“The strength of a person’s spirit is measured by how much ‘truth’ he could tolerate, or more precisely, to what extent he needs to have it diluted, disguised, sweetened, muted, falsified.”
― Friedrich Nietzsche, Beyond Good and Evil
El mundo a tu alrededor es una máquina compleja que parece embarullarse y cambiar cada vez más rápido. Todo se nos antoja difícil de descifrar, nada permanece estable durante mucho tiempo, los acontecimientos se suceden cada vez más deprisa, el suelo se siente cada vez más endeble bajo nuestros pies.
En estas situaciones, nuestra mente tiende a preguntarse sobre lo que debemos añadir a nuestra vida para sentirnos mejor. Tiende a buscar aquello que falta para poder entender más, para poder conseguir más, para poder sentir más el placer, para poder evitar más el dolor.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, paradójicamente, no nos falta nada más, sino algo menos.
Nos sobra algo.
Ruido.
Es el ruido lo que distrae y confunde. Lo que provoca dispersión de nuestra atención primero y de nuestro comportamiento después.
Vamos a hacer un sencillo ejercicio, partiendo de un enfoque mental de línea de salida, no de un enfoque de mitad de carrera. Un enfoque sin ruido, sin distracciones, sin caminos ya embarrados. Un enfoque de página en blanco o de hoja de código por escribir.
Digamos que aterrizas en paracaídas sobre unas circunstancias y con una personalidad concretas (las tuyas). Abres el sobre que contiene las instrucciones de tu misión y lees lo siguiente:
“Tu misión, si decides aceptarla, es entender las reglas más importantes del juego de la vida y diseñar la mejor estrategia dentro de ese juego para sentirte lo más feliz posible en los próximos 10 años”.

Ahora tienes una misión que cumplir. Oyes un chasqueo de dedos. Recibes una bofetada en la cara. El ruido que te envolvía se diluye. Tu cerebro se enfoca.
¿Cómo debes abordar esta situación?
Igual que con todos los problemas que parecen complejos: Usando primeros principios.
Partiendo de lo más básico y construyendo hacia arriba hasta que la solución aparezca, cristalina y evidente, delante de ti.
Reversión a la media
«The first lesson is to recognize that when you see extremely good or bad results, they are unlikely to continue that way”.
— Michael Mauboussin (The Success Equation)
El principio general de reversión a la media indica que cuando algo está muy por encima o muy por debajo de «lo normal”, lo más probable es que en un futuro cercano vuelva a la normalidad. En otras palabras, existe un valor “base”, y las cosas suelen acercarse tarde o temprano a ese valor base, aunque se desvíen de él durante un tiempo.
Este principio se ha aplicado tradicionalmente al mundo financiero-inversor, pero tiene muchas otras aplicaciones prácticas. Una de las más interesantes es la existencial.
Imagina que congelas la película de la vida de una persona en un fotograma concreto y compruebas cuál es su nivel de felicidad en ese momento. Digamos que ese nivel es, en una escala de 1 a 10, un 7.
¿Nos dice esa información algo relevante sobre esa persona?
La verdad es que no.
No sabemos si ese 7 es un nivel habitual o una anomalía.
No sabemos si proviene de estímulos externos o de una filosofía de vida interna.
No sabemos si está ligado a acontecimientos extraordinarios o a hábitos de comportamiento.
No sabemos si es efecto de un contraste puntual intenso o se produce en circunstancias estables.
No sabemos un carajo.
Lo que sí sabemos es esto: Aquello que no depende de nosotros puede beneficiarnos (o perjudicarnos) durante un tiempo. A veces, un tiempo prolongado. Pero, eventualmente, suele revertir a la media.

Digamos que a una persona le toca la lotería. Su nivel de felicidad percibida subiría mucho, al menos a corto plazo.
¿Y si después se muere su madre? Su nivel de felicidad percibida bajaría mucho.
¿Y si después se rompe la cadera de una caída? Bajaría aún más.
¿Y si le operan y vuelve a poder andar con normalidad? Volvería a subir.
Cuando vamos navegando por la vida, nos suceden cosas. No podemos evitarlo. A veces esas cosas impactan positivamente en nuestro nivel de felicidad percibida, y a veces lo hacen negativamente. Cuánto lo hacen en cada caso depende de muchos factores. Pero es indudable que la realidad externa y los designios inescrutables del universo afectan constantemente a nuestra experiencia interna.
Si observas y evalúas periodos de tu vida suficientemente largos, es probable que compruebes que hay una combinación de efectos procedentes del exterior. Cosas que nos suceden. Muchos son positivos y muchos son negativos. Quizá algunos pocos son muy positivos y algunos pocos muy negativos. Pero me aventuraría a decir que tu percepción de la mezcla total es relativamente equilibrada y el efecto combinado relativamente neutro, aunque tu experiencia interna en cada momento concreto haya sido puntualmente convulsa, en el lado positivo o negativo.
Si, por supuesto que hay casos de personas que experimentan una frecuencia alta de sucesos negativos (o positivos) durante un largo periodo de tiempo, pero no es lo más habitual. Lo más habitual en un horizonte temporal extenso es que se produzca una combinación relativamente “justa” de eventos positivos y negativos, y que nuestra felicidad percibida se vaya deslizando a través de una curva cóncava de pendiente decreciente, como esta:

Esa combinación “justa” de sucesos positivos y negativos es “la media”. Y el paso del tiempo tiende a empujarnos, misteriosamente, hacia ella.
Tras una fase de mala racha, viene una buena. Tras una buena, una mala. Tras una tragedia, una luz. Y en ese vaivén, nuestra mente y nuestro corazón se van adaptando lo mejor que pueden.
Cuando nos creemos invencibles, la vida nos da un toque de humildad. Cuando somos presa de la desesperación y parecemos a punto de hundirnos en las profundidades del océano, la vida nos lanza un silbido y aparece una cuerda salvadora. No podemos controlarlo. Simplemente sucede… y no sabemos por qué.
Vale Frank, pero… ¿significa eso que estamos condenados a que el azar determine nuestra felicidad?
Sí… y no.
Por ahora, quédate con que ésta es una de las reglas más básicas del juego de la vida, y un principio clave para que logres completar tu misión. La realidad externa te va a dar besos y golpes, en un orden y con un nivel de intensidad inciertos, y no vas a poder hacer nada para evitarlo. Acepta que va a haber cierta variabilidad en tu felicidad percibida en función de los caprichos del universo.
Muchas personas van por ahí sin haber siquiera contemplado el principio de reversión a la media. Otras van por ahí sin haberlo interiorizado lo suficiente. Y cuando la vida les golpea, como siempre acaba haciendo, sufren más. La gran mayoría de nosotros sufrimos más de lo necesario por los golpes de la vida, porque no hemos aceptado del todo, con antelación, que esos golpes van a llegar. Que la “suerte”, eso que solemos llamar al periodo de tiempo carente de pérdidas o tragedias, tocará a su fin.
Cuando interiorices y aceptes este principio, tu curva de felicidad percibida seguirá siendo cóncava y de pendiente decreciente, pero con menor ángulo de inclinación. Es decir, tu felicidad percibida se verá algo menos afectada que antes por los vaivenes de la realidad externa, porque ya estarás mejor preparado mentalmente para su llegada. Y eso es bueno, porque dotará a tu experiencia interna de mayor tranquilidad y sensación de liberación, al ser más capaz de soltar el ansia de control.

El principio de reversión a la media es la primera regla básica del juego de la vida.
Ahora pasemos al siguiente nivel.
El círculo de influencia
“If you don’t choose your priorities, the world will choose them for you”
– Mark Manson
La segunda regla básica del juego de la vida es que, si bien existe un componente de azar muy poderoso, también existe un área en la que tu capacidad de decisión se manifiesta en comportamientos concretos. Comportamientos que tienen un peso considerable en cómo se desarrolla tu vida e, indirectamente, en tu nivel de felicidad percibida.
Esto puede resultarte bastante evidente. Lo que quizá no te resulte tan evidente es esto otro:
Cada día tomas una decisión sobre fortalecer o debilitar tu círculo de influencia. Y si esto no te suena obvio en el mismo segundo de leerlo, eso significa que, por definición, tu círculo de influencia se está debilitando.
En otras palabras, tu felicidad percibida va dependiendo cada vez menos de ti mismo y cada vez más de la influencia del azar.
Por defecto, tu vida tiende a la entropía. Tiende a desordenarse. Tiende a que sigas el consenso social, a que sucumbas a las tentaciones del entorno, a que te distraigas con actividades banales, a que tu ecosistema vital se llene de ruido, aunque nada de eso conecte realmente con quién eres y lo que quieres.
Esa es la corriente que arrastra a millones de personas en todo el mundo hacia el remolino del vacío existencial. Si escoges a un individuo de Occidente al azar, lo más probable es que ese individuo viva de esta manera. Una vida que le vive a él, en lugar de él vivirla a ella.
Para salir de esa corriente, dispones de un único remo. Un remo que se activa con el pensamiento consciente. Con la capacidad de detectar que te estás dejando distraer y regresar a tu foco. El foco de las cosas que son verdaderamente importantes para ti.
Y una vez que estás en tu foco, lo que haces es remar. Remar contra la corriente.
Emplear energía.

Has de emplear energía para volver al orden, porque el sistema tiende de forma natural al desorden.
Emplear energía significa forzar. Significa imponer un hueco en tu agenda para las cosas que de verdad quieres hacer, por mucha fricción que recibas del mundo exterior al intentarlo.
Sin embargo, tu mayor enemigo no es la fricción del exterior.
Tu mayor enemigo es tu incapacidad para detectar que estás siendo arrastrado por la corriente.
No puedes remar contra una corriente que no detectas. Y detectarla no es tan sencillo como parece, porque poco a poco te vas acostumbrando a ella.
Para detectarla, necesitas un dique al que agarrarte.
Ese dique es el silencio.
Sólo el silencio te va a permitir reparar en que estás siendo arrastrado por la corriente. Y para obtener silencio debes detenerte. Debes bajarte del tren de vorágine al que subes todos los días y caminar durante algunas horas, sin nadie más que tu propia compañía.
La atención consciente es un músculo que se entrena. Por eso has de convertir el silencio en un hábito. Si no, correrás un riesgo muy elevado de permanecer inmerso para siempre en una corriente invisible a tus ojos, que te aleja progresivamente de quién eres.
El silencio activará tu atención. Y tu atención te revelará la presencia de la corriente y la dirección en la que ésta te lleva. 9 de cada 10 veces comprobarás que el destino hacia el que te diriges no te atrae demasiado.
Cuando eso suceda, deberás remar para salir de ahí. “Remar” es lo que te permitirá fortalecer tu círculo de influencia y debilitar el impacto que el azar tiene en tu vida.
Pero… ¿remar hacia dónde, Frank?
Para responder a esa pregunta, primero tendrás que construir una pirámide.
La pirámide invertida
«The world is full of people suffering from the effects of their own unlived life. They become bitter, critical, or rigid, not because the world is cruel to them, but because they have betrayed their own inner possibilities”.
– Carl Jung
La tercera regla básica es que tu filosofía de vida y tus hábitos de comportamiento afectan a tu nivel estructural de felicidad percibida.
En otras palabras, afectan al lugar en el que se sitúa tu “media” de felicidad, aunque te sigas deslizando por encima o por debajo de esa media, inevitablemente, en función de los acontecimientos de la realidad externa que impactan en tu vida.

Reducido a su máxima esencia, el principio es el siguiente: Tienes capacidad de elegir cuáles son los valores que te inspiran. Asimismo, tienes “cierta” capacidad de elegir hábitos y prácticas que provocan que esos valores se manifiesten en tu vida (= “remar” para expandir tu círculo de influencia). Y si atinas al hacer ambas cosas, lo más probable es que tu felicidad percibida estructural se eleve para un mismo nivel de azar.
En el gráfico, eso significa pasar de la «curva 1» a la «curva 2» o a la «curva 3», obteniendo un nivel de felicidad percibida F2 o F3 respectivamente, superiores al nivel F1 (asociado a la «curva 1»). Dicho de otra manera, el azar sigue afectando a tu nivel de felicidad percibida, pero ahora operas a niveles estructuralmente más elevados de felicidad gracias a tu filosofía de vida y tus hábitos.
Vale Frank. Entonces… ¿qué debo hacer? ¿Cómo puedo conseguir elevar esa curva?
No tengo una respuesta universal. Depende de cada uno.
Lo que sí puedo darte, sin embargo, es un método que te ayude a descubrir cuál es una buena opción para ti.
La pirámide invertida.
Recuerdas a Maslow y su pirámide de necesidades, ¿verdad? Primero, las más básicas: Comida, vestido, cobijo. Y según vas satisfaciendo las necesidades más básicas, pasas a niveles más elevados de satisfacción: Seguridad, pertenencia, reconocimiento, realización.

Pues bien, eso no nos sirve.
No nos sirve porque en la práctica casi todo el mundo se queda en el tercer nivel o una versión distorsionada del cuarto nivel, y en ambos casos largamente insatisfechos con su vida en general.
Lo que suele ocurrir en nuestra cultura actual es que nos afanamos por encontrar un modo de pagar las facturas y tener un grupo de personas con el que relacionarnos habitualmente (que suele ser el que tenemos más a mano)… y cuando llegamos ahí, nuestra inquietud se apaga.
Nos acomodamos, bajamos la guardia, dejamos entrar a las distracciones y funcionamos en piloto automático. Los años pasan hasta que alcanzamos el momento en el que ya no tenemos capacidad alguna de cambiar nada. Miramos atrás y no vemos gran cosa que responda a quiénes somos realmente. La vida nos ha vivido, en lugar de nosotros a ella.
La versión distorsionada del cuarto nivel de la pirámide de Maslow es la obtención de reconocimiento por vías insanas: Estatus, apariencias, sacrificio de la autenticidad a cambio de la aceptación del grupo. Muchas de las pocas personas que alcanzan el éxito en lo profesional, o muchas de las personas que utilizan con frecuencia las redes sociales en lo social, caen en esa burda trampa de la necesidad insaciable de validación externa.
Para obtener claridad sobre cuál debe ser tu camino, has de invertir la pirámide.
La base de tu pirámide, tu faro de luz, debe ser lo que te inspira (autorrealización). El tipo de vida que quieres vivir y por qué. La foto vital que hace que te sientas orgulloso de haber vivido. Los valores que más conectan contigo y por qué esos son más importantes que otros.
Esto no es obvio. Necesitas tiempo para reflexionar. Necesitas silencio. Recuerda que hay una corriente invisible que te empuja hacia ciertos destinos, y un sinfín de cortinas de humo a tu alrededor que te dicen que esos destinos son lo mejor para ti.
En esta fase no estás buscando un camino concreto. Estás buscando claridad mental a un nivel macro. Estás buscando visión periférica. Estás buscando una brújula que te indique si algo que llega a tu vida (lo que sea) facilita el que vivas conforme a lo que más te importa o si por el contrario lo dificulta.
Una vez tengas cierta claridad mental sobre los valores que más conectan contigo (y sus caras opuestas), ya puedes empezar a concretar cómo quieres vivir. O lo que es lo mismo, descartar cómo no vivir.
Los super-objetivos
El siguiente paso es definir tus super-objetivos. Las grandes cosas que quieres “tener” en tu vida para concluir, sin atisbo de duda, que estás viviendo conforme a los valores que conforman la base de tu pirámide.
Y aquí ya tienes que concretar un poco.
En lo profesional, puedes decir algo así como: “Quiero ascender a un puesto alto en una gran empresa y cobrar un sueldo de más de X mil euros”
O también puedes decir algo así como: “Quiero tener autonomía y libertad a la hora de hacer mi trabajo, y poder hacerlo desde cualquier parte, aunque eso implique renunciar a compensación económica”.
O “quiero convertirme en un experto especializado en una disciplina muy concreta”.
O “quiero trabajar en el extranjero y probar diferentes empleos”.
Esos super-objetivos son diferentes. No hay uno mejor que otro. Simplemente responden a filosofías de vida (valores) distintos.

En las relaciones personales, puedes decir algo así como: “Quiero ser muy popular y tener muchos amigos. Respeto, admiración, elogio”
O también algo así como: “Quiero tener relaciones de amistad muy profundas, aunque no sean muchas. Conexión, autenticidad, confianza”
En la relación contigo mismo, puedes decir algo así como: “Quiero tener amplia disponibilidad de distracciones para no aburrirme”
O algo así como: “Quiero conocerme bien a mí mismo y crecer como persona”.
De nuevo, no hay una opción mejor que otra. La opción buena es la que conecta mejor con tu caso particular. Pero son super-objetivos muy distintos y perseguir uno u otro implicará, por definición, recurrir a estrategias muy distintas.
Los medios (estrategias)
Una vez que has definido tus super-objetivos, el siguiente nivel es identificar las vías de llegar a ellos. Verás que hay muchas formas diferentes de conseguir un super-objetivo, pero unas serán más sanas que otras, unas conectarán mejor con tu personalidad, valores y circunstancias que otras, unas tendrán mayores probabilidades de funcionar que otras, y unas entrarán más en conflicto con otros super-objetivos que otras. Deberás tener todo eso muy en cuenta a la hora de elegir el río por el que decides conducir tu lancha.
Por ejemplo, imagina que quieres conseguir una vida con mucho tiempo libre para poder dedicar atención a las cosas que te gustan (super-objetivo).
Una forma de hacerlo es estar un tiempo trabajando y destacando en un empleo bien pagado, ahorrar, invertir y construir un colchón financiero que te permita tener más tiempo libre en el futuro (trabajando menos horas, por ejemplo).
Otra forma de hacerlo es buscar trabajos con buen horario y renunciar a sueldos altos y comodidades materiales desde el principio.
Otra forma de hacerlo es hacerte extremadamente competente en una disciplina muy demandada, para tener más poder de negociación con los empleadores a la hora de marcar tus condiciones de horario.
Diferentes medios (estrategias) para conseguir el mismo super-objetivo. Cuál de ellas eliges es cosa tuya.
Los elementos de máximo impacto
En el siguiente nivel dejamos a un lado el aspecto estratégico de tu vida y nos centramos en el aspecto táctico: Los comportamientos que mayor impacto tienen a la hora de ejecutar las estrategias que has elegido para lograr tus super-objetivos.
El mayor impacto por unidad de esfuerzo.
Esa debe ser una métrica vital (un KPI) clave para ti.
El tiempo del que dispones en tu día a día es limitado. Tienes unas obligaciones y unas tareas de las que no puedes escapar tan fácilmente. Y a la hora de utilizar la parte de tiempo que te queda, estás rodeado de animales salvajes que lo reducirán a pedazos a la mínima oportunidad: Las tentaciones, los malos hábitos, las peticiones de otras personas, el cansancio, etcétera, etcétera. La corriente invisible de la que hablábamos antes.
Por eso el KPI de máximo impacto por unidad de esfuerzo (o tiempo) es tan importante.
Por ejemplo, digamos que quieres tener una relación más profunda con una serie de amigos.
La táctica “de la corriente”, la más habitual, es esperar a que surja alguna oportunidad para verlos y hacer acto de presencia.
Generalmente, esas oportunidades son breves, de “tomar algo”, donde algunos de ellos pueden venir y otros no, y en las que todos miran el reloj porque tienen cosas que hacer inmediatamente después.
Son contactos, sí. Quizá hasta sean contactos frecuentes. Pero no llenan. No se recuerdan. No conducen a que la calidad de la relación se expanda.
Considera ahora la alternativa.
- Eres consciente de que uno de tus grandes valores vitales es tener relaciones personales enriquecedoras.
- Te has fijado un super-objetivo de cultivar un grupo pequeño de relaciones profundas.
- Tu estrategia para conseguirlo es centrarte más en este grupo de amigos en concreto (A, B, C) y no tanto en otros.
- Te pones el sombrero de “máximo impacto por unidad de esfuerzo” y decides organizar un fin de semana en una casa rural con ellos. Coges el testigo y lideras la propuesta y la planificación de la gran mayoría de las cosas, aunque los demás hagan poco o nada.
Manifestación práctica del valor “amistad” en tu vida: Un tiempo de calidad, sin prisas, en ambiente diferente, que permite conversaciones más largas, brinda la oportunidad de compartir experiencias personales más íntimas, genera mayor conexión y produce recuerdos especiales.
Una táctica mucho más efectiva para alcanzar tu super-objetivo que 10 reuniones superficiales “de corriente”.

Lo mismo puedes hacer en la dimensión profesional, de relación de pareja, de salud física, mental y financiera, de autoconocimiento, de aprendizaje, etcétera, etcétera.
La secuencia es la siguiente: 1) Definir valor prioritario; 2) Definir un super-objetivo para manifestar ese valor en tu vida; 3) Elegir la estrategia para conseguir alcanzar el super-objetivo; 4) Identificar prácticas y hábitos de máximo impacto dentro de esa estrategia. 5) Evaluar, refinar y repetir.
Recuerda: Es un proceso. No vas a pasar de estar inmerso en la corriente de la distracción a ser un asceta ultra-disciplinado en un abrir y cerrar de ojos.
Ni falta que hace.
Lo único que necesitas es avanzar poco a poco, sin prisas, dentro de tus posibilidades, en la dirección correcta. Según lo vayas haciendo, tu curva de felicidad percibida se irá desplazando hacia arriba.
Y eso… ¿qué significa exactamente?
Que vivirás con mayor autenticidad.
Que tendrás presente un sistema de valores al tomar decisiones.
Que dedicarás energía vital a intentar que esos valores se manifiesten en tu vida.
Que ese empleo de energía vital te elevará con respecto a tu vida anterior, consigas o no consigas los resultados que anhelas.
Que sentirás que no estás desperdiciando el tiempo del que dispones.
En ese marco mental y espiritual, cuando el azar te golpee con el martillo de la adversidad, que lo hará, tu barco se hundirá un poco menos en las agitadas aguas que te envuelven. No por casualidad, sino porque tus decisiones habrán contribuido poco a poco a que el casco de ese barco sea más sólido y resistente.
De igual forma, cuando el azar sople en tus velas con el viento de la fortuna, que también lo hará, tu barco navegará un poco más rápido hacia su destino. No por casualidad, sino porque tus decisiones habrán contribuido poco a poco a que la línea de flotación de tu barco se alargue.
No podrás controlar las ocurrencias del azar. Pero sí podrás hacerte más consciente de su continua influencia, anticipar su eventual reversión a la media, y centrar tu atención en tu círculo de influencia – aquello que está bajo tu control – para elevar, a través de un ecosistema integrado de valores, objetivos, estrategias y prácticas, la base estructural de felicidad sobre la que el azar impacta en tu vida.
Mission accomplished.
Pura vida,
Frank.

