¿Qué tipo de Libertad Financiera debes elegir como objetivo? (Parte III)

En las dos primeras partes de este post empezamos a adentrarnos en las implicaciones prácticas de adoptar nuestra definición alternativa y rebelde de Libertad Financiera. Una definición más realista que la tradicional y ligada a un sentimiento de libertad y confianza sobre nuestra capacidad de sacar la espada de su funda y actuar. Sobre nuestra predisposición a llevar a cabo una acción positiva que transforme y eleve nuestra vida a un estadio superior de satisfacción.

Como recordarás, hicimos gran hincapié en la necesidad de desarrollar nuestra fortaleza emocional en paralelo a la dimensión puramente financiera para optimizar este proceso. ¿Por qué? Porque un estado emocional potente nos permitirá minimizar el tiempo que necesitamos para experimentar ese sentimiento de libertad y confianza. Y de esa forma, podremos actuar cuanto antes. Si no fortalecemos nuestro estado emocional, es muy posible que nos tiemblen las piernas ante ese tipo de movimientos y que la inseguridad sobre nuestra capacidad de superar dificultades nos inmovilice. Sin esa fortaleza emocional tendríamos el colchón financiero, pero no la fuerza interior para darle un significado vital a través de la acción positiva. Ambos son necesarios y en ambos debemos concentrarnos si queremos que todo este tinglado funcione y produzca resultados.

Y aun si fuéramos tan afortunados de no necesitar hacer nada nuevo para sentir que somos unos cracks en el escurridizo arte de vivir bien la vida, siempre podremos contar con ese superpoder de Libertad Financiera por si llega el momento de usarlo más adelante. La vida da muchas vueltas, la mayoría de ellas impredecibles. Y disponer de ese superpoder para usarlo cuando se nos antoje es algo que no tiene precio.

Para darle un poco de colorido a estas ideas, vamos a presentar el caso práctico de un atractivo y carismático individuo que se adentró con entusiasmo en estos sinuosos caminos, sin saber muy bien con qué se iba a encontrar y dónde demonios acabaría todo.

Este individuo no es otro que vuestro querido Frank Spartan.

El camino de Frank Spartan hacia la Libertad Financiera

Es pertinente mencionar que cuando comencé a explorar el concepto de Libertad Financiera, lo que tenía en la cabeza era una visión idealista de explorar otros caminos alternativos que me hicieran más feliz, cuando todavía tenía tiempo y energía para meterme en líos. Y posiblemente esta visión estaba, de algún modo, alimentada por una sensación de que el modo de vida que llevaba y el trabajo que hacía, aunque no fueran ni mucho menos una tortura medieval, no eran la mejor forma de irme de este mundo por la puerta grande y chocando palmas por lo cojonudamente bien que había vivido.

Sin embargo, a pesar de la intensidad de esa sensación, la visión era difusa. No tenía una idea clara de cuál era el camino que querría seguir cuando fuera financieramente libre. Lo único que tenía claro es que no era el camino en el que me encontraba. Y tomar conciencia de ello me llevó a explorar la idea de Libertad Financiera, como vía de eliminar barreras a mi capacidad de actuar cuando me llegara la divina clarividencia sobre qué narices quería hacer.

Muy pronto llegué a la conclusión de que debía alcanzar una cifra de colchón financiero concreta para conquistar la Libertad Financiera. Esa cifra estaba largamente basada en la definición tradicional – no necesitar trabajar nunca más por dinero – porque mi intuición me decía que era posible que estuviera un largo periodo dedicando mi tiempo a alguna actividad altruista que generara poco o ningún ingreso futuro, y quería estar absolutamente protegido de los riesgos financieros antes de abandonar el cómodo y apacible mundo de recibir un sueldo fijo todos los meses.

Hice mis cálculos y estimé, de la forma más precisa que pude, en qué momento alcanzaría la tierra prometida. Ese momento en el que, según los expertos de Libertad Financiera del ciberespacio y del mundo real, ya no necesitaría trabajar más por dinero. El momento en el que se abriría ante mí un oasis inagotable de felicidad y alcanzaría el Nirvana.

Armado con aquel objetivo y sin más dilación, me puse manos a la obra y avancé rápidamente.

Ahora bien, aquí debemos hacer un paréntesis que arroje algo de perspectiva a la historia de Frank Spartan y haga referencia a lo que comentamos en la primera parte de este post sobre esos 3 factores que son tan relevantes para alcanzar el objetivo de Libertad Financiera antes de vernos obligados a incorporar una dentadura postiza a nuestro pack de supervivencia:

  1. Un nivel mínimo de ingresos
  2. Tiempo suficiente por delante
  3. Aprender a ser feliz gastando menos

Y este paréntesis va a hacer también referencia a la idea que desarrollamos en la segunda parte de este post, sobre la importancia de fortalecer nuestra inteligencia emocional.

El paréntesis

Frank Spartan desarrolló una importante habilidad emocional a lo largo de los años a la que saco brillo a menudo y conservo como oro en paño: Me importa muy poco lo que piense la gente sobre mi forma de vida. Prefiero que nadie se sienta herido por las decisiones que tomo, pero la opinión de los demás sobre el tipo de vida que debería llevar, dónde debería vivir, en qué debería trabajar, cuántos metros cuadrados necesito para estar cómodo, qué debería comprar, a qué colegio deberían ir mis hijos, qué actividades de ocio debería cultivar, a qué tipo de restaurantes debería ir, qué coche debería conducir, qué tipo de regalos debería comprar, y cosas por el estilo, no me importa mucho más que si lloverá mañana en Groenlandia o no. Percibir desaprobación por contradecir esas opiniones no afecta a mi capacidad de generar autoestima. En su momento sí afectaba, pero hice un esfuerzo consciente durante años para diluir su influencia progresivamente, porque entendí a un nivel muy profundo que es una habilidad emocional que te proporciona un enorme poder para sentirte libre.

Puedo aguantar las críticas sin problema…hasta que no puedo

El desarrollo de esta habilidad me permitió hacer progresos muy rápido en el objetivo de Libertad Financiera que me había fijado. El contar con unos ingresos por encima de la media me ayudó, pero fue mi fortaleza emocional para adoptar una nueva forma de vivir sin sacrificar autoestima y, como consecuencia de ello, mi flexibilidad para recortar ciertos gastos, lo que me propulsó con fuerza hacia delante. Y también compensó con creces el efecto desfavorable del factor tiempo, que se hallaba ligeramente en mi contra por haberme dedicado a ver gilipolleces en la televisión durante bastantes años en vez de aprender sobre la descomunal importancia y las implicaciones prácticas de estas ideas en la totalidad de una vida.

Pero no hay por qué flagelarse. Más vale tarde que nunca.

El objetivo de este paréntesis es ilustrar que la velocidad a la que avanzas hacia la Libertad Financiera está muy ligada a esta habilidad emocional de generar autoestima con independencia de la opinión de los demás. Puedes ganar el dinero que quieras, pero si eres vulnerable a la opinión de otros y la forma en la que gastas ese dinero está muy influenciada por “el qué dirán”, es muy posible que avances hacia la Libertad Financiera con la velocidad de un limaco con reuma.

Cerramos paréntesis. Pasemos ahora la parte interesante de la historia.

El desenlace final

A medida que Frank Spartan avanzaba hacia ese objetivo inicial de colchón financiero que me había marcado, experimenté una transformación interior. Cada vez tenía más seguridad en mí mismo, más claridad de pensamiento, más capacidad de adaptación, mayor habilidad para perseguir mi propia definición de éxito y menor vulnerabilidad a las opiniones de los demás. Y a raíz de todo eso, me sentí financieramente libre mucho antes de llegar al número original que tenía en mente, porque el dinero no tenía ya ninguna influencia en mi proceso de decisión sobre qué camino tomar. Estaba seguro de que, aunque dejara mi empleo actual para elegir otro camino con mayor potencial de realización y menor retribución económica, podría gestionar con éxito las potenciales restricciones financieras futuras sin ceder satisfacción vital.

No había alcanzado aún la definición tradicional de Libertad Financiera, pero me sentía totalmente libre de restricciones financieras para decidir. Y eso era todo lo que necesitaba.

Había llegado a puerto. Ya tenía el superpoder que estaba buscando.

Aún no tenía claro qué otra cosa quería hacer, así que continué viviendo en la misma casa y haciendo el mismo trabajo. Sin embargo, amparado por esa fortaleza emocional que había desarrollado poco a poco, mi forma de actuar cambió.

Empecé a dedicar menos tiempo a las cosas que me interesaban menos y más tiempo a las que me interesaban más. Comencé a interactuar con los demás de forma diferente, prestando más atención y con un interés genuino en crear relaciones más sinceras y profundas. Y poco a poco fui desempeñando mi trabajo de forma más acorde a mi filosofía de vida, aunque ello chocara frontalmente con algunas de las convenciones del ecosistema laboral en el que me encontraba. No me importaba – y esto no es una exageración en absoluto – que me despidieran, porque ya me sentía libre y con total seguridad sobre mi capacidad para encontrar otro camino y aprender a ser feliz sin aquel trabajo.

Y, sorpresa, sorpresa, no sólo no me hicieron un consejo de guerra por insubordinación, sino que me fue bastante bien.

¿Cómo es posible?

Muy sencillo. Porque, a pesar de dedicar menos tiempo al trabajo y rechazar con presteza muchas peticiones sobre proyectos o tareas que no me interesaban demasiado, llevaba a cabo mi trabajo con actitud positiva, relacionándome con los demás con empatía y concentrando mi energía como nunca antes en conseguir los objetivos de mi equipo, aunque lo hiciera de formas, digamos, poco convencionales. La verdad es que, a pesar de que muchos compañeros de trabajo percibían, con cierta perplejidad, que a veces actuaba como James Dean en Rebelde Sin Causa, hacía un buen trabajo. Y me importaba que mis compañeros, tanto jefes como subordinados, se encontraran a gusto trabajando a mi lado.

En ese momento descubrí el gran beneficio, el tesoro escondido, de ese superpoder de Libertad Financiera: Trabajar se convierte en algo cojonudo cuando sientes que no necesitas el trabajo, ni el reconocimiento social, ni el dinero. Cuando trabajas, simple y llanamente, porque te da la real gana hacerlo. Porque te gusta lo que haces, la relación con los demás y todo lo que contribuyes a crear haciendo ese trabajo.

Cuando estás en esa situación y haces lo que haces porque quieres, no porque lo necesitas, lo mejor de ti emerge. Construyes tu propia realidad, pero sin dejar de ser sensible a la foto más amplia en la que te encuentras y sin dejar de integrar los objetivos del conjunto de personas con las que trabajas. Pasas olímpicamente de las gilipolleces del ecosistema laboral con la elegancia del Gran Gatsby y aprendes a disfrutar de las cosas buenas. Eso es una gran sensación: La sensación de que lo que haces y cómo lo haces tiene sentido para ti, para la persona que eres realmente, por mucho que la maquinaria del sistema te empuje a que hagas otras cosas, o a que las hagas de otra forma. Y esa sensación de equilibrio y significado en la dimensión laboral se acaba filtrando misteriosamente a otras parcelas de tu vida, porque tu actitud es diferente. Y cuando tu actitud es diferente, el mundo a tu alrededor se transforma como por arte de magia.

Lo gracioso del asunto es que, al cabo de varios años de empezar a actuar de este modo, Frank Spartan acabó llegando sin proponérselo a su cifra objetivo original de colchón financiero. Pero eso, aunque fuera bienvenido, no me dio sensación adicional alguna de libertad. Y eso apoya mi creencia de que la definición tradicional de Libertad Financiera es, en la mayoría de los casos, demasiado ambiciosa. Hay otras formas más sencillas y rápidas de llegar a puerto y de conseguir todos los beneficios relevantes de sentirte libre de restricciones financieras. Y de eso precisamente va este Workshop.

Conclusiones

Ésta es mi definición de Libertad Financiera. No un número arbitrario, sino un sentimiento amparado por un estado emocional sólido y equilibrado. Un sentimiento que actúa como catalizador para que transformes la realidad externa mediante tu transformación interior, de forma que esa realidad se ajuste mejor a tus necesidades y deseos. Un sentimiento que te otorga el superpoder de hacer mucho más de aquello que realmente quieres y como realmente quieres dentro de tu ecosistema actual, o de explorar nuevos ecosistemas que te realicen más. Y evitando que el miedo a que todo lo que hay a tu alrededor se desmorone como un castillo de naipes te inmovilice.

Así que tranquilidad y buenos alimentos, marinero. Con paciencia y perseverancia llegaremos a puerto.

Pura vida,

Frank.

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