Cómo dejar de ser un pelele

El otro día tuve una conversación con dos amigos. Dos personas muy inteligentes, por lo menos en el tipo de inteligencia que yo considero más importante desde un punto de vista práctico. El que te permite leer una situación o a una persona con acierto y actuar en consecuencia. 

El tema de la conversación fue el siguiente:

Es más fácil ser feliz en el mundo de ahora que en el mundo de nuestros padres. ¿Verdad o mentira?

Toma castaña.

Éste es un tema que tiene su miga, porque hay fuerzas que operan en direcciones contrapuestas y es complicado saber cuál tiene más peso en el resultado final. Pero eso no impidió que tuviéramos una animada conversación alrededor de una botella de vino y unas viandas.

Veamos las fuerzas principales que operan a favor de esa afirmación (es decir, que ayudan a que sea más fácil ser feliz en esta época que en épocas pasadas):

  • La abundancia material, en términos generales, es superior. Tenemos a nuestro alcance muchas más experiencias para experimentar placer de diversos tipos que antes. Y a un precio, en muchos casos, muy asequible.
  • El nivel de compromiso ético a nivel global ha subido. Hay menos injusticias, más apoyo a colectivos desfavorecidos, más respeto a los animales, mayor cuidado del medio ambiente, menos pobreza, menos conflictos bélicos.  
  • La salud y la esperanza de vida han mejorado gracias a una combinación de hábitos más saludables y progresos en los campos de la medicina y la tecnología.
  • El Estado del Bienestar proporciona un nivel de acceso a servicios básicos para la totalidad de la población que antes no existía. 
  • El desarrollo de Internet y ha hecho posible que sea mucho más sencillo y barato aprender sobre prácticamente cualquier disciplina y montar un negocio por tu cuenta para intentar ganarte la vida. 

Ya ves que hay muchos músculos en ese brazo. Pero antes de apostar tus ahorros a quién ganará el pulso, veamos las fuerzas que operan en contra:

  • La globalización y la dinámica capitalista ha provocado que los precios de algunas cosas hayan subido mucho en relación a los salarios, lo que incluye algunos elementos de primera necesidad. Por ejemplo, comprar o alquilar una vivienda en el mundo desarrollado requiere más esfuerzo para el individuo medio que antes. Tener hijos también. Alimentarse bien también. 
  • El mundo es más incierto que antes por la disrupción tecnológica y el ritmo de cambio. Los trabajadores de antaño tenían mayor certeza que ahora de conservar su puesto de trabajo durante muchos años. 

¿Eso es todo? Entonces parece bastante claro cuál es el resultado, ¿no?

Pero espera, que falta una. Falta mi favorita:

En el mundo de hoy no sabemos por dónde nos da el aire.

Somos unos peleles que pasan el tiempo prestando atención a una retahíla de gilipolleces y que han perdido de vista  lo más básico para ser feliz. 

Y esta fuerza tiene un impacto tan grande que desequilibra la balanza y provoca, en mi espartana opinión, que sea más difícil ser feliz hoy en día que antaño. Por mucho que ahora tengamos mayores comodidades, innumerables entretenimientos, más posibilidades de hacer lo que queremos y vivamos más años.

La buena noticia es que, a pesar de que esto parezca un galimatías insolucionable a nivel colectivo, es muy sencillo de solucionar a nivel individual. Lo cual, paradójicamente, es la mejor vía de solucionar el problema colectivo.

Lo básico para ser feliz son 4 cosas. Puedes añadir otras doscientas mil si quieres, pero si vas a la raíz del asunto, probablemente te baste y te sobre con estas 4:

  • Ganarte el sustento haciendo algo que te guste (o al menos que no te disguste) para poder vivir con las comodidades que te parecen mínimas durante las diferentes fases de tu vida
  • Tener buena salud
  • Tener relaciones satisfactorias
  • Dedicar tiempo a algo que te apasione y/o te realice 

Fin.

No necesitas ver Netflix, ni ir de compras, ni postear sinsorgadas en las redes sociales, ni empoderarte artificialmente por la ideología de turno y hacer cosas que realmente no deseas, ni censurar o despotricar contra las opiniones de la gente que no te cae bien, ni tener una casa de veraneo o un coche mejor que el vecino, ni funcionar con los ideales de un grupo, ni asumir que cómo te sientes te da derecho a Dios sabe qué. 

Nada de eso es necesario para ser feliz. Nada. Y sin embargo, estas chorradas son las cosas en las que tenemos puesta nuestra atención en los tiempos que corren, durante la inmensa mayoría del tiempo que estamos despiertos.

¿Es acaso porque estamos confundidos? ¿En el mundo de ahora ya no sabemos lo que es más básico para ser felices?

No, no es eso. Cualquier persona medianamente racional lo sabe. Si se lo preguntas, seguro que te dice algo muy parecido a lo que yo te estoy diciendo. 

Pero luego no actúa en consecuencia con su reflexión racional. ¿Por qué?

Porque aunque queramos creer que somos criaturas racionales, no es así. La razón y la lógica sólamente cogen el timón de nuestro comportamiento cuando las emociones están calmadas.  Y el entorno en el que vivimos en el mundo actual está expresamente diseñado para mantenernos en un estado constante de alteración emocional, lo que provoca que nuestro comportamiento se desvíe de lo que creemos – sabemos –  que es lo bueno.

La realidad es ésta: Sobrevaloramos nuestra capacidad de actuar racionalmente en un estado emocional alterado. No somos capaces de hacerlo, por mucho que creamos que sí. No tenemos suficiente autocontrol para luchar contra un entorno que altera constantemente nuestras emociones.

Los anuncios estimulan tus tentaciones de comprar con un click cosas que no necesitas.

Los posts de tu ex en Instagram te revuelven las tripas y provocan que le mandes mensajes arrastrándote como un gusano.

Compras comida basura porque está disponible en los sitios a los que vas.

Los contenidos perniciosos de los medios de comunicación saltan a tu garganta en la televisión y en tu móvil y te ponen de mala leche.

Los entretenimientos pasivos están al alcance de tu mano y se comen tu tiempo libre.

El grupo ideológico al que perteneces te dice constantemente que los otros son los malos y que hay que luchar contra ellos para evitar injusticias.

Por esto es más difícil ser feliz ahora que antes. No es porque las cosas sean más caras, o haya más incertidumbre. Es porque el entorno en el que vivimos altera nuestro estado emocional y nos incentiva a centrar la atención en gilipolleces, mientras que en épocas pasadas esto no sucedía tanto. Y nuestros hijos llevan el mismo camino, incluso unos enteros más arriba gracias a la filosofía educativa de sus padres peleles.

¿La conclusión?  Vamos derechitos a un mundo en el que será aún más difícil ser feliz que en el mundo de ahora. Y es posible que esa tendencia continúe hasta que suceda algo gordo que provoque que se tenga que pulsar el botón de «reiniciar sociedad». 

Sea como sea, lo que pasa con la sociedad está fuera de tu control y del mío. Lo único que podemos controlar es dónde decidimos poner nuestra propia atención para ser más felices.

Y eso no depende de tu autocontrol. Porque no tienes tanto autocontrol como crees.

Depende de que diseñes un entorno a tu alrededor que te ayude a mantener tu estado emocional en calma y permita que tu cerebro racional coja el timón.

¿Y cómo diseñas tu entorno de esa forma? Haciendo cosas como éstas:

Corta tu exposición a las redes sociales salvo en momentos muy breves y específicos del día. Anula el suministro de contenidos de los medios de comunicación. Deja de estar en contacto con personas que te alteran emocionalmente. No vayas a sitios donde haya comida basura. No te rodees de personas pesimistas, protestonas y con malos hábitos. No te metas en grupos ideológicos que estimulan los conflictos. 

Y otras cosas por el estilo. Seguro que captas la idea.

Una vez hayas diseñado tu entorno para favorecer un estado emocional de mayor calma, podrás centrarte con mucho más acierto (y autocontrol) en lo que debes hacer para ser feliz: 

  • Elige algo que te guste, aprende todo lo que puedas sobre ello y hazte un experto en el tema. Con todas las oportunidades profesionales y los medios que hay ahora, encontrarás la forma de ganarte la vida con ello, sea por cuenta propia o ajena.
  • Come sano y haz ejercicio de forma regular.
  • Dedica tiempo de calidad a las relaciones personales que más te llenan.
  • Crea y alimenta una fuente de sentido o propósito vital: Un hobby, una vocación, una familia, o lo que sea que más te llama.

El grueso de tu tiempo debe estar centrado en aprender y desarrollar habilidades útiles para ganarte la vida en algo que te gusta, cuidar tu salud, mejorar tus relaciones y alimentar un propósito vital. Si quieres hacer gilipolleces con el resto de tu tiempo, perfecto. Yo también las hago. Pero en ese orden. Primero lo básico para ser feliz, después las gilipolleces. No al revés.

Si decides asignar tu tiempo y centrar tu atención de esta forma, no me cabe ninguna duda de que te será más fácil ser feliz en esta época que en épocas pasadas.  Sencillamente, porque el mundo de ahí fuera te ofrece muchas más posibilidades que el mundo de antes.

Y si no es así, el problema no es el mundo. El problema eres tú.

Pura vida,

Frank.

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