si lo hacemos, conseguiremos que la experiencia que produce el sufrimiento no nos cause sentimientos tan fuertes de infelicidad, descontento e insatisfacción.

De acuerdo con la tradición budista, la raíz del sufrimiento está en tres cosas: Ignorancia, deseo y odio. El camino para gestionar adecuadamente el sufrimiento es aprender a conocer mejor la realidad y simultáneamente ir desactivando, poco a poco, las emociones de deseo y odio.

Cambiar de perspectiva

La capacidad de cambiar de perspectiva puede ser una de las herramientas más efectivas para manejar adecuadamente los problemas del día a día. 

Cuando los problemas surgen, nuestra percepción se vuelve estrecha. Si nos concentramos de forma demasiado intensa, demasiado cercana en el problema cuando surge, se vuelve incontrolable en nuestra mente. Pero cuando lo comparamos con algo más grande, o lo observamos desde cierta distancia, parece más pequeño y menos amenazador.

Si adoptas la posición de desear mal a tu enemigo, de vengarte de él, de alegrarte cuando le sucede algo malo, eso genera un círculo vicioso. Las dos partes sufren, y el propósito principal de la vida se desvanece. Esto es porque el odio, el resentimiento, son probablemente la barrera mas fuerte para desarrollar la compasión y alcanzar la felicidad.

No hay mayor fortaleza que la paciencia, y no hay peor aflicción que el odio. Por eso, el enemigo nos hace un gran servicio: nos da la oportunidad de cultivar la paciencia y tolerancia, las puertas que nos llevan a la calma mental y a la felicidad. Ésa es una gran razón para mostrarse agradecido hacia nuestro enemigo.

Convertimos dolor en sufrimiento a través de nuestra mente. Tenemos que distinguir entre el dolor del dolor y el dolor que creamos con nuestros pensamientos sobre el dolor. El miedo, la cólera, la culpa, la soledad, la impotencia, son respuestas mentales y emocionales que pueden intensificar el dolor. Existe amplia evidencia científica, no solamente enfoque filosófico, de que nuestra actitud hacia el dolor influye enormemente en cómo lo experimentamos.

La superación de obstáculos 

Con independencia del tipo de comportamiento que deseas cambiar, debes empezar a desarrollar una voluntad fuerte de hacerlo. Debes generar entusiasmo. Y para ello, es clave tener una sensación de urgencia. Pero habitualmente, no tenemos esa sensación de urgencia, y eso nos hace retrasar el cambio, y eventualmente no cambiar.

En mi práctica espiritual, cuando me encuentro con problemas u obstáculos, me resulta muy útil dar un paso atrás y adoptar la visión a largo plazo, en vez de la de corto plazo.

Resulta muy interesante que el Dalai Lama pone aprender y educarse como la primera piedra del cambio. Los individuos mejor educados son más conscientes de los riesgos de salud, más capaces de seguir estilos de vida sanos, tienen más autoestima y se sienten más empoderados para actuar y poseen mejores habilidades de resolución de problemas. Y pueden gestionar los pensamientos que generan emociones de forma más efectiva. 

El enfoque del Dalai Lama sobre la vida es diferente a todas las tradiciones religiosas de occidente, porque se basa más en el entrenamiento de la mente que en la fe. Su visión de la vida asume que los estados mentales negativos no son una parte intrínseca de nuestra mente, sino obstáculos que nos impiden disfrutar del estado natural, que es de alegría y felicidad. Y que los estados mentales positivos actúan como antídotos directos de los estados mentales negativos.   

No podemos superar el odio y la ira simplemente suprimiéndolos. Tenemos que cultivar sus antídotos. El único factor que puede protegernos de los efectos destructivos del odio y la ira es la práctica diaria de la paciencia y la tolerancia. La visión del Dalai Lama está avalada por una cantidad enorme de estudios que concluyen que la expresión física o verbal del odio y la ira no solamente no ayudan, sino que empeoran nuestro estado mental y nos hacen más presos de esas emociones negativas.

La paciencia y la tolerancia no son signos de debilidad, sino que emergen de una posición de fuerza, de la capacidad de mantenerse firme. Cuando eres paciente y tolerante, el perdón sucede de forma natural. No es necesario olvidar el acontecimiento, pero el mero hecho de perdonarlo cambia radicalmente el estado de la mente.

La motivación sincera es un gran vehículo para reducir la ansiedad. Cuando tienes una motivación sincera para hacer algo, como ayudar a alguien de algún modo, puedes hacer tu trabajo de forma mucho mas eficiente, sin preocuparte tanto de los errores o de lo que los demás pensarán de ti. Pero con una motivación falsa a tu naturaleza, puedes conseguir elogios o premios, pero incluso consiguiendo todo eso puedes sentirte infeliz. Cuanto más dirigida  se encuentra nuestra motivación por el altruismo, menos miedo tendremos a la hora de enfrentarnos a situaciones generadoras de ansiedad.