El doble filo de aceptarse a uno mismo

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Sé amable contigo mismo. Quiérete. Acéptate tal como eres.

En las últimas décadas hemos escuchado muchas veces este tipo de recomendaciones. Y es que hay un gran número de personas en nuestra sociedad que se ven a sí mismas como inadecuadas, como insuficientes, como fracasadas. Y este mensaje de énfasis en la autoaceptación y la autoestima ha calado mucho en ellas.

Frank Spartan no está en desacuerdo con esto. Aceptarse a uno mismo es fundamental para el equilibrio emocional. Sin eso, las sombras devorarán lentamente nuestra luz hasta que nos quedemos a oscuras. O, dicho de forma más gráfica, nos acabaremos yendo al carajo.

Sin embargo, se podría considerar que esta idea entra en conflicto con uno de los mantras de Frank Spartan: Que crecer y mejorar constantemente sea la forma más efectiva de que la auténtica felicidad haga acto de presencia en nuestras vidas.

De hecho, ha habido algunas personas muy perceptivas que han leído mis artículos y me han hecho la siguiente pregunta:

Vale, Frank. Dices que tenemos que crecer y mejorar. ¿Pero no es eso lo mismo que decir que no somos suficientemente buenos en nuestro estado actual, lo cual parece peligroso? Ese objetivo de crecer… ¿no es un poco inconsistente con aceptarse a uno mismo tal y como es? ¿Cómo concilio esas dos ideas?

Ésta es una pregunta interesante. Tan interesante que merece un post como respuesta.

Let’s rock.

El significado de “aceptarse a uno mismo” que no ayuda

Existe una interpretación de lo que significa aceptarse a uno mismo que se manifiesta en una actitud muy extendida en nuestra sociedad. Permíteme que lo ilustre con un ejemplo sencillo.

Bar de la zona. Tres personas hablando de su día a día.

Una de estas personas – llamémosle Jon para conservar su anonimato – relata su dinámica habitual cuando se levanta de la cama. Según su historia, Jon no es una persona de mañanas y está de mal humor hasta que se toma el café al lado de su oficina. Antes de salir por la puerta de su casa, prefiere que no le hablen demasiado. Su pareja y sus hijos han aprendido que no es su mejor momento y le dejan su espacio. Se larga casi sin decir adiós y por la tarde, cuando vuelve a casa, está de mejor humor y es mucho más sociable.

Cada uno es como es – dijo, poniendo fin a su historia.

Una de las personas que estaba allí sentenció: Claro.

Y la otra persona no dijo nada, pero pensó: En este caso, un poco capullo.

Éste no es un ejemplo inventado. Sucedió hace escasamente dos semanas y Frank Spartan estaba allí. No conocía demasiado a la persona que relató aquella historia y guardé silencio, lo que no evitó que el pensamiento de estrellarle la cabeza contra la barra repetidas veces se paseara durante unos placenteros segundos por mi cabeza.

Pero luego pensé: Simplemente está un poco confundido.

Y es normal, porque la suya es la interpretación más habitual de “aceptarse a uno mismo”. Esta interpretación tiene una base muy clara: Yo soy como soy y ya está. Y, una vez que eso esté claro, después hablamos.

Las personas con esta actitud asumen que su personalidad y su capacidad de relacionarse con el mundo son algo inmutable y no pueden hacer nada para cambiarlas. Es el resto del mundo el que debe adaptarse a ellos. Y si no lo hace, encuentran todo tipo de razones para cabrearse y mandar a los que consideran culpables de sus miserias a tomar por el culo.

La trampa que esta mentalidad esconde es que la vemos como un símbolo de nuestra identidad y nuestra libertad de expresión: Yo soy así y el mundo va a saberlo. Pero eso es un espejismo. Es una forma de ver las cosas que es muy poco útil para ti, porque te perjudica mucho más que lo que te ayuda.

Cuando vas por la vida pensando que tu personalidad, tus habilidades y tus defectos son una verdad inmutable y para que las cosas funcionen el mundo exterior debe adaptarse a ellos, lo más habitual es que te lleves un montón de chascos y decepciones. Y cuando eso suceda percibirás que el mundo está en tu contra.

Lo interesante del asunto es que acabarás teniendo razón, porque el mundo tiene esa curiosa manía de ajustarse a nuestra percepción de las cosas. Si crees que el mundo está en tu contra, tu vida se acaba convirtiendo en una especie de batalla entre un yo orgulloso e inflexible, que posee la verdad absoluta sobre sí mismo, y todo lo demás.

Si acabas encontrando un sitio que se ajusta a ti como tú deseas, puede que te sientas bien por un tiempo. Pero ésa no es una situación sostenible, porque tu capacidad de adaptarte y permanecer feliz cuando las cosas cambien será muy limitada. Y todo, absolutamente todo, acaba cambiando. Tú debes cambiar y evolucionar también para mantenerte satisfecho y en equilibrio.

Si tomas el camino de la inflexibilidad y la actitud estática sobre ti mismo, resulta muy difícil estar a gusto y que los demás estén a gusto contigo, como muy bien sabrá la familia de Jon cuando éste se levanta odiando al mundo por las mañanas.

El significado más útil de “aceptarse a uno mismo”

A pesar de la importancia de ser flexible para relacionarte mejor con el mundo, no conviene llevarlo demasiado lejos. Adaptarse ayuda, sí, pero sin que ello nos lleve a anular nuestra personalidad, nuestros valores y nuestra filosofía de vida. Hemos de aprender a conectar con nuestra sensación de valía, con esa voz que nos dice que tenemos mucho que ofrecer a pesar de nuestras muchas limitaciones, y construir desde ahí.

Quizá todavía no sepas hacer integrales triples o no cuentes con las capacidades que te permiten liderar una empresa hacia el éxito. Quizá seas tímido o te falte confianza. Quizá no te comuniques bien. Quizá no te relaciones bien con la gente. Pero, tengas las imperfecciones que tengas, seguro que también tienes un montón de virtudes. Y la forma de reconectar con ellas es rememorar aquellos momentos en los que te sentiste especialmente bien haciendo algo.

La barrera que te impide cambiar esa creencia de que no eres suficientemente bueno o buena es la comparación con los demás. Esa comparación es inevitable, pero debes desconfiar de lo que los demás proyectan hacia el exterior. Muchas de las personas que proyectan seguridad y la impresión de que tienen todo bajo control están cagadas de miedo y no tienen ni puñetera idea. Lo sé de primera mano, porque he tratado con mucha gente así durante muchos años. Y cuando observas un poco, la verdad se acaba manifestando.

Muy a menudo, las cosas no son lo que parecen. Así que no saques conclusiones sobre tu valía en relación a los demás tan alegremente, porque probablemente te equivocarás. Y lo más importante de todo: No es útil para ti, porque te pone en una posición mental de debilidad con respecto a la opinión que tienes sobre ti mismo y sobre tu potencial.

La relación con nosotros mismos es nuestro núcleo, la base desde la que desarrollamos nuestra relación con el mundo. Y debe ser una base sólida y sana para que todo lo demás tenga visos de funcionar bien. Aceptarse y valorarse a uno mismo es, sin duda, absolutamente clave en todas las etapas del camino que recorres en tu vida.

Pero… una vez llegamos a aceptarnos y a valorarnos lo suficiente, ¿qué? ¿Nos damos una palmadita en la espalda, nos decimos a nosotros mismos que somos cojonudos y seguimos caminando por la vida como si nada? ¿Cualquier camino es bueno, cualquier decisión es válida, siempre que funcionemos con esa mentalidad de autoaceptación?

De eso nada, colega. Porque ahí empiezas a morir lentamente, por mucho que te quieras a ti mismo.

Puedes hacerlo mejor.

Aceptarte a ti mismo, a pesar de ser la base de la que todo lo bueno emerge, no es suficiente. Eso sólo te permite iniciar el camino con equilibrio. Pero, dependiendo de lo que decidas después, será un equilibrio que te lleve hacia la desidia y el estancamiento, o un equilibrio que te lleve hacia la pasión y el crecimiento. La forma más efectiva de conseguir lo segundo es perseguir un objetivo que merezca la pena para ti y que el proceso de perseguirlo te permita crecer y evolucionar.  

El punto clave que reconcilia crecimiento y aceptación

Cuando vayas adoptando esa mentalidad de crecimiento, empezarás a involucrarte en cosas nuevas o en formas diferentes de hacer las mismas cosas. Empezarás a frecuentar personas nuevas y a perseguir nuevos objetivos. Y cuando empieces a hacer todo eso, recibirás alguna que otra bofetada. Es lo que tiene el camino difícil. A veces las cosas no salen como nos gustaría porque estás operando desde fuera de tu zona de confort.

Tendremos días malos. Días en los que nos parece que no estamos avanzando y que no vamos a llegar a ninguna parte. Días en los que nada funciona, en los que todo parece oscuro y en los que nada tiene demasiado sentido. Días en los que queremos tirar la toalla y volver al camino seguro y predecible.

En este tipo de situaciones, somos vulnerables. Nos sentimos débiles. Necesitamos agarrarnos a algo para salir de ese pozo y seguir adelante. Y en estos momentos, hay dos cosas que resultan más efectivas que ninguna otra:

  1. La pasión que despierta en nosotros el objetivo que perseguimos. O su otra cara, el dolor que supone abandonar ese objetivo y volver a la insatisfacción de la situación anterior. Ambos tienen un gran poder de motivación, dependiendo de las circunstancias.
  2. Lo amables que somos con nosotros mismos.

Es aquí, en ese preciso momento de dolor, duda y nihilismo, en el que nada parece tener sentido, donde ser amables con nosotros mismos adquiere su máximo valor, su máxima relevancia. Donde celebrar nuestros pequeños logros y perdonar nuestros muchos errores es tan importante. Porque es esa amabilidad con nosotros mismos la que nos mantiene a flote y nos anima a seguir adelante, poco a poco, a pesar de esa sensación de que estamos perdiendo.

La amabilidad de la que habla Frank Spartan está basada en la aceptación de que somos humanos y no somos perfectos. Está basada en la creencia de que es normal equivocarse y de que el éxito requiere paciencia y perseverancia. Está basada en el principio de que, aunque haya muchos otros que lo hagan mejor que nosotros, lo que de verdad importa es que nos vayamos acercando, a nuestro ritmo, a ese objetivo que hemos elegido y que vayamos trascendiendo a esa persona que éramos ayer para convertirnos, poco a poco, en alguien mejor.

Esa amabilidad no es una farsa. No es un truco psicológico. Es una amabilidad legítima, una amabilidad que nos merecemos, porque estamos siendo valientes. Estamos eligiendo el camino del crecimiento a pesar de las dificultades, de la incomodidad, del dolor. Y por eso, es una amabilidad que nos hemos ganado con creces.

Y así, mis queridos amigos y amigas, es como reconciliamos el aceptarnos a nosotros mismos y la mentalidad de crecimiento.

Pura vida,

Frank.

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1 comentario en “El doble filo de aceptarse a uno mismo”

  1. Gracias por este nuevo post. Me ha gustado mucho, especialmente la parte que habla de la relación de nosotros mismos como nuestro núcleo. Y es que con demasiada frecuencia no prestamos a esa relación la atención ni el cuidado que se merece, siendo un aspecto fundamental para poder crecer como personas y relacionarnos mejor con nuestro entorno. Me ha recordado un poco a aquella frase de Paul Newman «You only grow when you are alone». Esperando con ganas tu siguiente artículo. Gracias de nuevo.

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